27 de abril de 2014

Ya tenemos final a cuatro

Sip.

Y el equipo anfitrión se queda a las puertas tras desperdiciar la ventaja de campo frente a uno de los peores equipos presentados por el Maccabi en los últimos años.

Tenemos también al CSKA, que necesitó hasta el quinto partido para deshacerse de un pobre Panathinaikos al que destrozó por treinta puntos en el partido decisivo.

Y el Barcelona, que abusó del Galatasaray desde el mismo momento en que se lesionó Carlos Arroyo en el primer partido y no dio opción siquiera a perder un encuentro.

Y también el Madrid, al que después de las exhibiciones en los dos primeros partidos le vino muy mal el infierno del Pabellón de las Dos Mentiras (o Pabellón de la Paz y la Amistad, para otros) y que resolvió con solvencia el quinto partido de vuelta en casa.

Barcelona y Madrid se medirán en una de las semifinales. El corazón da como favorito a los blancos, pero el nivel claramente ascendente de los blaugrana, así como un cierto estancamiento en los de la capital, hace que el pronóstico no sea tan claro como hubiera sido hace apenas un par de meses. La diferente forma de solventar las eliminatorias de cada uno, no hacen sino confirmar estas sensaciones.

Por el otro lado del cuadro, otro clásico: CSKA - Panathinaikos. O lo que es lo mismo, el mismo dios Messina que estuvo a punto de hundir al Madrid, frente a un debutante como Alverrtis. En principio no debe haber color y el CSKA es favorito claro. 

EDICIÓN: El párrafo anterior es una cagada monumental. Lo escribí sin saber lo que estaba haciendo, pues el Panathinaikos ni siquiera se ha clasificado, como todos ya sabréis. La segunda semifinal sí es un clásico, pero un CSKA - Maccabbi. El dios Messina que estuvo a punto de hundir al Madrid con el semidiós David Blatt que hizo campeona de Europa y medallista olímpica a una selección sin fondo de armario como Rusia. Ya he dicho que el Maccabbi presenta el peor equipo de los últimos años, así que el CSKA debe ganar con solvencia. 

Gracias, Antonio, por haberte dado cuenta del resbalón.

Para la final, ya veremos. Es probable que, desde el punto de vista de traerse el título a España, fuera preferible que la final la jugara el Barcelona, pero... el sentimiento es el que es.

La crucifixión de Vasileios



17 de abril de 2014

Si hubiera justicia en el mundo...

... los Suns se habrían clasificado  para los play-offs.

Al calor de un sorteo universitario que se presupone calentito y repletito de talento, comenzaron los murmullos sobre el tanking (ya sabéis, el dejarse llevar para obtener una mejor posición en el sorteo y con ella más posibilidades de amarrar una buena elección). En las quinielas, siempre los mismos nombres: Bucks, Sixers, Magic, Celtics (sí, también sonaron los Orgullosos Verdes)... y Suns.

Todos, uno a uno, fueron desinflándose después de unos inicios más o menos prometedores (por ejemplo, los Celtics llegaron a ser primeros en su división, luego llegaron a tener un record decente de 12-14, para cerrar con un aterrador 13-43 hasta el final de temporada).

Ay, ese triple


Todos menos los Suns, que fueron ganando, ganando y ganando partidos, manteniéndose en la zona templada del Salvaje Oeste, con un grupo de retales dirigidos por un europeo que apenas ha demostrado mucho de la gran clase que se le presupone (Goran Dragic). Con un jugador de baja talla (Eric Bledsoe), con unos gemelos que tampoco han hecho nada del otro mundo (los gemelos Morris) y con otro jugador que ha ido dando tumbos y del que únicamente se conoce su tremenda capacidad de salto (Gerald Green). Esos, y otros más, dirigidos por un entrenador debutante (Jeff Hornacek, el virginiano, que decía Andrés Montes). 

Orgulloso del trabajo bien hecho


Han perdido la octava plaza en el último suspiro, en un duro partido frente a Memphis jugado en casa. Un triple desde la esquina de Dragic que acaba en airball... y a hacer las maletas. Su record final, 48-34, les habría valido para ser terceros en el Este. 

Una pena, la verdad.

En cuanto a los pronósticos de este año, allá van. A ver cuántos acierto:

Indiana 4 - Atlanta 2
Atlanta no está fino, pero tampoco Indiana. Es el momento de sorprender.
Miami 4 - Charlotte 0
Bastante con llegar han hecho los Bobcats.
Toronto 3 - Brooklyn 4
Para esto han fichado superveteranos los Nets
Chicago 4 - Wizards 2
Los Bulls llegan entonados, son más equipo y tienen a Thiboudeau en el banquillo
San Antonio 4 - Dallas 1
Nowitzki y Calderón no podrán ir más allá. 
Oklahoma 4 - Memphis 3
Cuidadín para los de Durant. El juego interior de Memphis es demasiado para ellos. 
Clippers 4 - Golden State 2
Los Angeles es mejor equipo. Pero la hora de los Warriors llegará antes o después
Houston 4 - Portland 2
Los Blazers se han ido desinflando, pero tienen sus opciones.

6 de abril de 2014

Una vida con la Selección - Eurobasket ´91

El Eurobasket de Roma de 1991 aglutina unas cuantas historias. La más importante si cabe, la última participación de una Yugoslavia unida y el preludio de lo que vendría después, con ese rosario de selecciones eslavas, balcánicas y bálticas que vino a trastocar el hasta entonces estable mosaico del baloncesto en el Viejo Continente.

Aquél fue un Eurobasket de saldo. Con una selección favorita, a priori a años luz del resto, las demás potencias (Italia, Grecia, ¿España?) únicamente aspiraban a la plata. 

Ocho selecciones divididas en dos grupos. El primero encuadraba a los balcánicos con españoles, búlgaros y polacos. El segundo, a italianos (favoritos por aquello de ser anfritriones), griegos, franceses y checoslovacos. Ni rastro de los soviéticos, no preguntéis por qué porque no me acuerdo.

El formato de competición daba el pase directo a semifinales a los dos primeros de cada grupo. 

Los italianos hicieron valer su categoría de anfitriones, quedando primeros de grupo con un inmaculado 3-0, a pesar de que sus victorias fueron muy trabajadas. El resto de selecciones quedaron empatadas a una victoria y dos derrotas, 1-1 en el balance entre ellas. El basket average dio la segunda plaza a Francia en detrimento de una mediocre Grecia en la que el soberbio Gallis no fue suficiente. Checoslovaquia cumplió, con un 123-113 frente a Grecia, pero el -24 con Francia fue la causa de su eliminación.

En el grupo de España, también Yugoslavia cumplió con creces (+9 a los nuestros, +42 a Polonia, +21 a Bulgaria). La segunda plaza, que debería haber sido nuestra con gran facilidad, tuvo que ser ganada con sangre, sudor y lágrimas. Una victoria por un punto (94-93) en la segunda jornada ante Bulgaria (viniendo desde atrás, -9 al descanso) y otra no menos trabajada ante Polonia (73-67, -4 al descanso) sirvió para quedar segundos de grupo. 

La primera semifinal tampoco tuvo historia (+21 para los plavi). En la segunda, los españoles hicieron un partido muy serio, llevando la iniciativa durante casi todo el partido. Pero Italia era la anfitriona y eso pesó mucho en el criterio arbitral. Al final, derrota por tres puntos (90-93), con Epi (25), Villacampa (22) y Antonio Martín (20) como puntales. Enfrente Gentile (23), Magnifico (17), Riva (13) y Pittis (11). 

Así que tres partidos desastrosos y uno más que decente daban a España la oportunidad de luchar por medalla 8 años después de Nantes. El rival, Francia. El resultado (101-83), con los gabachos desarbolados durante todo el partido con Ostrowsky (19), Dacoury (14) y un joven Rigodón (11). Por los nuestros, Antonio Martín, un valladar todo el torneo (26), escoltado por Villacampa (25) y Orenga (16) fueron más que suficientes.

Retirado a los 29. No he sido capaz de encontrar una buena foto vestido de corto

La final del campeonato se enturbió con la declaración unilateral de independencia de la República de Eslovenia, que anticipaba problemas en el país. A Jure Zdvoc se le hizo saber que, de participar en el partido, se le consideraría un traidor a su país. El jugador renunció, en una decisión prudente por su parte. 

El partido en sí, no tuvo demasiada trascendencia, dada la inmensa superioridad plavi (+15 al final). Kukoc (20), Radja (23) y Perasovic (12) indicaban que sería Croacia quien marcaría la pauta en el basket europeo a partir de entonces.

Dino Radja, un crack

El equipo había formado con nombres de gigantes de este deporte: Kukoc, Radja, Perasovic, Divac, Zdvoc, Danilovic, Djordjevic, Paspalj, Jovanovic, Komazec o Sretenovic.

Italia aunaba clásicos con una pujante nueva generación: Riva, Magnifico, Brunamonti, Gentile, Premier, Costa, Pessina, Rusconi, Pitis o Dell Agnello.

España, un poco lo mismo: Epi, Villacampa, Antonio Martín, Orenga, Jofresa, Cargol, Andreu, Antúnez, Bosch y Arcega. Como venía siendo habitual, unas cuantas elecciones folclóricas de Díaz-Miguel daban un poco de salsa informativa a la lista: Bustos, Hansen.

En el quinteto inicial, con Gallis, Gentile, Kukoc y Divac, estaba un solidísimo Antonio Martín (21,4 puntos y 12,8 rebotes de media), que prometía ser el nuevo líder de la Selección.