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2 de julio de 2024

El leprechaun vuelve a sonreír

Han pasado seis meses de 2024 y todavía hoy estoy escribiendo la primera entrada del año, como si fuera un colofón a la última entrada de 2023 que utilicé de terapia para ir asumiendo mi progresiva desconexión de este deporte que tanto me gusta. 

Lo hago para celebrar que los Boston Celtics han conseguido, por fin, subir el banderín 18 al techo del TD Garden y vuelven a ser la franquicia con más anillos de la historia de la NBA. 

Han sido unos años duros. Más que años, décadas. Desde el anillo de 1986, solo se han conseguido el de 2008 y el de 2024 y se han jugado las finales de 1987, 2010 y 2022. Magro botín para una franquicia que se ha caracterizado siempre por su afán ganador. 

El fogonazo de 2008, el primero de Pierce, Garnett y Allen, no se reprodujo por diferentes motivos (lesión de Garnett en 2009, resistencia de los Lakers de 2010 y el progresivo envejecimiento de la base de aquel equipo). 

 


 

Doc Rivers dejó el equipo y Brad Stevens le sustituyó. Junto con Danny Ainge y la inestimable colaboración de los Brooklyn Nets en uno de los mayores robos de traspaso de la historia del baloncesto, se consiguió ir reconstruyendo el equipo y convirtiéndolo en un aspirante perenne en el Este, pero también por distintos motivos, no se conseguía dar el último paso.

Atras quedan varios intentos y jugadores que fueron apartándose: Isaiah Thomas, Kyrie Irving, Gordon Hayward, Kemba Walker... Estrellas que no fueron capaces de traer el anillo a casa. 

En 2022 lo tuvimos en la mano ante unos Warriors crepusculares que tuvieron la suerte (y a un eterno Curry) de cara. Ventaja de 2-1 en la eliminatoria y una ventaja sólida en el tercer cuarto del cuarto partido, todo saltó por los aires con un partido para la leyenda del jugador número 30 de la Bahía. Comenzaron las dudas sobre Tatum y Brown, reforzadas con la sorprendente eliminación en las Finales del Este de 2023 frente a los Heat, convertidos en nuestra némesis, a pesar de estar a punto de ser la primera franquicia en remontar un 0-3 en 155 intentos. 

El verano pasado se traspasó a buena parte de la columna vertebral del equipo: Marcus Smart, Malcolm Brogdon (Sexto Hombre de la teporada 22/23) y Robert Williams. Aterrizaron Jrue Holiday y Kristaps Porzingis. Un campeón de treinta y tantos años y unos playoffs 2023 para el olvido y un pechofrío letón con tendencia a las lesiones que pudo haberse convertido en un unicornio generacional y parecía que se quedaba en tierra de nadie. 

La profundidad del equipo adelgazaba hasta el extremo. Volvían los tiempos del mago Auerbach, cuando decía que con un cinco titular de élite y un sexto hombre de garantías se ganaban campeonatos. Y, fíjate, que así ha sido. 

Hollyday - White (grandísimo jugador) - Brown (reivindicado) - Tatum - Porzingis y añadimos a Horford. Con ellos a muerte, un puñado de morralla para quitarles minutos en la temporada (Pritchard, Hauser, Kornet y luego un poco Tillmann) y tirar triples como si no hubiera mañana para un 64-18 histórico en un Este que está para el desguace y mirando de reojo al salvaje Oeste con Timberwolves, Nuggets y OKC a la cabeza. 

 

El leprechaun vuelve a sonreír

 

Cualquiera de los tres daban escalofríos. A saber si nos iba a dar el equipo para derrotar al que saliera de ellos con destino a las Finales. Y, para acabar de poner a prueba el corazón de los aficionados, Porzingis se lesionaba en el G3 de la primera ronda ante Heat después de una temporada razonablemente sano. 

No volvería a jugar hasta el G1 de las Finales, pero tampoco hizo falta en unos playoffs que acabaron siendo un paseo (4-1 a Heat, 4-1 a Cavaliers, 4-0 a Indiana) para plantarse en la segunda final en tres años. 

Enfrente, Mavericks. Sorprendentes, eliminando a tres equipos de más de 50 victorias con el factor cancha en contra y con Doncic mal físicamente otra vez (este chico tiene que replantearse algo en su carrera si quiere llegar a ser lo que puede ser). 

No se podía fallar y no se falló, a pesar de la lesión de KP en el G2 y las dudas tras la apabullante derrota en el G4. Porque los Celtics, a pesar de todo lo sucedido este año y los anteriores, no se han podido quitar de encima la etiqueta de frágiles y la sombra de la debacle sobrevoló las cabezas de todos, como en 2022. 

 

I am lightning a cigar

 

Tras las finales se ha renovado a Hauser, Kornet, White y Tatum. El bloque campeón estará unido varios años y, a pesar de que Porzingis probablemente no volverá hasta Navidad o principios de 2025 y que equipos del Este como Knicks y Sixers se están reforzando, habría que mirar el futuro con cierto optimismo, pero también con el alma aligerada por haber conseguido, por fin, el ansiado objetivo, la obsesión de la franquicia. 

Dicen que entre salarios y tasas de lujo, los Celtics costarán aprox. 400 millones de dólares en 2025. Los dueños acaban de poner la franquicia a la venta. Timing, que se dice.

17 de diciembre de 2023

Tiempo de Victoria (T1 y T2)

Impresionante. 

Esta es la palabra que mejor define a Tiempo de Victoria, la serie de HBO Max sobre el ascenso de los Lakers del showtime. A la calidad a la que ya nos tiene acostumbrados, hay que añadir la temática del baloncesto en general y la de la NBA de inicios de los 80 en particular, cuando la irrupcíón de dos novatos en la temporada 1979-80 plantó las bases del resurgir de una rivalidad histórica sobre la que se ha cimentado lo que es el inmenso negocio que es el baloncesto americano hoy. 

La primera temporada arranca con la compra de la franquicia de Los Ángeles Lakers por un advenedizo, el doctor Jerry Buss, al que el resto de los propietarios miraban por encima del hombro cuando llegó. Un personaje al que da vida de forma magistral John C. Reilly y que revolucionó la forma de hacer negocios en el baloncesto, a pesar de que para llegar a él tuviera que endeudarse hasta las cejas, pedir dinero a su madre y hacer una sociedad con su ex mujer. 

 


No sé hasta qué punto la serie es fiel en esto, pero lo que es indudable es que Buss fue, si no el primero, de los primeros propietarios en concebir el baloncesto como un negocio en sí mismo. Se dio cuenta de que el estadio solo estaba ocupado unas cincuenta noches al año, dependiendo de si el equipo llegaba a las eliminatorias por el título o no, y que el resto del año se le podía sacar rendimiento alquilándolo para conciertos o eventos multitudinarios. 

Se dio cuenta de que si el equipo ganaba, las oportunidades eran todavía mayores, así que se centró en crear una máquina de hacer baloncesto atractivo, combinándolo con el encanto de la soleada California. 

Si, además tienes la suerte de hacerte con el primer puesto del draft de 1979 y de tener la suficiente cabeza como para elegir a Magic Johnson (la serie muestra que Buss impuso su criterio frente al de sus asesores, entre ellos Jerry West, de seleccionar a Sidney Moncrieff), añades un potencial enorme a un equipo que ya contaba con figuras como Norm Nixon, Jamaal Wilkes y, sobre todo, Kareem Abdul - Jabbar, el mejor jugador sin discusión de la década de los setenta.

 

El Dr. Buss

El accidentado fichaje de Jack McKinney (asesinato de un amigo de Tarkanian en Las Vegas mediante) y su esperanzador comienzo, el accidente que casi le mata y la llegada accidental de Paul Westhead al cargo de entrenador y, sobre todo, de Pat Riley como entrenador ayudante. La brillante temporada regular, mirando siempre de reojo a los odiados Celtics de Larry Bird. La gran actuación en las eliminatorias y la victoria final por 4-2 ante los Sixers. Todo eso es la T1 de Tiempo de Victoria, que termina por todo lo alto. 

La T2 es todavía mejor.

Comenzando con la tremenda decepción de la derrota ante los Houston Rockets en las eliminatorias de 1981, con la sal derramada sobre la herida que supuso el título de los Celtics en las Finales de ese año, pasando por los problemas internos que tuvo el equipo en la temproada 81-82: problemas de química interna entre Magic y Nixon; el malestar de Kareem que le hizo pedir públicamente el traspaso, junto con la tragedia personal que supuso perder su casa y sus bienes en medio de un pavoroso incendio; la forma peculiar de gerencia de Buss, que pretendía (según la serie) llevar los negocios como una familia, lo que le llevó a firmar un contrato vitalicio a Magic (25 millones por 25 años) y las consiguientes tensiones con el resto de la plantillla. 

Pero, sobre todo, se muestra de forma convincente la progresiva pérdida de control de la plantilla por parte de Westhead, que ni siquiera el título de 1982 pudo solventar y que estalló con la humillante derrota en las Finales de 1983 ante los Sixers del Dr. J y de Moses Malone (la del famoso fo´, fo´, fo´).

Y llegan las Finales de 1984, el primer enfrentamiento directo entre Magic y Bird, la de la calefacción en el Garden, Kareem respirando oxígeno en el banquillo, la hostia de McHale a Rambis que embarró una serie que dominaban los Lakers... y el título de los arrogantes verdes. 

 

Quincy Isaiah y Solomon Hughes

 

La historia, no por ser conocida, deja de ser atractiva. Complementada además con la historia personal del Dr. Buss y de su hija, actualmente la propietaria mayoritaria del equipo, del propio Magic y Cookie y, en la segunda temporada, de Larry Bird (cómo dejó la universidad de Indiana, el suicidio de su padre y su reclutamiento, partidillo en vaqueros y zapatos incluido, por Indiana State a la que llevaría a la final universitaria del 79, su fichaje por los Celtics habiendo sido elegido un año antes, incluso ese guiño a la historia de su madre diciendo que Magic es su segundo jugador favorito por detrás de Laimbeer, al que su hijo odiaba...)

Lo que me llama más la atención de Tiempo de Victoria es el genial trabajo de selección de actores y de caracterización, porque estás viendo a las personas reales. Ya he comentado lo de John C. Reilly, pero es que el desconocido (para mí) Quincy Isiah es Magic (mide 1,91 según Imdb). Otro desconocido Solomon Hughes (2,11 m) es Kareem (coronilla calva incluida). Otro más, Sean Patrick Small (1,93 m) es Larry Bird. Jason Segel es Paul Westhead. El renacido Adrian Brody es Pat Riley, masticando chicle como si no hubiera mañana... Todos se parecen, se mueven y tienen gestos clavados a los personajes que representan, hasta el actor que hace de lo más parecido a un villano que tiene la serie, Red Auerbach. Y eso es de un atractivo innegable para todos aquellos que vivimos aquellos tiempos dorados que, todavía hoy , consideramos el mejor baloncesto de la Historia.

De manera incomprensible, HBO decide terminar aquí y no renovar por una tercera temporada. Incomprensible porque no tiene sentido terminar una serie sobre la dinastía de los Lakers con una derrota, porque todavía quedan seis años de la década en la que fueron los dominadores hasta que llegaron los chicos malos de Detroit. 

 

La corbata de Pat

Supongo que los resultados de retorno de inversión no serán buenos y aquí no está nadie para perder dinero, lo que nos lleva a pensar en por qué, si ese fuera el caso, las audiencias no hacen gala a una serie que es muy buena desde todos los puntos de vista, aclamada tanto por la crítica como por el público. 

Tiempo de victoria no se escapó de la polémica. Ha habido acusaciones de falta de veracidad en las situaciones y también críticas de los supuestos protagonistas de los hechos. Si no recuerdo mal, el mismo Jerry West, al que se representa como una persona acomplejada, insegura y traumatizada por las continuas derrotas infligidas por los arrogantes verdes a sus Lakers de los sesenta y principios de los setenta, abrió una demanda por la forma en la que se le refleja. 

El resumen es que, a  pesar del corte brusco, Tiempo de victoria es una serie que hay que ver. En imdb cotiza hoy a un sólido 8,3 y eso son palabras mayores.

30 de julio de 2023

Garra

Es conocida la afición de Adam Sandler a nuestro deporte preferido y bastante habitual verle en pachangas en la calle o en pabellones, con un look particular y un estilo callejero que le asemeja con un Allen Iverson de DIA. 

Calidad de su juego y su estética aparte, tenemos que agradecerle que el baloncesto haya sido protagonista en NETFLIX y se estrenara Garra. Sandler hace de un ojeador de los Philadelphia 76ers en busca de talentos por todo el mundo. Asentado y respetado en su trabajo, el propietario le ha confirmado que le dará la oportunidad de sentarse en el banquillo en la próxima temporada, pero su fallecimiento repentino hace que la franquicia quede en manos de su hijo, más orientado a los beneficios y bastante lejos del sentimiento old school de respeto a la palabra dada y amor al deporte.

 


 

Asqueado, deja su puesto en el equipo y a modo de freelance continúa viajando hasta dar con un diamante sin pulir en una cancha callejera de ¡España!. Ahora mismo no recuerdo si se dice que se trata de Barcelona o Palma de Mallorca, pero la estética y la fauna que se ve alrededor de la cancha está más cerca de cualquier barrio latino de una ciudad cualquiera en los Estados Unidos (una muestra más de la ignorancia infantil a la que los estadounidenses nos tienen acostumbrados en cuanto a geografía global). 

En esa cancha de discutible etnicidad, el personaje de Sandler se encuentra con Bo Cruz, un muchacho tatuado hasta las cejas que juega por dinero en canchas de cemento y cuida de su hija y de su madre. La particularidad que hace Garra una película cercana es que Bo Cruz es el alter ego de Juancho Hernangómez.  

La película es una de tantas cintas de superación y sueño americano a las que nuestros amigos yanquis nos tienen acostumbrados y que suelen apelar a la fibra del espectador con historias más o menos lacrimógenas y con inevitable final feliz. Garra no se separa de este trazado ni una pulgada, hasta que el bueno de Stanley consigue que Bo Cruz sea drafteado por los Boston Celtics. 

Tampoco se olvida de que una buena historia necesita un villano. En este caso se trata de Kermit Wilts, un hablador de basura que humillará a Bo y le llevará al siguiente nivel de competitividad que tanto gusta al otro lado del charco. Kermit Wilts tiene la suerte de tener las habilidades baloncestísticas y las facciones de Anthony Edwards, estrella de los Wolves.

 

Quién sabe si Bo y Kermit se enfrentarán este año en el Mundobasket, defendiendo a sus selecciones. 

Además de ser una película entretenida y que se ve bien, uno de los atractivos de Garra es el largo listado de cameos relacionados con el mundo del baloncesto. Desde Scariolo y el equipo nacional al completo, pasando por el Dr. J, Maurice Cheeks, Brad Stevens, Moritz Wagner, Michael Porter Jr., Kyle Lowry, Mathisse Tybulle, Seth Curry, Nowitzki... y Boban Marjanovic que hace gala de su talento para la comedia. Os invito a entrar en la página de Garra en imdb y echar un vistazo a todos los jugadores que aparecen, algunos fugazmente. De hecho, ver la película se convierte casi en un juego de reconocer los que van saliendo. 

Con una duración inferior a dos horas, Garra entretiene. Además, según he podido leer, los diferentes entrenamientos que vemos en pantalla son bastante reales y utilizados por los profesionales de esto, así que aprenderemos un poquito. 

En imdb tiene una nota de 7,3, lo que completa el cuadro para que sea una cinta imprescindible para cualquier aficionado al deporte de la pelota naranja (o tricolor).

25 de junio de 2023

Pepitas de oro y un comodín

Pues ya ha terminado el curso baloncestístico 22/23 en la NBA con el título de los Denver Nuggets (4-1 a Miami) y el MVP de las Finales para Nikola Jokic. 

Ha sido una temporada sorprendente, no por el campeón, que se podía esperar y al que mucha gente le daba el subcampeonato en unas hipotéticas Finales contra Boston o Milwaukee. Y de ahí la sorpresa, porque los que se han plantado en la serie definitiva han sido los Miami Heat. 

Recordemos que Miami perdió el primer partido de play-in contra Atlanta. Y luego iban perdiendo el segundo contra Chicago. Sin embargo, ganaron. Y luego le metieron un 4-1 a Anteto y sus Bucks. Sobrevivieron al cemento de Thibodeau y sus Knicks. Y en las finales de la Conferencia Este amenazaron con hacer explotar el proyecto celta cuando se pusieron 3-0. Luego amenazaron con derrumbarse ellos cuando los Celtics remontaron hasta un 3-3 (solo la cuarta vez en 151 oportunidades) y todo parecía dispuesto para abrirles la puerta tras despachar a los de Florida en el séptimo partido en el Garden. Eso no pasó y Miami arrasó, dejando a los aficionados verdes (entre los que me incluyo), con caras de tonto. 

 

Quinteto de élite
 

Por primera vez desde los Knicks del 99, un seed 8 se plantaba en las Finales, tras haber derrotado a un primero, un cuarto y un segundo. Tremendo. 

En el otro lado, con casi diez días de descanso extra, un equipo que jugaba sus primeras Finales, con una plantilla que se antojaba corta, pero que contaba con un quinteto titular demoledor: Jamal Murray, finalmente recuperado de sus lesiones y que llevaba unas eliminatorias más que decentes; Kentavious Caldwell - Pope, que fue clave en el título de Lakers de la burbuja; Michael Porter Jr., para muchos un top 3 de su draft si no hubiera sido por sus problemas de espalda; Aaron Gordon, que había dejado Orlando para dar un plus a los de Denver...

... y por encima de todos Nikola Jokic. Dos veces consecutivas MVP de la temporada regular, se ha marcado una temporada de nivel todavía superior, a punto de convertirse en el primer interior en  promediar un triple doble durante todos los partidos del año. Debería haber sido MVP otra vez, pero seguramente hubo vértigo en los votantes por dárselo y ponerle a la altura de Larry Bird, el último en lograrlo entre 1984 y 1986. Así de injusta es la narrativa en ocasiones. 

Había dudas en ambos lados. Por los Heat, el cansancio y el estado del tobillo de Butler, además de la falta de Herro durante todos los playoffs (una baja que, en mi opinión, les ha beneficiado más que perjudicado; no creo que hubieran sido tan rocosos en defensa con el fino estilista en el quinteto). Por Denver, su inexperiencia, dudas sobre su carácter y una plantilla con solo seis o siete jugadores que quizá no fuera suficiente si los Heat conseguían alargar la serie y convertirla en una piscina de barro. 

 

Hay un nuevo sheriff en la ciudad

 

También había motivos para confiar. Los Heat habían eliminado a los dos máximos favoritos, no solo de su Conferencia sino de toda la liga; la sensación de que el seed 8 no era real y que en realidad su  plantilla era, como mínimo top 4; y la confianza en un líder brutal como Jimmy Butler. En Denver, tener a uno de los mejores jugadores de la Liga; la solvencia durante la temporada regular y las eliminatorias; la mucha menor carga de minutos de sus estrellas y la temporada de Jamal Murray, que descargaba a Jokic de responsabilidad en ataque. ç

Dos estados de ánimo eufóricos, pero solo uno saldría triunfante y sería Denver, 4-1 y para casa con el trabajo hecho en unas series más sencillas de lo que todos esperábamos. 

Me alegro por Denver, un equipo con el que simpatizo desde los tiempos de Dan Issel y David Thompson, justo cuando desembarcaron en la NBA procedentes de la alegre ABA. Luego vinieron los dulces años ochenta con el elegante Alex English y Fat Lever y las chaquetas de cuadros de Doug Moe como bandera de un baloncesto alegre en el que la premisa era anotar un punto más que el rival. Recuerdos de Mutombo en el suelo abrazando el balón después de eliminar a Seattle en uno de esos milagros del octavo clasificado. Y luego, las elecciones acertadas en el draft, sobre todo Jokic en el puesto 41 y Michael Porter Jr. en el 15 cuando había dudas de que pudiera volver a jugar. Dos apuestas arriesgadas que salieron bien. 

Denver se convierte en uno de los equipos que han sido alguna vez campeones de la NBA y lo han hecho en sus primeras Finales, siguiendo la estela de los San Antonio Spurs en unas Finales que tienen muchos paralelismos entre las dos: ambos equipos venían de la ABA, para los dos eran las primeras finales de Líga y se enfrentaban al octavo clasificado de la Conferencia Este. Hasta el resultado, 4-1, ha sido el mismo. 

 

¡Jugón!
 

Las próximas temporadas dirán si estamos ante una dinastía, entendiendo como tal aquellos equipos capaces de ganar varias veces en un período de cuatro o cinco años. Tengo dudas, porque en la Conferencia Oeste están habiendo movimientos interesantes que veremos cómo dejan el escalafón, pero también porque, sobre el papel, los equipos favoritos del Este tienen armas más que suficientes para ganar las Finales (aunque también habrá que ver cómo encajan los Celtics la baja de Smart y el ingreso de Porzingis, y cómo van a mejorar los Bucks su equipo, que se ha demostrado corto en los últimos dos años). Pero se han convertido en un ejemplo para esas franquicias que buscan construir desde el draft y que huyen del dispendio y de la unión de estrellas que, muchas más veces que las que pensamos, no aseguran el título.

Comienza también el debate de si Jokic es ya el mejor jugador europeo de siempre. Creo que está cerca, pero que todavía no se puede decir eso. Para mí, todavía Dirk Nowitzki está por encima, aunque por muy poquito. Y si ampliamos el marco para incluir baloncesto NBA y baloncesto FIBA, no solo Nowitkzki sino Pau Gasol y Toni Parker le pueden discutir algo. Es muy probable que en dos o tres años me tenga que comer mis palabras, no obstante, porque el tipo me cae bien. Es esa clase de jugador que tiene claro que la vida no gira alrededor del baloncesto y que, pase lo que pase hoy, mañana seguirá saliendo el sol. Un tipo que tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta y lo sabe, pero que no deja que la espiral le atrape. Un tipo con una personalidad diferente y fresca. A lo mejor Doncic tiene algo que aprender aquí.

Me gusta este campeón y le deseo que se mantengan competitivos en el Oeste. No puedo desearles más, porque sueño con que los Celtics cuelguen de una vez la 18ª bandera en el techo del Garden, por lo menos.

4 de junio de 2023

Quo vadis, Boston?

Otro cierre de temporada para los arrogantes verdes que supone una desilusión para sus aficionados. Pero, además, en esta ocasión es posible abrir unos interrogantes sobre el futuro inmediato de la franquicia, algunos de los cuales pueden resultar muy dolorosos. 

Después de haber estado el año pasado en las Finales, desperdiciando un 2-1 a favor y ventaja apreciable en el tercer cuarto del cuarto partido, la temporada 22-23 se abría con un optimismo moderado. Brad Stevens supo añadir a Danilo Gallinari y a Malcolm Brogdon para añadir un fondo de armario que se antojó demasiado corto el curso anterior y Robert Williams podría estar otra vez en unas condiciones físicas adecuadas tras pasar por el quirófano. 

La salida de Ime Udoka por supuesto acoso a una empleada de la franquicia fue un golpe inesperado. La elección lógica hubiera sido Will Hardy, pero pocos días antes había obtenido permiso para negociar con Utah y cerrado una merecida oportunidad como entrenador jefe en la franquicia mormona, así que el escalafón corrió un puesto más hasta Joe Mazzulla. Los Celtics, alabados por la rápida y fulminante gestión del incidente, se veían con un entrenador novato en una temporada de búsqueda de gloria. 

La temporada regular se saldó con momentos brillantísimos, sobre todo al inicio, llegando a un 21-5 que prometía grandes cosas. También hubo momentos de aviso, de desconexión del equipo y alguna racha con alguna derrota de más. Al final, 57-25 y el segundo puesto del Este y de la Liga, tras los Bucks. Bastante bien, sobre todo habiendo ganado el factor cancha a todos los rivales del Oeste. 

 

¿Pueden estos tres llegar al siguiente nivel?

Las eliminatorias fueron bastante peor. Desde el 4-2 a un equipo de Atlanta bastante limitado que debía haber sido barrido, al 4-3 a Philadelphia que necesitó ganar un sexto fuera de casa y un partido de más de cincuenta puntos de Tatum. Muchas dificultades, demasiadas derrotas en casa, pero una sensación de que estos Celtics iban al trán-trán y que iban a barrer a sus rivales en las eliminatorias finales. 

No fue así. De hecho, Miami Heat se puso 0-3 en las eliminatorias finales del Este (Miami había vencido previamente 4-1 a Bucks y 4-2 a Knicks, después de perder el primer partido del Play-in y llegar a ir perdiendo por más de diez puntos en el segundo, al borde de la eliminación). 

Nadie había remontado un 3-0 en contra (150-0 en la historia) y la sensación era de debacle total. Los mismos que se habían pasado la temporada diciendo que Boston era de lejos el mejor equipo, ahora los calificaban de poco más de ser una banda. Mientras, el equipo ganaba el cuarto, el quinto y el sexto partidos, dos de ellos fuera de casa y el último gracias a un palmeo de Derrick White a una décima del final. Un golpe moral que se suponía definitivo, con la oportunidad de ganar un séptimo fuera de casa y hacer historia. 

Tampoco fue así. 151-0 es el récord actual de eliminatorias que empiezan 3-0. El último partido en casa comenzó con una lesión de Tatum que sin duda marcó el devenir del encuentro. Brown no estuvo a la altura, Brogdon apenas jugó en toda la serie... Solo Derrick White sostuvo el orgullo verde. El resultado 84-103 habla por sí solo. Dominados en el factor mental, con un registro 5-6 en los partidos en casa durante las eliminatorias, hablan de las dificultades en un camino que no debería haberlos sido (Boston se ha enfrentado con el octavo, el séptimo y el tercero). 

 

Urge un repuesto para Horford que reduzca su minutaje


La remontada hasta el 3-3, que solo ha ocurrido cuatro veces en toda la historia, ha servido por lo menos para acallar las voces que pedían ya a gritos dinamitar el proyecto. Pero no se puede negar que la franquicia se enfrenta a un verano que requiere respuestas. 

El equipo ha disputado cinco finales de conferencia en los últimos siete años. Digno de mención, sin duda, pero el récord es 1-4. Y la vez que se ha conseguido llegar a las Finales, se desperdicia una oportunidad de oro para subir la bandera nº18 al techo del Garden. 

O sea que el equipo es competitivo, pero le falta algo para llegar al último escalón, y por el motivo que sea no se está consiguiendo dar con la tecla y puede que sea el momento de hacer retoques...

Lo primero será decidir qué hacer con Jaylen Brown. Da la sensación de que la relación no es la mejor y no me extraña porque tiene que estar aburrido de aparecer en todas las quinielas de traspaso cuando se mueve alguna superestrella en el mercado. Viene de hacer su mejor temporada regular y se ha ganado el derecho a cobrar una morterada al ser elegido en el segundo quinteto de la Liga, pero también su rendimiento ha caído estrepitosamente en las eliminatorias y ahora se pone el foco en su compromiso y en su capacidad de tirar del equipo (injustamente, porque hay que recordar que el año pasado fue exactamente al contrario y se puede decir que fue el mejor celta de las Finales). 

¿Es suficiente para darle 300 millones a partir de 2024? ¿Con otros 300 y pico que habría que darle a Tatum en 2025? La Liga ha endurecido las condiciones a los equipos que superan el impuesto de lujo y parece que no hay hueco para dos contratos supermáximos en el mismo equipo. Está fuera de discusión dárselo a Tatum, que tiene un techo mucho más alto que Brown, así que Jaylen debería tener un contrato a la baja, pero ¿lo aceptará? Lo dudo, así que habría que traspasarlo e intentar sacar la mayor tajada posible. Lo que no será sostenible es gastarse casi el 70% del límite salarial en dos jugadores.

 

No vale un supermáximo, sobre todo si se lo das a Tatum

Por otro lado, el juego interior ha tenido bastantes problemas. Al Horford ya tiene 37 años y se le han visto las costuras en las eliminatorias y la cuesta abajo no va a tener fin. Robert Williams no ha estado físicamente bien apenas en ningún momento de la temporada y no se sabe si alguna vez podrá demostrar todo lo que tiene dentro. Es urgente reforzar este puesto con un jugador que pueda ser titular dado el caso. Los tiempos de parches como Griffin, Kornet o Muscala han terminado. Grant Williams debería volver a tener un papel importante en la rotación, aunque tenga limitaciones físicas y de altura.  

Boston carece de un generador de juego. Ni White, Smart o Brogdon lo son de forma consistente y en demasiadas ocasiones el ataque colapsa en unos contra unos y tripes sin sentido. Ha sido uno de los peores equipos en el clutch, tanto en liga regular como en play offs.

El fondo de armario ha seguido siendo un problema en el año en que parecía que se habían solventado los problemas. Al final Mazzulla ha reducido la rotación a seis jugadores y medio, por obligación (lesiones de Gallinari y Brogdon al final) y también por elección (Pritchard, Hauser y, sobre todo, Williams). No es sostenible en eliminatorias largas, porque el equipo tampoco ha sido capaz de cerrarlas por la vía rápida. 

 

El peso de la historia

 

Por último, hay que pensarse si Mazzulla es el hombre adecuado para llevar el timón. Ha dado la sensación de haber perdido el control del vestuario y parece haberse beneficiado de la inercia de un proyecto encarrilado. En una postemporada que había estado repleta de grandes nombres, podía haber sido el momento de rascarse el bolsillo y fichar a uno de ellos. No creo que eso ocurra, ya que los más destacados han sido ya fichados mientras Boston agonizaba en la final de conferencia y porque Brad Stevens apostó por él y seguramente le dará una nueva oportunidad. 

Todos los puntos anteriores tendrán difícil solución. El tema de romper la pareja Brown-Tatum va a dar seguro que hablar, porque son todavía muy jóvenes. Aunque la sensación de que el proyecto ha tocado techo si no se hacen retoques, ha sido muy fuerte. Veremos qué se le ocurre al bueno de Brad, pero tres finales y un título desde 1986 se antoja demasiado poco para esta franquicia. 

El hueco en el techo del Garden espera decisiones valientes.

15 de abril de 2023

Camisetas en pabellones y salones de la fama

Hace unas pocas semanas se vivieron dos hechos históricos para el baloncesto español, protagonizados ambos por el mismo personaje: Pau Gasol. 

Con apenas unas fechas de diferencia, la camiseta con su número 16 fue elevada a lo más alto del techo del pabellón de Los Ángeles Lakers y Pau fue seleccionado para formar parte de la clase de 2023 en el Salón de la Fama de Springfield, el Olimpo al que acceden los mitos del baloncesto NBA. 

 

 

No sabría decir el orden de importancia entre ambos hitos. Supongo que eso dependerá de lo que cada uno de nosotros considere. 

El primero de ellos es relevante porque la retirada de la camiseta la realiza una de las franquicias más reconocibles en todo el mundo, histórica y en la actualidad empatada en número de títulos con sus archienemigos Boston Celtics. 

Añadiría también que los Lakers no se caracterizan por retirar las camisetas a puñados. Basta decir que jugadores tan importantes en diferents títulos de la franquicia como Byron Scott, Derek Fisher o Lamar Odom no tienen la camiseta retirada ni parece que la tengan. Se puede discutir la relevancia de cada uno de ellos en los titulos o en el juego durante su estancia en los Lakers, ya que ninguno de ellos ha sido indiscutible segunda espada del equipo como Gasol, pero no es menos cierto que Gail Goodrich tiene la camiseta retirada y su mayor contribución a la franquicia podría ser su traspaso a los Jazz en el ocaso de su carrera a cambio del pick que llevaría a Magic Johnson a los Lakers en 1979.  

 


 

Lo que contribuiría a rebajar el nivel de este hecho puede ser que no se trata de un homenaje global sino parcial, de una franquicia en la que hay que reconocer que el jugador pasó sólo alrededor de seis años y tuvo alguna temporada a un nivel bastante discutible, si bien quizá no por su culpa sino de la utilización que de él hizo Mike D´Antoni, casi como los Lakers tras el título de 2010. 

Por eso, personalmente elegiría la selección como Hall of Famer de Pau como el logro más importante a título individual conseguido por un jugador español en la NBA. 

La elección en la primera oportunidad de Pau para formar parte de tan selecto club, no es algo baladí. Hay jugadores con una carrera por lo menos comparable que todavía no han sido elegidos, a la vez que nombres ilustres del pasado tampoco lo han conseguido todavía. Otros han entrado muchos años después de su retirada, como Toni Kukoc (2021), Bob Dandridge (2021), Paul Westphal (2019), Jack Sikma (2019), Sidney Moncrief (2019) y un largo etcétera. 

 

 

Si al mismo tiempo ponemos en valor el grupo de elegidos en 2023, con Becky Hammon, Tony Parker, Dwayne Wade o Dirk Nowitzki, que han acompañado a Pau en su selección, la cosa toma un color claro. 

En cualquier caso, estemos orgullosos de los logros conseguidos por el que es, sin duda, el mejor jugador español de la historia y uno de los jugadores más dominantes en el baloncesto FIBA que se haya calzado las botas alguna vez. 

Estamos ante el colofón brillante a una carrera de 20 años, no solo larga sino de un nivel deslumbrante hasta por lo menos 2017 y que solo las lesiones fueron capaces de precipitar a un final abrupto e indeseado por todos.

14 de agosto de 2022

Don William Fenton Russell (1934 - 2022)

Hace unos días falleció William Fenton Russell, Bill Russell, estrella de los Boston Celtics en la década de los cincuenta y los sesenta del pasado siglo, once títulos de campeón en trece temporadas. O lo que es lo mismo, el mayor ganador de la historia del deporte profesional norteamericano. 

Su palmarés, aparte de eso, es impresionante: 

  • 12 veces All-Star (solo falló en su temporada de novato, que acometió con retraso por estar ocupado ganando el oro en los JJOO de Melbourne)
  • 4 veces máximo reboteador de la NBA (no lo sería más porque coincidió con una anomalía todavía mayor que la suya, un señor de 2,16 m llamado Wilt). 
  • 10 temporadas promediando más de 20 rpp
  • 11 veces All-NBA
  • 5 veces MVP (empatado con Michael Jordan en el segundo lugar / Kareem 6 MVP)
  • 17 triples dobles
  • 2º máximo reboteador de la Historia de la NBA (21.620 / Wilt 23.924)
  • 2º mayor promedio reboteador de la Historia de la NBA (22,5 / Wilt 22,9)
  • 51 rebotes en un partido
  • 2º en promedio de minutos jugados en toda su carrera (42,3 / Wilt 45,8)
  • Record en series de play-offs: 27-2
  • Nunca perdió un 7º partido en las eliminatorias por el campeonato
  • Hall of Fame
  • Miembro de los equipos históricos de la NBA

 


Estos son solo algunos de los logros de un chico que cambió la historia del baloncesto promediando apenas 14 ppp, pero que fue la cabeza visible de una máquina de triturar rivales. Solo Bob Pettit (1957) y Wilt Chamberlain (1967) pueden presumir de haber vencido al Señor de los Anillos. 

Se podría hablar y no parar, empezando por la rocambolesca historia de su llegada a Boston que ayudó a fundamentar el mito de Red Auerbach como genio de este deporte. 

Se podría también intentar minimizar su impacto diciendo que en aquella época era más fácil sobresalir. Puede ser cierto, pero no lo es menos que todas las épocas tienen sus dominadores y que Russell se enfrentó con muchos de los más grandes de la Historia: Bob Pettit, Dolph Schayes, Oscar Robertson, Jerry West, Wilt Chamberlain, Walt Bellamy, Nate Thurmond... 

 

El joven aficionado, el escéptico o la mezcla de ambos puede bucear por YouTube y encontrar videos de Bill Russell. Seguro que se sorprenderá al ver un jugador atlético y rápido, comparable a los mejores atletas de hoy, capaz de coger un rebote en defensa, correr toda la pista botando el balón y saltar casi desde la línea de personal para dejar una bandeja. 

Su mentalidad, su carácter, su liderazgo, le ayudaron a acumular éxitos. Fue el primer entrenador afroamericano en la historia del deporte profesional (sus dos últimos títulos los ganó en la doble faceta de entrenador y jugador). 

Pero sus logros fuera de las pistas fueron aún más importantes, siempre luchando por la igualdad de derechos raciales y sufriendo en silencio la paradoja de ser una estrella negra del deporte, idolatrado en una ciudad que era de las más racistas de los Estados Unidos (parece mentira, la cosmopolita Boston). 

 

 

Estuvo presente en la jornada mágica del doctor King y también junto al joven Cassius Clay cuando renunció a alistarse a la guerra de Vietnam. Renunció a galardones que consideraba no apropiados recibir mientras otros pioneros no habían aún sido reconocidos por sus aportaciones. 

En resumen, don William Fenton Russell es una de esas pocas personas que en una generación trascienden su esfera de influencia y se convierten en iconos culturales y de rol. 

Poco a poco, fruto del inexorable paso del tiempo, las leyendas de los arrogantes verdes se reúnen de nuevo en otros campos de juego: los de la inmortalidad y el recuerdo eterno.

15 de abril de 2022

Quintetos europeos en la NBA

Con motivo de su 75 aniversario, la NBA ha elegido sus dos quintetos de jugadores europeos de todos los tiempos mediante una mezcla de voto popular y voto cualificado. 

En el primer quinteto tenemos a Toni Parker, Luka Doncic, Dirk Nowitzki, Giannis Antetokoumpo y Pau Gasol. En el segundo quinteto encontramos a Drazen Petrovic, Pedja Stojakovic, Toni Kukoc, Nikola Jokic y Arvidas Sabonis. 

Más allá del orgullo de encontrar a nuestro Pau Gasol en el olimpo de los jugadores europeos y de que hayan quedado fuera de este reconocimiento un buen número de grandes jugadores, desde Detlef Schremph hasta Vlade Divac, pasando por el mediano de los hermanos Gasol o un Dino Radja que hizo muy buenas campañas en unos Celtics bastante mediocres, hay alguna reflexión que interesa realizar. 

 

Amplio surtido para elegir
 

Llevo algunas entradas dando señales de que cada vez pienso más que el baloncesto que se juega en la NBA y el que se juega en FIBA tienen más bien poco que ver entre sí, hasta el punto de que a veces me parecen juegos totalmente distintos. Y todo esto se ha agudizado desde la deriva en el abuso de tiro de tres que se ha producido al otro lado del charco coincidiendo con la aparición de jugadores con un rango de tiro extremo como Stephen Curry, Klay Thompson o Damian Lillard, todos ellos bastante capaces de meter un triple desde el logo, bien cuadrados y con una estética de tiro impecable, estirando al máximo los límites de la cancha. 

Ese estilo de juego, ayudado por las reglas especiales que en la NBA favorecen el juego ofensivo, como la regla de los tres segundos en defensa, frente al juego más ordenado, lento y con predominancia de las defensas zonales que se realiza a este lado del charco, hace que las diferencias de rendimiento en la NBA y el baloncesto FIBA no sean totalmente comparables. 

Hay jugadores como Parker, Nowitzki o Pau Gasol que han sido igual de determinantes en ambos estilos de juego. 

Nowitzki fue capaz de llevar a los Mavericks al título en 2011 mientras verano tras verano cargaba sobre sus hombros el destino de un equipo alemán bastante mediocre al que llevó a la medalla de bronce en el Mundobasket 2002 y a la plata en el Eurobasket de 2005, ambas a costa de nuestro Equipo Nacional. Todo ello aderezado con un MVP de la NBA y de las Finales, infinidad de All-Stars y All-NBA Teams.

 

Toni Parker fue la cabeza visible de una Francia que fue durante mucho tiempo, el rival más cualificado de España y que consiguió el oro en el Eurobasket de 2013 y, sobre todo, eliminarnos en los cuartos de final del Mundobasket de España en 2014, en lo que fue probablemente el mayor fracaso de los nuestros en los últimos veinte años. En sus ratos libres fue tres veces campeón con los Spurs e incluso se permitió el lujo de ser MVP de una de las Finales.

Los méritos de Pau Gasol son enormes y no voy a listarlos aquí, ya que espero que todos los aficionados los tendremos en nuestra memoria reciente. 

Si me apuras, incluso Luka Doncic apunta maneras en esto qu estoy diciendo. Campeón del Eurobasket 2017, aunque compartiendo liderazgo con Dragic, clasificó a su pequeño país a los JJOO de Tokio y acabó en cuarta posición, llevando a Eslovenia hasta donde le permitieron sus fuerzas (se encontraba en un evidente estado de forma deficiente). 

En el segundo quinteto tenemos a tres europeos que marcaron historia en los noventa, cuando solo pensar en dar el salto estaba al alcance de unos pocos elegidos. 


 

Kukoc fue miembro destacado del segundo triplete de los Bulls y Mejor Sexto Hombre una temporada, tras haber logrado otro triplete con la mítica Jugoplastika cada vez más desmantelada y casi campeón con la Benetton de Treviso el año que el Limoges de Maljkovic casi se carga el baloncesto continental. 

Tenemos también dos what if en Petrovic (¿qué hubiera logrado de no haber fallecido en accidente de coche aquel junio de 1993 cuando venía de su mejor temporada y a las puertas de haber sido All-Star?) y Sabonis (¿qué hubiera logrado de haber llegado más joven y con las dos piernas, cuando a los treinta y pico y cojo se marcó una temporada de 16+10?). Ambos dominaro Europa en su plenitud. 

Sin embargo, a lo que voy con tanto rodeo, es que Jokic (vigente MVP y gran favorito para el segundo consecutivo, con medias de 27-14-8) y Antetokoumpo (dos veces MVP, una vez campeón y MVP de las Finales, además de un portento físico y medias de 30-12-5), no soportan la comparación con las grandes estrellas europeas del pasado reciente. Con Toni, Pau y Dirk, más concretamente. 

Para muchos de vosotros esto es una herejía. Sin embargo, yo pienso que no pueden estar a la altura porque no han sido capaces de dominar a ambos lados del charco, en ambos estilos de juego. 

Jokic fracasó con rotundidad en el Mundobasket de 2019. Serbia tenía un equipazo y todo el mundo pensaba que era el máximo rival de los Estados Unidos. Un desatado Djordjevic dijo que era mejor que Dios les pillara confesados si se cruzaban con su selección en una muestra de la atávica soberbia serbia. Por desgracia, el mago Scariolo y sus esforzados muchachos se cruzaron en el camino, desquiciaron a Nikola y sobrevivieron al gran partido de Bogdanovic. Desde entonces ni Jokic ni Serbia fueron lo mismo y se diluyeron como un azucarillo. 

Al bueno de Giannis le pasó lo mismo con un relativamente potente equipo griego que ni siquiera pasó a la fase de cruces. Fue su segunda oportunidad después de que en el Eurobasket de 2015 España le pasara por encima en su camino al título más épico y gasólico de los últimos años. Poco se habla de la gran defensa de Claver, aunque el griego todavía estaba algo lejos del nivel que hoy presenta. 

Creo que a ambos les beneficia el juego abierto de la NBA. El serbio se aprovecha de su innegable gran visión de juego y al griego le va genial con un físico que le permite recorrer toda la cancha en diez o doce zancadas. Pero cuando la cosa se atasca, cuando el cemento se apodera de la cancha y el IQ baloncestístico es más importante, ambos no han dado la talla, por diferentes motivos: Jokic porque tiene un cable pelado y a veces cortocircuita; Giannis porque su innegable físico no saca ventaja en la jungla de brazos y piernas que pueden hacer ayudas interminables sin estar sometidos a la puñetera norma de los tres segundos defensivos. 

Si tuviera que elegir a uno de los dos, elegiría a Jokic. Me parece que tiene mayor talento, inteligencia y visión del juego que Giannis, al que me gustará ver en cinco o seis años cuando su físico no sea tan determinante como ahora (aunque supongo que, como suele pasar, me callará la boca con su evolución). 

Mientras tanto, Pau, Toni y sobre todos Nowitki, no tienen comparación en cuanto a baloncesto puro se refiere, de la mano con Kukoc, Petrovi y sobre todo Sabonis, al que considero el mejor jugador de baloncesto europeo de la Historia (¡cuánto lamento no haber podido ver jugar a Cosic en su plenitud!). 

12 de febrero de 2022

La paradoja Rubio

Vaya por delante que he sido un hater de Ricky Rubio durate muchos años. He sido, porque a golpe de evidencia, se ha encargado de hacerme tragar mis palabras poco a poco. 

Ricky Rubio lleva la friolera de quince años en la élite del baloncesto mundial, quemando etapas a una velocidad vertiginosa desde que don Alejandro le hiciera debutar con apenas catorce años. Un poco después, con diecisiete, se encargó de dirigir a la selección española en la final de los JJOO de Pekín, en uno de los partidos más míticos del baloncesto FIBA. 

Su paso por el Barcelona, su número cinco del draft, una serie de lesiones graves y últimamente el periplo por diferentes franquicias de NBA mientras se iba convirtiendo en el nuevo líder de nuestro Equipo Nacional. 

Esos primeros años yo pensaba que había un hype excesivo en torno a su figura. Siempre he reconocido que es un tío muy listo jugando al baloncesto, pero también pensaba que su defensa iba más encaminada al robo que realmente a defender y siempre le he achacado una falta de ambición por mejorar su tiro. No se olvida aquella eliminatoria de Euroliga en la que el zorro Obradovic eliminó al Barcelona precisamente dejando vía libre al tiro de Ricky mientras sobrecargaba la zona intermedia, negando el juego rápido en el que más brilla el base y convirtiendo los partidos en una guerra en el barro, donde menos aporta al juego colectivo.

En esos tiempos teníamos a Calderón y luego al Chacho en plenitud de condiciones. A mí me parecía un despropósito que cualquiera de los dos no estuviera en cancha. Ricky acumulaba internacionalidades y medallas, pero no me acababa de convencer. Mientras, en la NBA era indiscutible en Minessotta y algo menos en Utah. 

Llegó entonces 2019 y el Mundobasket en el que España demostró al mundo que no se puede nunca subestimar el corazón de un campeón y se coronó por segunda vez como dominador del basket FIBA. El Equipo Nacional, falto de referentes y con Pau Gasol lesionado, se apoyó como nunca en sus veteranos, curtidos en mil batallas, algunos faltos de gasolina pero sobrados de corazón. Y el soporte más sólido, más aún que un Marc Gasol que parecía predestinado a dominar ese campeonato, fue Rubio. Completó un campeonato estratosférico y fue nombrado MVP del Mundobasket, encadenando actuaciones sobresalientes una detrás de otra. 

Y ese año creo que comienza la paradoja Rubio. 

Firmó con Phoenix Suns en un movimiento que parecía un paso atrás, dejando un equipo competitivo para caer en otro al que solo se le recordaban glorias pasadas. Pero él, manteniendo el estado de gracia en una temporada que se complicó muchísimo por efecto de la pandemia, jugó un baloncesto sobresaliente marcando unas medias en puntos, rebotes y asistencias a la altura de sus mejores años y siendo uno de los culpables del casi-milagro de la burbuja de Orlando en la que, viniendo desde atrás se colaron en el play - in y estuvieron a puntito de clasificarse para los play-offs. 

Lo que pasó entonces no fue demasiado comprensible en ese momento aunque por lo visto después, los gerentes de Phoenix acertaron plenamente: Rubio fue sustituido por Chris Paul y se encaminó de nuevo a los Timberwolves previo paso fugaz por los Thunder y aterrizó en un equipo sin rumbo desde la marcha de Garnett ya en 2008. Su media de puntos fue la más baja de su carrera y sus números se desplomaron. 

Una temporada traumática que enderezó en lo personal con otra grandísima actuación en los JJOO de Tokio 2021, siendo el motor de una España dramáticamente envejecida en el partido de cuertos de final ante Estados Unidos. Él fue el único motivo para soñar en aquél triste amanecer de agosto, superando incluso el récord anotador de Pau Gasol en otro partido para olvidar, el jugado contra China por el séptimo puesto en los JJOO de Atenas. 

Casi al mismo tiempo, Ricky había sido traspasado a los Cavs, otro equipo al que los analistas daban un puesto seguro en el sótano de la Conferencia Este, pero que gracias a buenas decisiones en el draft, al renacimiento como sexto hombre de Kevin Love y también al tremendo baloncesto que ha salido de las manos de Ricky, se convirtió en una de las revelaciones de esta temporada y aún hoy está compitiendo por ser cabeza de serie en los Play-offs, una vez que ya tienen la clasificación casi asegurada. 

 

En esas estábamos, con mejor marca de puntos de su carrera y verdaderas exhibiciones de dominio y liderazgo, cuando su rodilla se partió y le dejó sin temporada. La última noticia aciaga, el traspaso de su expiring contract a Indiana. Este movimiento amenaza la contiuidad de su carrera NBA y a su vez acerca su regreso a Europa, más por convicciones personales que por juego aunque haya dudas de cómo va a volver ya con casi treinta y dos años y varias lesiones graves de rodilla. 

Es por eso que yo, un converso de don Ricky Rubio, observo con estupor esa cuesta abajo en cuanto a valor y prestigio en el baloncesto NBA (interrumpida esta temporada hasa esa dolorosa lesión) al tiempo que su valor y prestigio en el baloncesto FIBA nunca había estado tan alto y era reconocido como uno de los mejores jugadores y líderes de la actualidad. 

¿Son tan diferentes ambos baloncestos? Puede ser, y más desde hace unos años con la explosión del juego exterior en detrimento de casi todo lo demás que se practica al otro lado del charco. 

No obstante el prestigio de Ricky permanece intacto en los ojos de los aficionados. No solo por su juego, sino por el ejemplo que es para muchos en cuanto a filosofía vital. Ricky Rubio, además de gran jugador, se está destapando como un referente para la sociedad, siempre con un discurso mesurado y meditado, lo cual es tanto o más importante para acabar de convertirse en uno de los más grandes. 

 

Como digo, hace años pensaba que hacía bajar el nivel de nuestro Equipo Nacional. Hoy creo que está a un nivel superior a cualquiera de los bases que han marcado época, Corbalán, Solozábal, Calderón o el Chacho. Les ha dejado atrás, pasándoles por la derecha y arrancándoles las pegatinas, cuando ya parecía que su larga carrera había llegado a su punto más alto. 

Enhorabuena, don Ricardo. Espero con interés sus próximos movimientos y me gustará verle de vuelta si así lo decide.

8 de septiembre de 2021

Uncle Drew

El tío Drew es un personaje creado por y para Kyrie Irving que se presentó en sociedad hace algunos años en una serie de cortometrajes patrocinados por PEPSI y que se pueden ver en YouTube. 

Defensor del baloncesto de la vieja escuela, el de toda la vida, el que se basa en los fundamentos técnicos y que respeta al rival, Drew se dedica a pasar por diferentes canchas al aire libre, demostrando que se puede jugar al baloncesto sin toda la parafernalia que los jóvenes de hoy en día acompañan la práctica del deporte. 

 

 

Durante su periplo justiciero, el tío Drew se va juntando con otros viejos amigos (Kevin Love, Nate Robinson), con los que juega pachangas que acaban de manera invariable con la derrota, cuando no humillación, de los jóvenes que al inicio despreciaron y se burlaron de estos afables viejecitos. 

Esta premisa se llevó luego a la gran pantalla, siendo Uncle Drew el resultado. 

El argumento es sencillo: el sobrino de Drew quiere vencer el campeonato del Parque Rucker de Nueva York, quizás el más prestigioso del baloncesto callejero mundial. Para ello acude a su tío, liándole con la promesa de realizar un tour para buscar y volver a unir a su antiguo equipo. 

Ahí se lanzan los dos, realizando diferentes paradas. Y allí ve el espectador a diversas leyendas caracterizadas como señores mayores: Big Fella (Shaquille), que ahora regenta un dojo; Lights (Reggie Miller), letal tirador ciego; el Predicador (Chris Webber); Betty Lou (Lisa Leslie) y Boots (Nate Robinson). 

Foto de familia
 

Tendrán que limar asperezas con tantas personalidades diferentes, mientras van progresando en el campeonato y se desarrolla la relación familiar entre Drew y su sobrino, que inicialmente comenzó por el interés de este último. En la final, cómo no, se enfrentarán al rival que representa todo lo contrario al bueno del tío Drew: Casper, un joven jugador de gran fortaleza física, que juega por encima del aro y que tiene más ego que un carro de Steve Jobs, encarnado por Aaron Gordon (lo recordaréis por haber merecido ganar un concurso de mates al saltar por encima de una mascota giratoria; en su lugar los jueces le dieron el triunfo a Zach LaVine).

Nada nuevo bajo el sol, como se ve. Se pasa un buen rato con la película, tiene algunos golpes buenos y sobre todo gira alrededor del baloncesto. 

 

Rompiendo tobillos

En imdb cotiza hoy a 5,8. Más o menos bien, teniendo en cuenta que hay muchas películas peores, mientras que cine de baloncesto tampoco hay tanto donde elegir, así que no podemos ponernos exquisitos. 

No he encontrado rumores de Uncle Drew 2, pero mientras tanto disfrutemos de esta película de poco más de hora y media de duración y, sobre todo, de los cortos de YouTube.

2 de abril de 2021

No me gusta este baloncesto

Para nada. 

Me parece aburrido, soso, falto de alicientes para el espectador... No niego que pueda haber emoción, que en algunos casos hay jugadas que te pueden hacer levantar del asiento, pero este es un juego totalmente distinto del que me enamoré hace ya varias décadas. 

El baloncesto ha pasado por varias fases. Incluso por auténticas revoluciones, diría yo. Algunas para bien, otras para mal, otras ni fú ni fá. 

Del tiro a cuchara se pasó al tiro en suspensión. Una locura, dirían algunos, pero mucho más estético y efectivo por mucho que hubiea algún que otro recalcitrante, como el excelso Rick Barry que continuaba tirando los tiros libres a cuchara allá por la época de 1970. 

Si antes los equipos ganadores se construían desde el pivot, interesando acumular cuantos más centímetros mejor y siendo el destinatario del primer pase de los pequeños, Michael Jordan demostró que se podía ser campeón sin un centro dominante, siempre que tengas el talento y el desequilibrio suficiente en otras posiciones de la cancha. 

 

Culpable
 

Se pasó por una fase de cemento, tanto en la NBA como en el baloncesto FIBA. Una época dura, difícil para el espectador. Un baloncesto trabado, construido desde la defensa, en el que el objetivo era que tu rival metiera una canasta menos que tú y no que tú metieras una canasta más que el rival. Era feo de narices, y solo mediante esta premisa se puede entender que Limoges fuera campeón de Europa en 1993 o que Knicks y Nets fueran finalistas de la NBA a finales del siglo XX y primeros del XXI. Baloncesto control, lo llamaban sus defensores. Baloncesto muermo, es lo que era.

Afortunadamente los Suns hicieron escuela con su filosofía de "seven seconds or less" y, antes que ellos, los Kings enamoraron con un baloncesto ágil y atractivo. Por desgracia, ninguno de ellos logró siquiera llegar a las finales. 

Después llegó la fórmula de la creación de súperequipos concentrando talento a base de talonario. Primero fueron los Miami Heat, luego los Golden State Warrios y ahora Lakes y Nets son los máximos exponentes. Una filosofía que tampoco gusta a los puristas, acostumbrados a ver la construcción de equipos a través del talento que llega desde el draft de universitarios. Yo soy más bien neutral con esta idea, aunque es verdad que traiciona un poco los principios de igualdad de oportunidades de la liga NBA (igualdad de oportunidades aparente, porque los nombres que se repiten en el palmarés vienen a ser más o menos los mismos). 

 

Culpable


Ahora triunfan las estadísticas avanzadas. Esas que dicen que no merece la pena el tiro de media distancia y que ha convertido la competición en una sucesión de triples o entradas a canasta. Matemáticamente tiene sentido: tirando triples con una media de 0.368, significa meter más de un punto por posesión mientras que tirar de dos con un .450 supone meter menos de un punto por posesión. Una lógica aplastante. 

Pero esas matemáticas están matando el juego. No hay movimiento de balón, más allá de doblar la bola después de una penetración que amenaza con acabar mal; no hay juego al poste, más allá de buscar un mismatch favorable que, entonces sí, se repite machaconamente; no hay juego en transición ni al contraataque, todo nace y muere en el triple; no hay riqueza táctica en las pizarras de los entrenadores, que lo fían todo a la puntería de unos jugadores que cada vez son capaces de tirar desde más lejos con porcentajes más altos. 

Sí, los marcadores son atractivos y la eficiencia ofensiva es cada vez mayor, pero el juego no es el mismo. He visto dos partidos en un par de semanas, ambos de los Celtics (contra Orlando y Dallas). En el primero, tiraron 54 veces de tres, con buenos porcentajes, y ganaron. En el segundo tiraron casi cuarenta veces a pesar de que no la metían ni en una piscina, y perdieron. En ambos partidos, un entrenador tan capaz como Brad Stevens fue incapaz de buscar alternativas tácticas que pudieran dar la vuelta a la dinámica del juego. 

 

Culpable

El resumen es ver a cinco jugadores abiertos, más allá de la línea de tres. Se dan un pase, quizá dos o tres, y se cascan el triple. Con suerte verás algún corte, alguna puerta atrás, pero es muy probable que el quinteto en cancha no lo vea y el ataque acabe en triple igual. O el jugador balón botará diez o quince veces para tirarse una mandarina con un step-back o irá fuerte al aro para tratar de machacar. 

Este es el baloncesto que se juega hoy en la NBA. Afortunadamente el baloncesto FIBA todavía resiste. Veremos en los JJOO, pero el fracaso de la selección USA y el naufragio de dos fueras de serie (en el baloncesto NBA) como Jokic o Antetokoumpo para llevar lejos a sus selecciones, demuestra que al baloncesto todavía se sigue jugando con la cabeza.

13 de marzo de 2021

El ocaso de un semidios

Vuelvo a este blog catorce meses después de la última entrada, y lo hago con pesar. No solo porque desde finales de 2018 apenas he completado media docena de entradas, sino porque aún esas pocas se centraban en fallecimientos de exjugadores, lo que había convertido a 24 segundos en casi una lista de obituarios más que en un blog de baloncesto. 

Hoy escribo de nuevo, con ocasión de la "vuelta" de Pau Gasol a la que fue su casa y donde deslumbró al mundo hace ya la friolera de veinte años: el FC Barcelona. 

Entrecomillo "vuelta". No hay que perder de vista que Pau lleva cerca de dos años sin pisar una cancha de baloncesto. Como mucho, un puñado de videos en los que se le ve entrenar, sin contacto. Sí, mete tiros que da gusto, parece que se mueve bien, pero... 

Camino de los cuarenta y un años, en el horizonte se va engrandenciendo la figura de los JJOO de Tokyo. El año de aplazamiento (veremos si se celebran este 2021 o no), abrió una ventana de esperanza a Pau de poder retirarse en un gran acontecimiento deportivo, a la altura de su inmenso legado. 

Es de suponer que la motivación principal de esta "vuelta" es ponerse en tono físico y competitivo para despedirse con el Equipo Nacional con el que dominó en baloncesto FIBA de una forma que solo se vio en tiempos de las extintas selecciones de la Unión Soviética y de Yugoslavia. 

La duda es si lo logrará. 

 

Pase lo que pase, con Pau a muerte

Dice Antoni Daimiel, que de esto sabe un poquito, que no hay precedentes de una vuelta de un jugador de su tamaño y edad, a un nivel similar al demostrado antes de la lesión. Mala cosa, porque ya en 2018 sus prestaciones estaban lejos de las demostradas ese par de años deslumbrantes e Chicago. Incluso en el Eurobasket 2017, en semifinales fue incapaz de quitarse de encima la presión de los voluntariosos defensores interiores eslovenos, a una distancia sideral en talento, pero que lograron que Pau pareciera más humano que nunca. 

O sea, en 2017 y sobre todo en 2018 ya se vislumbraba el ocaso físico de nuestro héroe. Y sin físico, a pesar de su inmenso talento, es imposible jugar baloncesto de alto nivel un par de veces por semana. 

Supongamos que se pone a tono en Barcelona. ¿Cuál es el verdadero nivel hoy en día de Pau Gasol? Opiniones hay para todos los gustos: desde que los que opinan que aún estando cojo es capaz de dominar el baloncest FIBA a los que piensan que se va a arrastrar por las canchas. Lo más probable es que se encuentre en un punto medio: un jugador aprovechable en tramos cortos de los partidos, con un gran arsenal y capacidad ofensiva, pero que en defensa va a sufrir y a hacer sufrir a su equipo, a pesar de que las normas FIBA pueden ayudar a maquillar sus más que previsibles carencias. 

Desde el punto de vista del FC Barcelona, la operación es muy importante a nivel de mercadotecnia, con las camisetas de Pau vendiéndose como si no hubiera mañana. En cuanto a lo deportivo, está por ver si Jasikevicius es capaz de hacerle un hueco. La tarea no es fácil, porque siempre habrá suspicacias si juega demasiado tiempo con un nivel lejos de lo que la mayoría de los aficionados espera. Y si no juega, tampoco parece que será algo fácil de justificar. 

La papeleta de Scariolo tampoco es pequeña, si Pau logra jugar con relativa frecuencia un puñado de minutos. La presión mediática para reservarle un puesto, va a ser sideral. Es evidente que por Historia, con mayúsculas, Pau se merece todo. Pero podemos vernos en la tesitura de regalar un puesto de los doce seleccionados, solo por su nombre.

Yo lo tengo claro. Prefiero recordarle como era hace tres temporadas antes que verle arrastrarse por las pistas por no saber poner fin a tiempo a su esplendorosa trayectoria. No obstante, confío en su cabeza privilegiada (pocas estrellas deportivas españolas, quizá solo Rafa Nadal, manejan tan bien la materia gris como nuestro Pau) y su criterio para que, si la cosa no va bien, él sea el primero en reconocerlo y dar un paso a un lado. 

Hablamos de Pau Gasol, un tío que ha dominado el baloncesto FIBA durante años. No merece ahora vivir de la caridad, sino una despedida a la altura de su leyenda, si fuera necesario.