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2 de julio de 2024

El leprechaun vuelve a sonreír

Han pasado seis meses de 2024 y todavía hoy estoy escribiendo la primera entrada del año, como si fuera un colofón a la última entrada de 2023 que utilicé de terapia para ir asumiendo mi progresiva desconexión de este deporte que tanto me gusta. 

Lo hago para celebrar que los Boston Celtics han conseguido, por fin, subir el banderín 18 al techo del TD Garden y vuelven a ser la franquicia con más anillos de la historia de la NBA. 

Han sido unos años duros. Más que años, décadas. Desde el anillo de 1986, solo se han conseguido el de 2008 y el de 2024 y se han jugado las finales de 1987, 2010 y 2022. Magro botín para una franquicia que se ha caracterizado siempre por su afán ganador. 

El fogonazo de 2008, el primero de Pierce, Garnett y Allen, no se reprodujo por diferentes motivos (lesión de Garnett en 2009, resistencia de los Lakers de 2010 y el progresivo envejecimiento de la base de aquel equipo). 

 


 

Doc Rivers dejó el equipo y Brad Stevens le sustituyó. Junto con Danny Ainge y la inestimable colaboración de los Brooklyn Nets en uno de los mayores robos de traspaso de la historia del baloncesto, se consiguió ir reconstruyendo el equipo y convirtiéndolo en un aspirante perenne en el Este, pero también por distintos motivos, no se conseguía dar el último paso.

Atras quedan varios intentos y jugadores que fueron apartándose: Isaiah Thomas, Kyrie Irving, Gordon Hayward, Kemba Walker... Estrellas que no fueron capaces de traer el anillo a casa. 

En 2022 lo tuvimos en la mano ante unos Warriors crepusculares que tuvieron la suerte (y a un eterno Curry) de cara. Ventaja de 2-1 en la eliminatoria y una ventaja sólida en el tercer cuarto del cuarto partido, todo saltó por los aires con un partido para la leyenda del jugador número 30 de la Bahía. Comenzaron las dudas sobre Tatum y Brown, reforzadas con la sorprendente eliminación en las Finales del Este de 2023 frente a los Heat, convertidos en nuestra némesis, a pesar de estar a punto de ser la primera franquicia en remontar un 0-3 en 155 intentos. 

El verano pasado se traspasó a buena parte de la columna vertebral del equipo: Marcus Smart, Malcolm Brogdon (Sexto Hombre de la teporada 22/23) y Robert Williams. Aterrizaron Jrue Holiday y Kristaps Porzingis. Un campeón de treinta y tantos años y unos playoffs 2023 para el olvido y un pechofrío letón con tendencia a las lesiones que pudo haberse convertido en un unicornio generacional y parecía que se quedaba en tierra de nadie. 

La profundidad del equipo adelgazaba hasta el extremo. Volvían los tiempos del mago Auerbach, cuando decía que con un cinco titular de élite y un sexto hombre de garantías se ganaban campeonatos. Y, fíjate, que así ha sido. 

Hollyday - White (grandísimo jugador) - Brown (reivindicado) - Tatum - Porzingis y añadimos a Horford. Con ellos a muerte, un puñado de morralla para quitarles minutos en la temporada (Pritchard, Hauser, Kornet y luego un poco Tillmann) y tirar triples como si no hubiera mañana para un 64-18 histórico en un Este que está para el desguace y mirando de reojo al salvaje Oeste con Timberwolves, Nuggets y OKC a la cabeza. 

 

El leprechaun vuelve a sonreír

 

Cualquiera de los tres daban escalofríos. A saber si nos iba a dar el equipo para derrotar al que saliera de ellos con destino a las Finales. Y, para acabar de poner a prueba el corazón de los aficionados, Porzingis se lesionaba en el G3 de la primera ronda ante Heat después de una temporada razonablemente sano. 

No volvería a jugar hasta el G1 de las Finales, pero tampoco hizo falta en unos playoffs que acabaron siendo un paseo (4-1 a Heat, 4-1 a Cavaliers, 4-0 a Indiana) para plantarse en la segunda final en tres años. 

Enfrente, Mavericks. Sorprendentes, eliminando a tres equipos de más de 50 victorias con el factor cancha en contra y con Doncic mal físicamente otra vez (este chico tiene que replantearse algo en su carrera si quiere llegar a ser lo que puede ser). 

No se podía fallar y no se falló, a pesar de la lesión de KP en el G2 y las dudas tras la apabullante derrota en el G4. Porque los Celtics, a pesar de todo lo sucedido este año y los anteriores, no se han podido quitar de encima la etiqueta de frágiles y la sombra de la debacle sobrevoló las cabezas de todos, como en 2022. 

 

I am lightning a cigar

 

Tras las finales se ha renovado a Hauser, Kornet, White y Tatum. El bloque campeón estará unido varios años y, a pesar de que Porzingis probablemente no volverá hasta Navidad o principios de 2025 y que equipos del Este como Knicks y Sixers se están reforzando, habría que mirar el futuro con cierto optimismo, pero también con el alma aligerada por haber conseguido, por fin, el ansiado objetivo, la obsesión de la franquicia. 

Dicen que entre salarios y tasas de lujo, los Celtics costarán aprox. 400 millones de dólares en 2025. Los dueños acaban de poner la franquicia a la venta. Timing, que se dice.

17 de diciembre de 2023

Tiempo de Victoria (T1 y T2)

Impresionante. 

Esta es la palabra que mejor define a Tiempo de Victoria, la serie de HBO Max sobre el ascenso de los Lakers del showtime. A la calidad a la que ya nos tiene acostumbrados, hay que añadir la temática del baloncesto en general y la de la NBA de inicios de los 80 en particular, cuando la irrupcíón de dos novatos en la temporada 1979-80 plantó las bases del resurgir de una rivalidad histórica sobre la que se ha cimentado lo que es el inmenso negocio que es el baloncesto americano hoy. 

La primera temporada arranca con la compra de la franquicia de Los Ángeles Lakers por un advenedizo, el doctor Jerry Buss, al que el resto de los propietarios miraban por encima del hombro cuando llegó. Un personaje al que da vida de forma magistral John C. Reilly y que revolucionó la forma de hacer negocios en el baloncesto, a pesar de que para llegar a él tuviera que endeudarse hasta las cejas, pedir dinero a su madre y hacer una sociedad con su ex mujer. 

 


No sé hasta qué punto la serie es fiel en esto, pero lo que es indudable es que Buss fue, si no el primero, de los primeros propietarios en concebir el baloncesto como un negocio en sí mismo. Se dio cuenta de que el estadio solo estaba ocupado unas cincuenta noches al año, dependiendo de si el equipo llegaba a las eliminatorias por el título o no, y que el resto del año se le podía sacar rendimiento alquilándolo para conciertos o eventos multitudinarios. 

Se dio cuenta de que si el equipo ganaba, las oportunidades eran todavía mayores, así que se centró en crear una máquina de hacer baloncesto atractivo, combinándolo con el encanto de la soleada California. 

Si, además tienes la suerte de hacerte con el primer puesto del draft de 1979 y de tener la suficiente cabeza como para elegir a Magic Johnson (la serie muestra que Buss impuso su criterio frente al de sus asesores, entre ellos Jerry West, de seleccionar a Sidney Moncrieff), añades un potencial enorme a un equipo que ya contaba con figuras como Norm Nixon, Jamaal Wilkes y, sobre todo, Kareem Abdul - Jabbar, el mejor jugador sin discusión de la década de los setenta.

 

El Dr. Buss

El accidentado fichaje de Jack McKinney (asesinato de un amigo de Tarkanian en Las Vegas mediante) y su esperanzador comienzo, el accidente que casi le mata y la llegada accidental de Paul Westhead al cargo de entrenador y, sobre todo, de Pat Riley como entrenador ayudante. La brillante temporada regular, mirando siempre de reojo a los odiados Celtics de Larry Bird. La gran actuación en las eliminatorias y la victoria final por 4-2 ante los Sixers. Todo eso es la T1 de Tiempo de Victoria, que termina por todo lo alto. 

La T2 es todavía mejor.

Comenzando con la tremenda decepción de la derrota ante los Houston Rockets en las eliminatorias de 1981, con la sal derramada sobre la herida que supuso el título de los Celtics en las Finales de ese año, pasando por los problemas internos que tuvo el equipo en la temproada 81-82: problemas de química interna entre Magic y Nixon; el malestar de Kareem que le hizo pedir públicamente el traspaso, junto con la tragedia personal que supuso perder su casa y sus bienes en medio de un pavoroso incendio; la forma peculiar de gerencia de Buss, que pretendía (según la serie) llevar los negocios como una familia, lo que le llevó a firmar un contrato vitalicio a Magic (25 millones por 25 años) y las consiguientes tensiones con el resto de la plantillla. 

Pero, sobre todo, se muestra de forma convincente la progresiva pérdida de control de la plantilla por parte de Westhead, que ni siquiera el título de 1982 pudo solventar y que estalló con la humillante derrota en las Finales de 1983 ante los Sixers del Dr. J y de Moses Malone (la del famoso fo´, fo´, fo´).

Y llegan las Finales de 1984, el primer enfrentamiento directo entre Magic y Bird, la de la calefacción en el Garden, Kareem respirando oxígeno en el banquillo, la hostia de McHale a Rambis que embarró una serie que dominaban los Lakers... y el título de los arrogantes verdes. 

 

Quincy Isaiah y Solomon Hughes

 

La historia, no por ser conocida, deja de ser atractiva. Complementada además con la historia personal del Dr. Buss y de su hija, actualmente la propietaria mayoritaria del equipo, del propio Magic y Cookie y, en la segunda temporada, de Larry Bird (cómo dejó la universidad de Indiana, el suicidio de su padre y su reclutamiento, partidillo en vaqueros y zapatos incluido, por Indiana State a la que llevaría a la final universitaria del 79, su fichaje por los Celtics habiendo sido elegido un año antes, incluso ese guiño a la historia de su madre diciendo que Magic es su segundo jugador favorito por detrás de Laimbeer, al que su hijo odiaba...)

Lo que me llama más la atención de Tiempo de Victoria es el genial trabajo de selección de actores y de caracterización, porque estás viendo a las personas reales. Ya he comentado lo de John C. Reilly, pero es que el desconocido (para mí) Quincy Isiah es Magic (mide 1,91 según Imdb). Otro desconocido Solomon Hughes (2,11 m) es Kareem (coronilla calva incluida). Otro más, Sean Patrick Small (1,93 m) es Larry Bird. Jason Segel es Paul Westhead. El renacido Adrian Brody es Pat Riley, masticando chicle como si no hubiera mañana... Todos se parecen, se mueven y tienen gestos clavados a los personajes que representan, hasta el actor que hace de lo más parecido a un villano que tiene la serie, Red Auerbach. Y eso es de un atractivo innegable para todos aquellos que vivimos aquellos tiempos dorados que, todavía hoy , consideramos el mejor baloncesto de la Historia.

De manera incomprensible, HBO decide terminar aquí y no renovar por una tercera temporada. Incomprensible porque no tiene sentido terminar una serie sobre la dinastía de los Lakers con una derrota, porque todavía quedan seis años de la década en la que fueron los dominadores hasta que llegaron los chicos malos de Detroit. 

 

La corbata de Pat

Supongo que los resultados de retorno de inversión no serán buenos y aquí no está nadie para perder dinero, lo que nos lleva a pensar en por qué, si ese fuera el caso, las audiencias no hacen gala a una serie que es muy buena desde todos los puntos de vista, aclamada tanto por la crítica como por el público. 

Tiempo de victoria no se escapó de la polémica. Ha habido acusaciones de falta de veracidad en las situaciones y también críticas de los supuestos protagonistas de los hechos. Si no recuerdo mal, el mismo Jerry West, al que se representa como una persona acomplejada, insegura y traumatizada por las continuas derrotas infligidas por los arrogantes verdes a sus Lakers de los sesenta y principios de los setenta, abrió una demanda por la forma en la que se le refleja. 

El resumen es que, a  pesar del corte brusco, Tiempo de victoria es una serie que hay que ver. En imdb cotiza hoy a un sólido 8,3 y eso son palabras mayores.

4 de junio de 2023

Quo vadis, Boston?

Otro cierre de temporada para los arrogantes verdes que supone una desilusión para sus aficionados. Pero, además, en esta ocasión es posible abrir unos interrogantes sobre el futuro inmediato de la franquicia, algunos de los cuales pueden resultar muy dolorosos. 

Después de haber estado el año pasado en las Finales, desperdiciando un 2-1 a favor y ventaja apreciable en el tercer cuarto del cuarto partido, la temporada 22-23 se abría con un optimismo moderado. Brad Stevens supo añadir a Danilo Gallinari y a Malcolm Brogdon para añadir un fondo de armario que se antojó demasiado corto el curso anterior y Robert Williams podría estar otra vez en unas condiciones físicas adecuadas tras pasar por el quirófano. 

La salida de Ime Udoka por supuesto acoso a una empleada de la franquicia fue un golpe inesperado. La elección lógica hubiera sido Will Hardy, pero pocos días antes había obtenido permiso para negociar con Utah y cerrado una merecida oportunidad como entrenador jefe en la franquicia mormona, así que el escalafón corrió un puesto más hasta Joe Mazzulla. Los Celtics, alabados por la rápida y fulminante gestión del incidente, se veían con un entrenador novato en una temporada de búsqueda de gloria. 

La temporada regular se saldó con momentos brillantísimos, sobre todo al inicio, llegando a un 21-5 que prometía grandes cosas. También hubo momentos de aviso, de desconexión del equipo y alguna racha con alguna derrota de más. Al final, 57-25 y el segundo puesto del Este y de la Liga, tras los Bucks. Bastante bien, sobre todo habiendo ganado el factor cancha a todos los rivales del Oeste. 

 

¿Pueden estos tres llegar al siguiente nivel?

Las eliminatorias fueron bastante peor. Desde el 4-2 a un equipo de Atlanta bastante limitado que debía haber sido barrido, al 4-3 a Philadelphia que necesitó ganar un sexto fuera de casa y un partido de más de cincuenta puntos de Tatum. Muchas dificultades, demasiadas derrotas en casa, pero una sensación de que estos Celtics iban al trán-trán y que iban a barrer a sus rivales en las eliminatorias finales. 

No fue así. De hecho, Miami Heat se puso 0-3 en las eliminatorias finales del Este (Miami había vencido previamente 4-1 a Bucks y 4-2 a Knicks, después de perder el primer partido del Play-in y llegar a ir perdiendo por más de diez puntos en el segundo, al borde de la eliminación). 

Nadie había remontado un 3-0 en contra (150-0 en la historia) y la sensación era de debacle total. Los mismos que se habían pasado la temporada diciendo que Boston era de lejos el mejor equipo, ahora los calificaban de poco más de ser una banda. Mientras, el equipo ganaba el cuarto, el quinto y el sexto partidos, dos de ellos fuera de casa y el último gracias a un palmeo de Derrick White a una décima del final. Un golpe moral que se suponía definitivo, con la oportunidad de ganar un séptimo fuera de casa y hacer historia. 

Tampoco fue así. 151-0 es el récord actual de eliminatorias que empiezan 3-0. El último partido en casa comenzó con una lesión de Tatum que sin duda marcó el devenir del encuentro. Brown no estuvo a la altura, Brogdon apenas jugó en toda la serie... Solo Derrick White sostuvo el orgullo verde. El resultado 84-103 habla por sí solo. Dominados en el factor mental, con un registro 5-6 en los partidos en casa durante las eliminatorias, hablan de las dificultades en un camino que no debería haberlos sido (Boston se ha enfrentado con el octavo, el séptimo y el tercero). 

 

Urge un repuesto para Horford que reduzca su minutaje


La remontada hasta el 3-3, que solo ha ocurrido cuatro veces en toda la historia, ha servido por lo menos para acallar las voces que pedían ya a gritos dinamitar el proyecto. Pero no se puede negar que la franquicia se enfrenta a un verano que requiere respuestas. 

El equipo ha disputado cinco finales de conferencia en los últimos siete años. Digno de mención, sin duda, pero el récord es 1-4. Y la vez que se ha conseguido llegar a las Finales, se desperdicia una oportunidad de oro para subir la bandera nº18 al techo del Garden. 

O sea que el equipo es competitivo, pero le falta algo para llegar al último escalón, y por el motivo que sea no se está consiguiendo dar con la tecla y puede que sea el momento de hacer retoques...

Lo primero será decidir qué hacer con Jaylen Brown. Da la sensación de que la relación no es la mejor y no me extraña porque tiene que estar aburrido de aparecer en todas las quinielas de traspaso cuando se mueve alguna superestrella en el mercado. Viene de hacer su mejor temporada regular y se ha ganado el derecho a cobrar una morterada al ser elegido en el segundo quinteto de la Liga, pero también su rendimiento ha caído estrepitosamente en las eliminatorias y ahora se pone el foco en su compromiso y en su capacidad de tirar del equipo (injustamente, porque hay que recordar que el año pasado fue exactamente al contrario y se puede decir que fue el mejor celta de las Finales). 

¿Es suficiente para darle 300 millones a partir de 2024? ¿Con otros 300 y pico que habría que darle a Tatum en 2025? La Liga ha endurecido las condiciones a los equipos que superan el impuesto de lujo y parece que no hay hueco para dos contratos supermáximos en el mismo equipo. Está fuera de discusión dárselo a Tatum, que tiene un techo mucho más alto que Brown, así que Jaylen debería tener un contrato a la baja, pero ¿lo aceptará? Lo dudo, así que habría que traspasarlo e intentar sacar la mayor tajada posible. Lo que no será sostenible es gastarse casi el 70% del límite salarial en dos jugadores.

 

No vale un supermáximo, sobre todo si se lo das a Tatum

Por otro lado, el juego interior ha tenido bastantes problemas. Al Horford ya tiene 37 años y se le han visto las costuras en las eliminatorias y la cuesta abajo no va a tener fin. Robert Williams no ha estado físicamente bien apenas en ningún momento de la temporada y no se sabe si alguna vez podrá demostrar todo lo que tiene dentro. Es urgente reforzar este puesto con un jugador que pueda ser titular dado el caso. Los tiempos de parches como Griffin, Kornet o Muscala han terminado. Grant Williams debería volver a tener un papel importante en la rotación, aunque tenga limitaciones físicas y de altura.  

Boston carece de un generador de juego. Ni White, Smart o Brogdon lo son de forma consistente y en demasiadas ocasiones el ataque colapsa en unos contra unos y tripes sin sentido. Ha sido uno de los peores equipos en el clutch, tanto en liga regular como en play offs.

El fondo de armario ha seguido siendo un problema en el año en que parecía que se habían solventado los problemas. Al final Mazzulla ha reducido la rotación a seis jugadores y medio, por obligación (lesiones de Gallinari y Brogdon al final) y también por elección (Pritchard, Hauser y, sobre todo, Williams). No es sostenible en eliminatorias largas, porque el equipo tampoco ha sido capaz de cerrarlas por la vía rápida. 

 

El peso de la historia

 

Por último, hay que pensarse si Mazzulla es el hombre adecuado para llevar el timón. Ha dado la sensación de haber perdido el control del vestuario y parece haberse beneficiado de la inercia de un proyecto encarrilado. En una postemporada que había estado repleta de grandes nombres, podía haber sido el momento de rascarse el bolsillo y fichar a uno de ellos. No creo que eso ocurra, ya que los más destacados han sido ya fichados mientras Boston agonizaba en la final de conferencia y porque Brad Stevens apostó por él y seguramente le dará una nueva oportunidad. 

Todos los puntos anteriores tendrán difícil solución. El tema de romper la pareja Brown-Tatum va a dar seguro que hablar, porque son todavía muy jóvenes. Aunque la sensación de que el proyecto ha tocado techo si no se hacen retoques, ha sido muy fuerte. Veremos qué se le ocurre al bueno de Brad, pero tres finales y un título desde 1986 se antoja demasiado poco para esta franquicia. 

El hueco en el techo del Garden espera decisiones valientes.

14 de agosto de 2022

Don William Fenton Russell (1934 - 2022)

Hace unos días falleció William Fenton Russell, Bill Russell, estrella de los Boston Celtics en la década de los cincuenta y los sesenta del pasado siglo, once títulos de campeón en trece temporadas. O lo que es lo mismo, el mayor ganador de la historia del deporte profesional norteamericano. 

Su palmarés, aparte de eso, es impresionante: 

  • 12 veces All-Star (solo falló en su temporada de novato, que acometió con retraso por estar ocupado ganando el oro en los JJOO de Melbourne)
  • 4 veces máximo reboteador de la NBA (no lo sería más porque coincidió con una anomalía todavía mayor que la suya, un señor de 2,16 m llamado Wilt). 
  • 10 temporadas promediando más de 20 rpp
  • 11 veces All-NBA
  • 5 veces MVP (empatado con Michael Jordan en el segundo lugar / Kareem 6 MVP)
  • 17 triples dobles
  • 2º máximo reboteador de la Historia de la NBA (21.620 / Wilt 23.924)
  • 2º mayor promedio reboteador de la Historia de la NBA (22,5 / Wilt 22,9)
  • 51 rebotes en un partido
  • 2º en promedio de minutos jugados en toda su carrera (42,3 / Wilt 45,8)
  • Record en series de play-offs: 27-2
  • Nunca perdió un 7º partido en las eliminatorias por el campeonato
  • Hall of Fame
  • Miembro de los equipos históricos de la NBA

 


Estos son solo algunos de los logros de un chico que cambió la historia del baloncesto promediando apenas 14 ppp, pero que fue la cabeza visible de una máquina de triturar rivales. Solo Bob Pettit (1957) y Wilt Chamberlain (1967) pueden presumir de haber vencido al Señor de los Anillos. 

Se podría hablar y no parar, empezando por la rocambolesca historia de su llegada a Boston que ayudó a fundamentar el mito de Red Auerbach como genio de este deporte. 

Se podría también intentar minimizar su impacto diciendo que en aquella época era más fácil sobresalir. Puede ser cierto, pero no lo es menos que todas las épocas tienen sus dominadores y que Russell se enfrentó con muchos de los más grandes de la Historia: Bob Pettit, Dolph Schayes, Oscar Robertson, Jerry West, Wilt Chamberlain, Walt Bellamy, Nate Thurmond... 

 

El joven aficionado, el escéptico o la mezcla de ambos puede bucear por YouTube y encontrar videos de Bill Russell. Seguro que se sorprenderá al ver un jugador atlético y rápido, comparable a los mejores atletas de hoy, capaz de coger un rebote en defensa, correr toda la pista botando el balón y saltar casi desde la línea de personal para dejar una bandeja. 

Su mentalidad, su carácter, su liderazgo, le ayudaron a acumular éxitos. Fue el primer entrenador afroamericano en la historia del deporte profesional (sus dos últimos títulos los ganó en la doble faceta de entrenador y jugador). 

Pero sus logros fuera de las pistas fueron aún más importantes, siempre luchando por la igualdad de derechos raciales y sufriendo en silencio la paradoja de ser una estrella negra del deporte, idolatrado en una ciudad que era de las más racistas de los Estados Unidos (parece mentira, la cosmopolita Boston). 

 

 

Estuvo presente en la jornada mágica del doctor King y también junto al joven Cassius Clay cuando renunció a alistarse a la guerra de Vietnam. Renunció a galardones que consideraba no apropiados recibir mientras otros pioneros no habían aún sido reconocidos por sus aportaciones. 

En resumen, don William Fenton Russell es una de esas pocas personas que en una generación trascienden su esfera de influencia y se convierten en iconos culturales y de rol. 

Poco a poco, fruto del inexorable paso del tiempo, las leyendas de los arrogantes verdes se reúnen de nuevo en otros campos de juego: los de la inmortalidad y el recuerdo eterno.

27 de enero de 2020

Kobe también se fue

Dicen que para entrar en la categoría de mito hay que vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. 

Kobe Bryant ha fallecido ayer, sin haber cumplido los 42 años, víctima de un accidente con el helicóptero privado en el que viajaba. Con él iba su hija Gianna, de 13 años, y siete ocupantes más. El mal tiempo parece la causa más probable del accidente, provocando el choque del helicóptero con una colina en la localidad californiana de Calabasas y el posterior incendio de los restos. No hubo supervivientes. 

Kobe Bryant, cinco veces campeón de la NBA, dos veces oro olímpico (ambas frente a nuestro Equipo Nacional), dos veces máximo anotador, cuarto anotador histórico tras Kareem, Karl Malone y Lebron James, 18 veces all-star, 33 veces jugador de la semana, 16 veces jugador del mes, 81 puntos en un partido, 60 puntos el día de su retirada.... Un extraordinario palmarés que vale por sí solo para hacerle un enorme lugar en la Historia del Baloncesto. 

Su desaparición prematura, en la flor de la vida, le asciende directamente al Olimpo de los más grandes. 

Nunca fue santo de mi devoción, con ese ansia anotadora, siendo un tirador más de volumen que de eficiencia, y un ego que desbordaba todos los límites. Siempre a la caza de ese gigante de sombra infinita que es Michael Jordan. A pesar de todos sus esfuerzos fue incapaz de escapar de unas comparaciones que nunca le fueron favorables al de Los Ángeles. Seguro que ese afán de mimetizar la estética del ídolo acabó pesando como una losa que fue imposible levantar. 

Por supuesto que, siendo yo un celtic reconocido y orgulloso de serlo (no podría ser de otra forma), que Kobe fuera un icono de púrpura y oro durante casi dos décadas no le ayuda.  

Pienso también que la iniciativa para cambiar el logo de la NBA es desproporcionada. Jerry West es tan digno o más que nadie y no merece un agravio semejante.

Pero esa animadversión no me impide ver la categoría deportiva del personaje, como tampoco puedo dejar de sentir el enorme hueco que deja. Pocos jugadores pueden presumir de su palmarés ni de ser una imagen reconocible en todo el globo. 


Siempre juntos



27 de abril de 2019

Havlicek stole the ball!

Hoy le quito el polvo a esta bitácora de 24 segundos, que dedico al baloncesto, ese deporte que tanto me apasiona. 

Ya he dicho por aquí que, en cuanto a baloncesto norteamericano se refiere, mis prefrencias están del lado de los equipos de la cosa Este en general y de los Celtics de Boston en particular. Me siento identificado con todo lo que representa esta franquicia, en cuanto al trabajo en equipo, juego coral, esfuerzo colectivo y, por supuesto, su orgullo. 

Los Celtics de Boston han dado minutos de juego a catorce de los cincuenta mejores jugadores de la NBA. Incluso si quitamos a aquellos que han jugado más bien poco o en el ocaso de sus carreras (Shaquille O´Neal, Dave Bing, Pete Maravich, Bill Walton y Nate Archibald), aún quedan nueve. Casi el veinte por ciento. 

Ayer nos dejó uno de ellos: John Havlicek. 



Tenía 79 años y llevaba varios años enfermo de parkinson. Y siempre quedará en el recuerdo de los aficionados de los Celtics. 

Llegó al equipo en 1962 y se retiró en 1978. Le dio tiempo a ganar 8 campeonatos y fue el nexo de unión entre la primera época gloriosa, aquella de los 11 títulos en 13 años, y la segunda, que fue capaz de ganar los títulos de 1974 y 1976 en una década en que la igualdad era máxima. 

Havlicek, por su juego sacrificado, encajó desde el inicio en la exitosa plantilla: gran defensor, duro y con una capacidad física espectacular, daba lo necesario para que el equipo ganara. Era el sexto hombre que Red Auerbach primero, y Bill Russell después, necesitaba para mantener el nivel de exigencia del quinteto titular y que, de forma paulatina pero irremediable, acababa con la resistencia de los rivales. 

Pero Havlicek tenía la calidad suficiente para tomar un puesto en ese quinteto titular, toda vez que el tiempo fue retirando de forma inexorable a las estrellas. 



Dejó un momento memorable en las finales de la conferencia Este de 1965: su robo de balón en los últimos minutos del séptimo partido, jugando en el vetusto Boston Garden y que permitió la victoria de su equipo 110-109 y dejando a los Sixers con un palmo de narices. Los Orgullosos Verdes sobrevivieron a una serie brutal y a un Chamberlain que promedió más de ¡30 puntos y 30 rebotes por partido!



Como también fue memorable la ovación de la afición en su último partido con la zamarra de los Celtics. 



Sigue siendo hoy en día el máximo anotador de la historia de la franquicia, por delante de jugadores como Larry Bird, Kevin McHale o Paul Pierce. 

1.270 partidos (más 172 de play-offs)
26.395 puntos (20.8 ppp)
8.007 rebotes  (6.2 rpp)
6.114 asistencias (4,7 ppp)
13 veces All Star
8 veces campeón de la NBA
En el NBA Hall of Fame desde 1984

Descansa en paz, Hondo.  




3 de agosto de 2018

Terremoto en la NBA

Tengo muy abandonado este blog de Veinticuatro segundos y hay muchas, demasiadas, cosas que debería comentar. Pero hoy me centraré solo en el terremoto que hace unos días ha sacudido a la NBA: el fichaje de LeBron James por los Lakers. 

Estaba (casi) cantado. A pesar de haber llegado a las Finales, los Cavaliers no eran un buen equipo. Salvo LeBron y Kevin Love, poco más ha habido. Tanto, que James ha batido el record de partidos de cuarenta puntos o más para poder llevar a su equipo a cotas tan altas, consiguiendo batir al campeón de la Conferencia Este (Raptors) y posteriormente a unos Celtics muy mermados que, aún y así, forzaron un séptimo partido en el Garden (ha sido, por cierto, la primera vez en la historia de la liga en que los Celtics son eliminados en una eliminatoria que comenzaran ganando 2-0). 


Tú dame el balón, quítate de en medio y dile a tu
padre que tenga la boca cerrada. Del resto me encargo yo.


Un James de 33 años y quince temporadas a sus espaldas. Casi 39 minutos de media en 1.143 partidos de temporada regular (42 minutos de media en 239 partidos de eliminatorias). Mucho kilometraje en las piernas. 

Pero LeBron James es con seguridad el mejor jugador del mundo hoy en día. O, si no lo es, el que más impacto tiene individualmente (más que Curry, más arropado por otros tres fenómenos). Y lo es porque,  a pesar de todos los datos demoledores de minutaje y carga física, ha sido capaz de promediar esta temporada más puntos que su media de carrera. No solo eso, ha igualado su mejor marca reboteadora de siempre (8,6 capturas) y ha registrado su mejor media de asistencias de su carrera (9,1 pases de canasta), estableciendo en este último apartado un record para un alero (ni Larry Bird ni Scottie Pippen, los hasta ahora paradigmas de eso que los yanquis llaman point-forward, lograron siquiera acercarse). 

Item más, esta decimoquinta temporada es la primera en la que LeBron James juega los 82 partidos de la temporada. 

En fechas recientes hemos visto un estudio que indica que James dosifica su esfuerzo como nadie. Pasa caminando casi el 80% del tiempo que está en la cancha, pero lo que hace el 20% restante está al alcance de muy pocos. Además, visto lo visto, si las lesiones le respetan, no es previsible un paso atrás en su juego en al menos dos o tres años, tras los cuales debería venir un progresivo crepúsculo. Pero, amigos, ese crepúsculo tendrá más luz que el mediodía del 90% de los jugadores.

O sea, los Lakers se convierten automáticamente en un candidato a las eliminatorias por el título, aunque no directamente en un candidato al título. Hay mucha pólvora en el Salvaje Oeste y los Warriors siguen siendo, de lejos, el mejor equipo de la Liga (hablaremos también de lo que significa el fichaje de Demarcus Cousins). Es más, los Lakers tendrán difícil plantarse en la Final de Conferencia, a poco que los Rockets tengan una temporada decente. 

¿Qué significa todo esto para el resto de la Liga?  Los Celtics se convierten, también de manera automática, en el mejor equipo de la Conferencia Este. Y se prevé que mantendrán duelos encarnizados con los Sixers de Filadelfia por plantarse en las Finales durante al menos un lustro, si no más tiempo. Como a principios de los ochenta. Vieja escuela.

1 de mayo de 2017

Hasta siempre, Paul

19 temporadas
1.343 partidos de temporada regular (170 partidos de play-offs)
10 veces All-Star
4 veces en mejores quintetos de la NBA
> 26.000 puntos
> 7.500 rebotes
> 4.500 asistencias
> 1.750 robos
1 vez campeón de la NBA con Boston Celtics
1 vez finalista de la NBA con Boston Celtics
#34

Con la eliminación de Los Angeles Clippers (un equipo que merece una entrada por sí mismo), la carrera de Paul Pierce ha llegado a su fin. No pensaba que iba a llegar a tanto cuando los Orgullosos Verdes le eligieron en el puesto 10 del draft de 1998, pero ha superado todas las expectativas. 

He jugado con estos tíos


Un tío que las ha visto de todos los colores en Boston, desde los sótanos de sus inicios, pasando por momentos fugaces de gloria cuando compartía vestuario con Antoine Walker (finalistas de conferencia contra los Nets de Kidd en 2003) y se tiraba más de seis triples por partido (con un 40% de acierto, ojo), la travesía del desierto y los gloriosos tiempos del Big Three. 

Un tío que ha superado un grave apuñalamiento en los inicios de su carrera. 

También con estos


Un tío que ha soportado la mística de los Celtics sobre sus hombros (y los de Garnett), que supo dar un paso atrás y ser uno más para llegar a tocar la Gloria. 

Un tío que, años después de comenzar su declive, supo luchar y conseguir a base de inteligencia lo que el físico ya no podía darle.

Me retiro con estos

Un tío que nunca, nunca, nunca debió salir de Boston (aunque su fichaje y el de KG por los Brooklyn Nets ha dado a los Celtics un buen puñado de primeras rondas del draft en puestos más que interesantes). 

En definitiva, un tío que representa el baloncesto old-school como nadie.  

pero... I´m a Celtic


Por todo esto, gracias, gracias y más gracias.

11 de noviembre de 2016

25 años sin Magic

Hace unos días se cumplieron veinticinco años de la rueda de prensa de Magic Johnson en la que anunciaba que era seropositivo. 

Fue un anuncio demoledor. En aquella época, todos los relacionados con el SIDA acababan falleciendo, antes o después, totalmente demacrados y habiendo sufrido por la larga lucha contra la enfermedad. No hay más que recordar los últimos días de Rock Hudson o de Freddie Mercury. 

El AZT era el único fármaco disponible que parecía evitar el avance demoledor de la enfermedad, a costa de castigar el cuerpo como si se tratara de quimioterapia o radioterapia. 

Magic, en su plenitud, con sus inconfundibles rodilleras

En resumen, la noticia fue un golpe total y absoluto. Un antes y un después, porque hasta entonces yo había crecido con la rivalidad por antonomasia de la NBA. Un Lakers-Celtics era mucho más que un partido, y aunque llegué algo tarde para disfrutarlos en su plenitud, las ocasiones en que Ramón Trecet narraba una de estas batallas sobre parqué eran muy especiales. 

El deslumbrante Showtime de los Lakers contra el trabajo sordo de los Celtics. El chico negro de la sonrisa deslumbrante contra el blancucho rubio de mirada torva. Los dos en pos de un mismo objetivo, el reconocimiento como mejor jugador del mundo materializado en un anillo de campeón. 

Mis simpatías siempre estuvieron con el blancucho, pero tengo que reconocer que la sonrisa de aquel base de más de dos metros e imponente corpachón tenía su aquél. Y cuando le veías galopar al contraataque, flanqueado por Worthy o Scott, y pegaba esos latigazos al balón, pases picados y demás, el baloncesto era muy bonito. 

El cambio físico, más que evidente

 Más de dos décadas después, Magic Johnson continúa vivo y su sonrisa intacta. Después de su retirada, un All-Star de ensueño y unos JJOO todavía más alucinantes, intentó volver para toparse de lleno con la intolerancia de otros (Karl Malone, te miro a ti). A pesar de eso volvió, ya en 1996, reconvertido en ala-pivot, con 36 años y muchos kilos de más, promediando estadísticas más que decentes para su edad. 

Aún hoy es un icono del mundo del deporte en particular y de la sociedad en general. Ejemplo vivo de aquellos maravillosos ochenta, pero además comprometido con diversas causas sociales. Para siempre nos quedará su ética de trabajo, su competitividad y su respeto por el rival. Porque en estos días en los que las estrellas NBA son gran parte muestra de soberbia y ego, Magic no tuvo malos gestos para el rival, sino que su mera superioridad era suficiente para hablar sobre la cancha. 

Aquellos tiempos fueron, sin duda, mejores.

La imagen de una época


19 de abril de 2015

Comienza lo bueno

Ya están aquí.

De hecho, ya han empezado ayer: son los playoffs de la NBA. Las eliminatorias por el título más abiertas de los últimos años, sin favoritos claros y plagados de nuevos chicos en el barrio que pretenden hacerse respetar. La cosa es si lograrán hacerlo o tendrán que esperar un año más. 

Mi pronóstico va así:

Atlanta (60-22) - Brooklyn (38-44): el juego coral de los Hawks no debería tener problema en derrotar a unos Nets que se han metido de casualidad en las eliminatorias por el título y que dependen en exceso de Brook López, Joe Johnson y Deron Williams. Debería ser una victoria clara de los de Georgia, quizá un 4-1.

Cleveland (53-29) - Boston (40-42): aquí no puedo ser objetivo. Cleveland ha pasado por fases de juego desastrosas, pero se han repuesto bien coincidiendo con la mejora de las prestaciones de Lebron, la llegada de Mozgov y de JR Smith. Love ha sido más bien un fracaso. Enfrente estarán los Boston Celtics, por los que nadie daba nada pero que han llegado a las eliminatorias en una temporada en que se han deshecho de Jeff Green y de Rajon Rondo, acelerando lo que parecía un proceso de reconstrucción a las bravas. Pero el grupo de chavales de Brad Stevens ha conseguido quince victorias más que el año pasado y ha mejorado mucho con el pequeño Isiah Thomas. Será una eliminatoria para que los orgullosos verdes maduren y en la que no tienen nada que perder. Si aprovechan la inercia del fin de temporada, podrían poner las cosas difíciles. Probablemente Cleveland ganará por la vía rápida, 4-1. 


Los orgullosos verdes confían en Brad Stevens


Chicago (50-32) - Milwaukee (41-41): en Chicago ha vuelto Rose y los titulares están sanos. Pero Thibodeau los ha sobreexplotado y habrá que ver cuánto minutaje les queda en las piernas. Gasol ha tenido una temporada memorable a sus 34 años y Mirotic, mal que me pese, ha tenido varios momentos de gran inspiración y un mes de marzo tremendo. Enfrente unos Bucks que también han sorprendido pero que se han venido un poco abajo al final y que tienen poco que ofrecer aparte del Greek freak, Giannis Antetokoumpo. Mérito de Jason Kidd en su segunda temporada como entrenador. Demasiado poco se me antoja. Chicago 4-1.

Toronto (49-33) - Washington (46-36): dos de las sorpresas agradables de esta temporada, aunque los capitalinos parecen un equipo más hecho y con un quintento titular (Wall, Pierce, Beal, Nene, Gortat) mucho más sólido que los canadienses. Sobre el papel debería ser la eliminatoria más reñida y mi pronóstico es de 4-3 para los Wizards. 

Warrios (67-15) - Pelicans (47-35): un crédito tremendo para Steve Kerr que ha firmado la mejor campaña de un debutante de los banquillos y que ha pulverizado el record de victorias de la franquicia. Stephen Curry debería ser el MVP, siendo el mejor jugador del mejor equipo de la Liga con bastante diferencia sobre los demás. Los Pelicans tienen bastante con aprender y mejorar, y llegarán hasta donde les lleve Anthony Davis. Warriors 4-1

Houston (56-26) - Dallas (50-32): Harden ha tenido una temporada bestial y solo un tremendo Westbrook ha podido arrebatarle el título de máximo anotador. Pero la temporada de Dwight Howard no ha sido muy buena y se les ve como un poco solos en el equipo. Enfrente Dallas, en el que Nowitzki ya no es el que era, que han empeorado mucho desde la llegada de Rondo y que el añadido de Chandler Parsons no les ha dado el salto de calidad que esperaban. Viene a ser un enfrentamiento de quiero y no puedo, porque cualquiera de los dos no debería llegar muy lejos. Difícil pronóstico, pero digamos Houston 4-3.

Clippers (56-26) - San Antonio (55-27): una pena para los Clippers, pero enfrente tendrán a unos Spurs que han ganado más de cincuenta partidos en la temporada por decimosexta vez consecutiva y que han tenido un par de meses finales de lo mejorcito que se les recuerda. Como siempre, llegan con el minutaje contado por ese relojero que es Popovich. Parece que Paul y Griffin son demasiado poco, así que habrá que ver lo que aporta DeAndre Jordan. Yo diría Spurs 4-2. 

Portland (51-31) - Memphis (55-27): otros dos equipos que han ido de más a menos en la temporada. Tanto unos como otros llegan con unas sensaciones que no son del todo buenas y habrá que ver cómo se desarrollan los  primeros choques. Quien sepa parecerse más a su mejor versión, ganará. Y en eso tienen ventaja los Grizzlies, con un poderoso y versátil juego interior que debería darles ventaja. Memphis 4-2.

 


21 de diciembre de 2014

Hito histórico

Esta semana, por fin, Kobe Bryant ha superado a Michael Jordan en la lista de anotadores históricos de la NBA. Se ha puesto tercero, solo por detrás de Karl Malone y Kareem Abdul Jabbar, que parecen lógicamente inalcanzables (está a unos 4.000 puntos del Cartero y a unos 6.000 puntos del gran Kareem). 

Pero mientras Jordan lo consiguió en poco más de 1.000 partidos, Kobe ha necesitado doscientos partidos más. O, lo que es lo mismo, la media del primero es de 30,1 ppp y la de Bryant es de 25,4 ppp.

El secreto es, pues, más que la calidad técnica, tener la suerte de disponer de una longevidad deportiva a prueba de bomba. En el caso de Bryant, está en su decimonovena temporada y hasta hace un par de años no ha sufrido lesiones de gravedad. 

Por desgracia para él, no parece que pueda sustentarse lo suficiente para asaltar los primeros puestos de la lista, pero por lo menos ha superado en algo a Jordan. 

 
De repente me dio un dolor en el codo y me dije: venga, un tiro más y lo dejo...
Y así hasta hoy, tío


Arvidas Sabonis, quizá el mejor jugador nacido en Europa, ha cumplido esta semana cincuenta años. Mucho se ha escrito y especulado sobre lo que pudo haber sido de no haber tenido esa maldita lesión del tendón de aquiles. Hay quien dice que hubiera podido ser el mejor pivot de la historia de este juego. 

¿Te imaginas, si hubiera tenido dos piernas?


Los Boston Celtics han traspasado a Rajon Rondo a Dallas Mavericks, desmantelando el grupo que fue campeón en 2008 y subcampeón en 2010. A cambio, han obtenido morralla y un par de elecciones en los próximos draft. La reconstrucción sigue, acumulando talento joven. Hoy ocupan la octava plaza del Este, pero con un diferencial de puntos equivalente al sexto puesto. La falta de experiencia ha provocado que algunos partidos igualados hayan caído del lado equivocado. Brad Stevens continúa haciendo un buen trabajo como entrenador. 


¡Que te he dicho que me voy a Dallas!


Por último, el Real Madrid parece haber perdido el norte. Cuatro derrotas en el último mes, dos de ellas en Liga, hacen surgir las dudas. El ataque continúa siendo superior a la media, pero la defensa ha bajado enteros. Laso ha perdido la confianza de la directiva y, quizá, de los jugadores. Si acaba la temporada no parece que vaya a volver el próximo año. 

Casi no llego al turrón...



23 de mayo de 2014

Si hubiera justicia en el mundo (II)...

... Tim Duncan y los San Antonio Spurs deberían ganar un anillo de campeones más, antes de la retirada del que probablemente sea el mejor PF de la Historia.

Desde que San Antonio drafteó al joven Timmy, no ha habido temporada en que el equipo no se clasificara para los play-offs, y en solo una ocasión no llegaron a las cincuenta victorias (precisamente en el curso 98-99, la del cierre patronal, la de la temporada regular de 50 partidos). 

El trío Duncan-Parker-Ginóbili es el que más triunfos en postemporada tiene. 

El trío Duncan-Parker-Ginóbili es el segundo con más triunfos en temporada regular tiene, por detrás de Bird-McHale-Parish. Presumiblemente, con solo permanecer juntos un año más, los superarán.

Los Celtics de los años ´50 y ´60 fueron los pioneros del juego en equipo, la búsqueda del compañero mejor situado, el esfuerzo en defensa y la voluntad de los campeones. Esa filosofía ha marcado hasta entonces a la franquicia de Boston. Como ejemplo, ningún jugador celtic ha sido máximo anotador de la liga.

No hacen falta florituras. No hay lugar para las malas actitudes. Solo baloncesto, fácil, sobrio y efectivo.

Así son también los San Antonio Spurs de la era Duncan.


23 de noviembre de 2013

¿Y si Danny Ainge tenía razón?

Recordaréis que no me tomé muy bien la decisión de prescindir de dos mitos del Garden como Paul Pierce y Kevin Garnett. 

El primero es el segundo anotador de la historia de los Celtics, después de un tal John Havlicek. El segundo, fue el motor interno durante el quinquenio dorado que constituye la historia más reciente de la franquicia. Ambos son futuros seguros integrantes del Salón de la Fama. Y ambos hicieron una más que decente temporada 12/13.

Pero también suman 72 años entre los dos y más de 25 millones de dólares en salarios, además de más de 2.300 partidos de temporada regular. Con ellos de verde, el presente y el futuro cercano de la franquicia estaban más que comprometidos. 

Danny Ainge tomó una decisión traumática y que yo no comparto, pero ¿y si tenía razón?



Los Celtics están huérfanos de un go-to-guy hasta que llegue Rondo (que tampoco lo es) y tienen un balance triste de 4-10 (seis derrotas consecutivas). Pero KG y PP no viven mucho mejor en los Nets, el equipo más caro de la NBA en salarios ahora mismo, con un aún más triste balance de 3-8. 

Sus estadísticas además distan años luz, no ya de la media de sus carreras, sino de los promedios de hace apenas unos meses. A KG parece haberle alcanzado el tiempo de una forma repentina, y a Pierce también, aunque en menor medida. 

Así que, ¿qué sería de los Celtics con estas dos leyendas a su nivel actual? Poco habría cambiado, sin duda, el panorama. 

Pero ahora tenemos futuro.


3 de noviembre de 2013

Claros y oscuros

Comenzada la temporada, veo que las cosas van a ir de diferente forma a ambos lados del Atlántico.

El Real Madrid ha comenzado como una moto, con más de 90 puntos anotados por partido tanto en la ACB como en la Euroliga, imbatido en ambas competiciones y con victorias por un margen medio de 24 puntos (creo que la más ajustada ha sido un +7 en la competición doméstica), con Sergio Rodríguez ampliando el estado de gracia que sufre desde la final ACB de 2012, un arranque descomunal del montenegrino Mirotic y la confirmación de que el fichaje de Bouroussis ha sido de lo mejor que vamos a ver este año.

El Madrid tiene tantas armas, y tan variadas, que vence sus partidos por agotamiento del rival, físico y psíquico. No resulta fácil competir contra un equipo que en cada cuarto anota entre veinte y veinticinco puntos y que va a llevar el marcador final al entorno de los cien puntos. Es un estilo a la Selección Española de 2006, con un inmenso talento ofensivo y una aplicación en defensa fuera de toda duda (ahí sigue siendo fundamental Slaughter, al que se suma el recién llegado griego).

O sea, que la cosa no pinta nada mal de momento. 

Otra cosa es lo que pasa al otro lado del charco, en Boston, Massachussets. A los Celtics le espera una larga temporada cargada de sinsabores, a lo que se ve. Un balance muy negativo en pretemporada (2-5) ha sido el preludio de un comienzo nada esperanzador en la Liga. 

Derrota ante Toronto (con un preocupante -15 en el aspecto reboteador) y otra en casa ante los Bucks de Milwaukee tras encajar un parcial brutal en el último cuarto. Huérfanos de dirección sin Rajon Rondo y con veteranos de vuelta de todo como Gerald Wallace, la cosa pinta muy fea. 

En estos primeros compases de la temporada vemos que el mejor jugador es Vitor Faverani (que tampoco era nada del otro mundo en la ACB) y que el novato Olynik no está teniendo demasiados minutos. Avery Bradley no es un base y Phil Pressey un novato demasiado verde. 

Tocará sufrir, a pesar de que la afición esté con el equipo y apoye la reconstrucción, cimentada en nueve elecciones del draft en los próximos cinco años. 

Pues eso, claros y oscuros.

13 de julio de 2013

Se confirma la despedida

Allá por el final de la temporada 2006-2007, los Boston Celtics deambulaban por el sótano de la División Atlántica. Demasiado duro para un equipo acostumbrado a la gloria, aunque en los últimos años haya llegado con cuentagotas.

Danny Ainge no lo dudó. 

Primero se trajo a Ray Allen desde Seattle. Uno de los mejores tiradores de siempre llegaba a los Orgullosos Verdes para hacer valer su muñeca.

Pero lo verdaderamente grande estaba por llegar. Y es que poco después se anunciaba el megatraspaso que traía al gran Kevin Garnett a cambio de lo que era, prácticamente, la mitad del equipo de Boston, incluido el prometedor Big Al Jefferson, que era una de las pocas alegrías que hubo en tan aciaga temporada.

Nacía así la era del Big Three, de Paul Pierce, de Kevin Garnett y de Ray Allen, y de un equipo que había sido para ganar. Para ganar ya. 

Y así fue. Sesenta y seis victorias en temporada regular fueron el preludio de una trayectoria victoriosa por los Playoffs de 2008 hasta colgar el título 17 del techo del TD Garden, veintidós años después del último título y veintiún años después de la última final.

Desde entonces, salvo la temporada pasada y la anterior (por el cierre patronal), Boston superó las cincuenta victorias. Añadamos un subcampeonato en 2010 (desperdiciando un 3-2 a favor y 13 puntos de ventaja en el último cuarto del séptimo partido en Los Ángeles) y otra final de conferencia en 2012, desperdiciando otra vez un 3-2 favorable ante los Miami Heat y obligando a dos portentosas actuaciones de Lebron James para llegar a la final. 

Mientras tanto, Allen, Pierce y Garnett iban envejeciendo y mostrando el orgullo que tanto derrochamos en Boston. 

Luego, Ray traicionó a la causa para ganar otro anillo como especialista exterior.

Y, ahora, Pierce y Garnett son traspasados a Brooklyn a cambi de Humphries, Gerald Wallace y un buen puñado de elecciones en los próximos drafts.

No voy a engañaros. No me gusta nada lo que han hecho en las oficinas de Massachussets. Pierce y Garnett son historia viva de Boston y deberían haberse retirado con la zamarra verde de los Celtics. Ver sus números colgando del Garden, como los de tantos otros astros de nuestro amado baloncesto (Cousy, Russel, Heinsohn, Cowens, Havlicek, Jones, White, Parish, McHale, Bird... solo por nombrar unos pocos, pues nadie tiene una constelación como la de los Celtics). 

No me gusta nada. Deberíamos haberlos mantenido en el equipo, aún sabiendo que de esta forma no podríamos competir con los grandes. Pero habríamos mantenido el señorío. 

Por lo menos, los Celtics han comprado ayer una página entera del Boston Globe, como agradecimiento a los años de servicio de estos dos grandes. 



No obstante, no es suficiente.


17 de junio de 2012

Fin de una era

No pudo ser.

A pesar de llegar a ir 3-2 y conseguir la posibilidad de cerrar la Final de Conferencia en el Garden, el más brutal LeBron James que se ha visto nunca ha impedido a los Celtics de Boston volver a hacer Historia. 

El partido del Garden terminó con victoria clara para los Heat, así que la serie volvía a Miami para un séptimo partido en el que ya todo el mundo daba más o menos favoritos a los Heat. Nadie pensaba que los viejos Celtics pudieran ser capaces de hacer la machada una segunda vez.

Me quedé a ver el partido por la tele, a altas horas de la madrugada. Y vi lo que ya se suponía: dos equipos que iban a marchas distintas. Por un lado, los Celtics desplegaban oficio, a falta de piernas, para mantenerse en el partido. Por el otro lado, los Heat volaban sobre el parquet. Hasta que la gasolina se agotó en el depósito de los arrogantes verdes, y con ella la esperanza de volver a las Finales.

Queda ahora una importantísima toma de decisiones, de la que dependerá el futuro de la franquicia a corto y medio plazo. 

Los hechos son que los Celtics necesitan imperiosamente reducir masa salarial y que sus elecciones en el draft son la 21 y la 22 de la primera ronda (lo que limita la calidad disponible en esos momentos). Y, no lo olvidemos, solo Pierce y Rondo tienen contrato en vigor de los cuatro magníficos.

Lo bueno, la vuelta de Avery Bradley, que ha demostrado un gran crecimiento este segundo año (a pesar de que para jugar de escolta es bastante pequeñito y para jugar de base no parece tener creación de juego), y la vuelta de Jeff Green tras los problemas cardíacos que le han impedido jugar esta campaña (como estas cosas son como son, esperemos que no se tuerza y se vea obligado a retirarse). Ambos habrían cambiado bastantes cosas en esta temporada tan dura, y servirán para rejuvenecer la plantilla el año que viene.

En cuanto a Garnett y a Allen no tengo dudas. Les ofrecería el mínimo de veteranos a ambos por seguir una temporada más. Creo que Garnett volverá, pero Allen parece querer probar fortuna en otro sitio. Aunque es el que más ha notado el paso del tiempo, nos vendría muy bien para salir del banquillo y ofrecer 20-25 minutos de su excelso tiro. 

En cualquier caso, si uno de los dos no volviera, tendrían los Celtics unos cuantos dólares a ofrecer a algún agente libre, aunque en este año no parece que haya muchos de calidad donde elegir. Quizá Ersan Ilyasova, el supuesto turco de edad indeterminada pero indiscutible calidad. 

Se avecinan años complicados de los que esperemos tardemos menos en salir que la última vez (recordemos, 22 años sin levantar un título, 21 sin llegar a unas Finales, una sola Final de Conferencia en todo ese tiempo). 

Miguel Ángel Paniagua escribió una columna en Gigantes allá por 1988, tras la eliminación de los míticos Celtics de Bird a manos de los Pistons de Detroit. Hoy las hago mías:

Nada es eterno, ni siquiera la grandeza. Pero el lugar en la Historia no se lo puede quitar nadie.