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25 de agosto de 2021

Tokyo 2020: punto y aparte

Ya han pasado unas semanas desde el final de los JJOO de Tokyo, en el que el resultado final ha sido decepcionante, aunque esperado por otra parte. 

Un torneo el de este 2021 (aunque se mantuviera el nombre de Tokyo 2020) que ha sido raro desde el principio. El cambio del sistema de juego no me acaba de convencer. En lugar de dos grupos de seis equipos, las selecciones nacionales se dividen en tres grupos de cuatro, para clasificarse los primeros y segundos de cada grupo y los dos mejores terceros. La única nueva norma que veo positiva es la que indica que los cuartos de final se realizarán mediante sorteo (no puro, pues no juegas contra aquellos clasificados de tu mismo grupo). 

Confieso que no tenía demasiadas esperanzas después de que Eslovenia cayera en nuestro grupo. No veía al Equipo Nacional capaz de doblegar a la pujante estrella de Luka Doncic. No me equivoqué. Una derrota marcada por la debilidad del juego interior, la (peligrosa) dependencia de Ricky Rubio y un más que evidente deterioro físico del equipo. El planteamiento de Scariolo fue, una vez más, magistral. Gracias a él, a Ricky Rubio y a Claver, España mantuvo la cara al partido hasta casi el final, pero las segundas opciones de Eslovenia y las ametralladoras de Cancar y Prepelic nos abocaron al segundo puesto. 

 

Hasta aquí hemos llegado
 

El sorteo, cruel, nos enfrentó a Estados Unidos en un partido que no podíamos ganar, como así se demostró. Otra vez Ricky, record de anotación en unos JJOO con 38 puntos, apoyando esta vez en Sergio Rodríguez y Willy Hernangómez, las notas positivas. Otra vez el planteamiento de Scariolo. Una vez más, derrota ante los USA Boys. Nada nuevo, puesto que desde Indianápolis 2002, nuestros enfrentamientos en los grandes campeonatos se han saldado con una derrota más o menos ajustada. No olvidemos que en ambos Mundobasket cuyas estrellas adornan el escudo de la FEB, fueron otros los que hicieron el trabajo sucio. 

A las chicas les pasó algo parecido aunque me parece que más doloroso, tras una primera fase bastante solvente tras la que quedamos primeras de grupo. Buenas sensaciones al vengarnos de Serbia, pero Francia esperaba en el camino. Mal partido, casi siempre a remolque aunque con opciones. Una serie de malas decisiones finales y de mala suerte nos dejó fuera de las semis. 

Estos JJOO dejan una serie de titulares:

  • Estados Unidos aprende a sufrir para ganar, aunque necesita de una superestrella dominante en el baloncesto FIBA. Kevin Durant está varios escalones por encima del resto y eso bastó para solventar la papeleta. Damian Lillard, por otra parte, distó mucho de su versión NBA y no se adaptó al juego internacional. 
  • Por fin se hace justicia con Australia. Tras varios años de muy buen baloncesto sin lograr premio (muchas veces fue España quien cerró la puerta con estrépito). 
  • Francia mantiene el nivel competitivo mientras se va renovando el equipo. Vincent Collet continúa siendo uno de los mejores. La victoria ante EEUU en la primera jornada marcó todo el campeonato. Supieron sufrir hasta el final y mantener opciones de llevarse el oro. 
  • Doncic es como Nowitzki. Una supernova en medio de un erial. Siendo justos, Eslovenia es bastante mejor equipo que cualquiera de los que acompañó a Nowitzi en sus mejores tiempos. Una federación inteligente, nacionalizando a Tobey que hizo un campeonato de libro. Luka fue claramente de más a menos en el campeonato y ante Francia llegó al final claramente fundido. Aún así, dominador. La decisión de pasar a Prepelic en lugar de jugársela, impecable desde la lectura de la jugada. 

 

Se te va la pinza, muchacho


Para España masculina: 

  • Victoria decente ante Japón. Otra ante un equipo argentino en peores condiciones todavía que el nuestro. Dos derrotas ante Eslovenia y Estados Unidos. El balance global no es bueno y se parece demasiado a los años oscuros de la década de los noventa en los que se encadenaban decepción tras decepción en unos campeonatos que demostraban que el baloncesto español no era competitivo .
  • Pau Gasol no estaba en condiciones para unos JJOO. A pesar de algunos momentos de esperanza con el Barcelona, no logró mantener las sensaciones en Tokyo. Superado por los interiores eslovenos, una imagen dolorosa por su significado fue su incapacidad para superar a Devin Booker al poste, sacándole casi 25 cm. Su imagen sentado en el banquillo en los últimos minutos de los partidos ante Eslovenia y EEUU, él que siempre ha superado toda adversidad, resulta demasiado dura para su trayectoria y para los que le hemos admirado durante dos décadas.
  • Algo más inesperada ha sido la forma en la que Marc Gasol se ha venido abajo en apenas dos años. No porque no hubiera dado señales (sus dos últimas temporadas NBA han sido bastante mediocres), sino porque parecía que iba al tran tran. Pero en los momentos de la verdad no ha tenido fortaleza interior ni acierto exterior. 
  • Menos mal que Ricky Rubio decidió apuntarse al final. Sin él no hubiéramos pasado de la fase de grupos, o casi. 38 puntos en la final, máximo anotador y en el quinteto inicial. De forma incomprensible, su carrera NBA está en una cuesta abajo imparable desde su salida de los Suns

 

Hasta la extenuación

  • Los Wolves no dejaron jugar a Juancho, solo para traspasarle a Memphis unas semanas después. Un mazazo anímico y deportivo. Estoy seguro de que Scariolo tenía puestas muchas esperanzas en su polivalencia y juventud. 

Lamentamos la decisión de los Wolves

  • Scariolo es otro de los nombres que vuelven a salir reforzados, a pesar del resultado final. Después de su magistral lección en el Mundobasket de China 2019, ha vuelto a demostrar que es uno de los mejores técnicos del mundo y que su preparación y lectura de los partidos es de 10. En esta ocasión no contó con los mejores mimbres. 
  • De los demás, inédito López Aróstegui. La vieja guardia respondió en la medida de sus posibilidades, con mención especial para Rudy, Claver y Sergio Rodríguez.
  • Garuba no dio más que algún puntual destello de intensidad. Demasiado poco. El hype con el que llegó, seguramente ha sido demasiado injusto. Está por ver las ganas que tenga de sacrificar sus veranos por un equipo que ya no garantiza engordar CV.
  • La cascada de retiradas (los Gasol y hoy la del Chacho), más las que se esperan, abren un panorama de futuro bastante gris. Como poco, estaremos lejos de lo que ha sido habitual hasta ahora. En el peor de los casos, se pueden avecinar años en blanco en Mundobasket y JJOO. Los recambios de los que se van están lejos de ellos y la competitividad del equipo se va a resentir. 
  • ¿Mirotic e Ibaka? Ni están ni se les espera.

 Para España femenina:

  • Algo huele a podrido en la FEB. Tras la derrota ante Francia, comprensible en términos deportivos, se produce el cese telefónico de Lucas Mondelo. A partir de ahí, las piezas de dominó van cayendo: entrevista a Marta Xargay, supuestamente retrasada su publicación a petición de la FEB, en la que acusa directamente a Mondelo de acoso laboral y provocarle trastornos alimenticios. Anna Cruz sale a los pocos días en su apoyo y declara cosas parecidas. Analizando los últimos meses, algo se podía sospechar: la carta de despedida de Anna Cruz en enero, la retirada sí pero no de Marta, el adiós temporal de Laura Nicholls... Queralt Casas acabó llorando uno de los partidos... la segunda entrenadora apoya a las jugadoras aunque sin quitarse del todo la careta...  

Mira, mira...

 

  • El ambiente interrno del equipo no era el mejor. Se podía ver en la cancha, en el lenguaje corporal... Vale, a toro pasado todos somos catedráticos, pero quien más, quien menos, podía ver que este año no era como cualquira de la última década gloriosa. Da que pensar que ninguna de las demás jugadoras ha apoyado públicamente a sus compañeras.
  • En lo deportivo, mención especial para Maite Cazorla, Laura Gil y Cristina Ouviña, las dos primeras a pesar de la mala suerte del partido contra Francia. Del resto, destellos de Alba Torrens que estuvo lejos de ser la jugadora determinante de siempre. 
  • Las jóvenes Raquel Carrera y María Conde no aportaron más allá de en momentos puntuales, más allá de físico y ganas. El futuro será suyo, porque facultades no les faltan a ninguna de las dos. 
  • La Federación, y en particular Garbajosa, salen tocados por la forma de manejar todo el embrollo. Si se pidió retrasar la publicación de la entrevista a Marta en El País por no perjudicar al equipo, creo que el fin no justifica los medios. Las jugadoras lo han dado todo por el equipo y merecen algo más. 
  • El panorama deportivo de la femenina pinta algo mejor que el del equipo masculino, con mayor protagonismo de jugadras jóvenes y un núcleo duro no excesivamente envejecido. Está por ver si será suficiente. 

Por último, espero que sea la última vez que soy testigo de algo tan grande como unos Juegos Olímpicos en los que las gradas están vacías. Ha sido desolador, en ocasiones. 

 

13 de marzo de 2021

El ocaso de un semidios

Vuelvo a este blog catorce meses después de la última entrada, y lo hago con pesar. No solo porque desde finales de 2018 apenas he completado media docena de entradas, sino porque aún esas pocas se centraban en fallecimientos de exjugadores, lo que había convertido a 24 segundos en casi una lista de obituarios más que en un blog de baloncesto. 

Hoy escribo de nuevo, con ocasión de la "vuelta" de Pau Gasol a la que fue su casa y donde deslumbró al mundo hace ya la friolera de veinte años: el FC Barcelona. 

Entrecomillo "vuelta". No hay que perder de vista que Pau lleva cerca de dos años sin pisar una cancha de baloncesto. Como mucho, un puñado de videos en los que se le ve entrenar, sin contacto. Sí, mete tiros que da gusto, parece que se mueve bien, pero... 

Camino de los cuarenta y un años, en el horizonte se va engrandenciendo la figura de los JJOO de Tokyo. El año de aplazamiento (veremos si se celebran este 2021 o no), abrió una ventana de esperanza a Pau de poder retirarse en un gran acontecimiento deportivo, a la altura de su inmenso legado. 

Es de suponer que la motivación principal de esta "vuelta" es ponerse en tono físico y competitivo para despedirse con el Equipo Nacional con el que dominó en baloncesto FIBA de una forma que solo se vio en tiempos de las extintas selecciones de la Unión Soviética y de Yugoslavia. 

La duda es si lo logrará. 

 

Pase lo que pase, con Pau a muerte

Dice Antoni Daimiel, que de esto sabe un poquito, que no hay precedentes de una vuelta de un jugador de su tamaño y edad, a un nivel similar al demostrado antes de la lesión. Mala cosa, porque ya en 2018 sus prestaciones estaban lejos de las demostradas ese par de años deslumbrantes e Chicago. Incluso en el Eurobasket 2017, en semifinales fue incapaz de quitarse de encima la presión de los voluntariosos defensores interiores eslovenos, a una distancia sideral en talento, pero que lograron que Pau pareciera más humano que nunca. 

O sea, en 2017 y sobre todo en 2018 ya se vislumbraba el ocaso físico de nuestro héroe. Y sin físico, a pesar de su inmenso talento, es imposible jugar baloncesto de alto nivel un par de veces por semana. 

Supongamos que se pone a tono en Barcelona. ¿Cuál es el verdadero nivel hoy en día de Pau Gasol? Opiniones hay para todos los gustos: desde que los que opinan que aún estando cojo es capaz de dominar el baloncest FIBA a los que piensan que se va a arrastrar por las canchas. Lo más probable es que se encuentre en un punto medio: un jugador aprovechable en tramos cortos de los partidos, con un gran arsenal y capacidad ofensiva, pero que en defensa va a sufrir y a hacer sufrir a su equipo, a pesar de que las normas FIBA pueden ayudar a maquillar sus más que previsibles carencias. 

Desde el punto de vista del FC Barcelona, la operación es muy importante a nivel de mercadotecnia, con las camisetas de Pau vendiéndose como si no hubiera mañana. En cuanto a lo deportivo, está por ver si Jasikevicius es capaz de hacerle un hueco. La tarea no es fácil, porque siempre habrá suspicacias si juega demasiado tiempo con un nivel lejos de lo que la mayoría de los aficionados espera. Y si no juega, tampoco parece que será algo fácil de justificar. 

La papeleta de Scariolo tampoco es pequeña, si Pau logra jugar con relativa frecuencia un puñado de minutos. La presión mediática para reservarle un puesto, va a ser sideral. Es evidente que por Historia, con mayúsculas, Pau se merece todo. Pero podemos vernos en la tesitura de regalar un puesto de los doce seleccionados, solo por su nombre.

Yo lo tengo claro. Prefiero recordarle como era hace tres temporadas antes que verle arrastrarse por las pistas por no saber poner fin a tiempo a su esplendorosa trayectoria. No obstante, confío en su cabeza privilegiada (pocas estrellas deportivas españolas, quizá solo Rafa Nadal, manejan tan bien la materia gris como nuestro Pau) y su criterio para que, si la cosa no va bien, él sea el primero en reconocerlo y dar un paso a un lado. 

Hablamos de Pau Gasol, un tío que ha dominado el baloncesto FIBA durante años. No merece ahora vivir de la caridad, sino una despedida a la altura de su leyenda, si fuera necesario.

20 de octubre de 2013

Una vida con la Selección - Seúl 88

Volvemos con esta serie para recordar los Juegos Olímpicos de Seúl, celebrados en 1988. Pero antes, tenemos que hablar del torneo preolímpico que se celebró en Holanda y que daba derecho a jugarlos. 

Se clasificaban tres selecciones nacionales por Europa. España había sido cuarta clasificada en el Eurobasket celebrado el año anterior en Grecia, selección que se había sumado a las clásicas (Unión Soviética, Yugoslavia, Italia y España) como candidato de primer orden a la clasificación. 

En resumen, España debía hacer el equivalente a un podio en un Eurobasket. Se daba por hecho que soviéticos y plavis tenían la plaza asegurada, así que quedaban tres selecciones por el último puesto que daba derecho a viajar a Corea del Sur.

No empezó mal la cosa, con victoria en los cinco primeros partidos, si bien ante rivales de escasa entidad: 98-64 a Inglaterra; 118-62 a Irlanda; 103-97 a Suecia; 94-68 a Holanda; 97-70 a Francia.

En la sexta jornada se dio la primera fecha clave: España se enfrenta a Italia. Del partido recuerdo poco, solo cómo Walter Magnifico machacaba una y otra vez el aro español con su tiro de media distancia. Al final, el resultado fue una derrota por la mínima (90-91) que ponía aún más cuesta arriba la clasificación. 



Había que recuperarse del palo con rapidez, porque el campeonato seguía adelante. Así que se derrotó a Alemania Federal (106-96) antes del cruce contra Grecia. Aquí había que hacer dos cosas: ganar y hacerlo por una diferencia de puntos que hiciera a los griegos pensar que se clasificarían ganando a Italia. Ambas cosas salieron bien, ya que el resultado final (91-84) ponía a Esaña con +6 en un hipotético triple empate y a los griegos con -7. Para clasificarse, debían ganar a Italia por 14 puntos, una renta lo suficientemente corta como para motivarles, pero también lo suficientemente amplia como para dar esperanzas a los nuestros. 

España perdió el partido siguiente ante la URSS (82-129), pero ese mismo día los griegos nos dieron el pasaporte al ganar a los azzurri por 94-91. Ya estaba el objetivo, lo que se notó en el último partido que los españoles perdimos ante los plavi (también clasificados) por 73-84. 

En el debe, la grave lesión de un jovencísimo Juanan Morales. No he encontrado el video, pero todavía recuerdo con un estremecimiento su esguince que le rompió los ligamentos. 

Así que, dos meses después nos plantamos en Corea junto a soviéticos y plavis. Estas dos selecciones se encuadraron en el mismo grupo, junto a Australia, Corea, Puerto Rico y la República Centroafricana. España quedó en un grupo a priori más fuerte con Estados Unidos, Brasil, Canadá, Egipto y China.

Soviéticos y yugoslavos se enfrentaron en la primera jornada, vencindo estos últimos (79-92), lo que a la postre les daría el liderato del grupo a pesar de la última derrota ante Puerto Rico. Los soviéticos lo pasaron bastante mal, porque además de esa derrota sufrieron bastante para derrotar a los boricuas (93-81 en la prórroga). La tercera plaza del grupo fue para los australianos, al derrotar a Puerto Rico en la jornada inaugural (81-77). 

En el otro grupo, Estados Unidos fue primera sin despeinarse, ganando todos sus partidos por una diferencia media de 36,5 puntos, incluidos los 46 que infligieron a España en la jornada individual (97-53). Un partido lamentable de los nuestros, que ni siquiera compitieron. 

Dos jornadas tranquilas (+43 a Egipto y +32 a China) fueron el preludio a las batallas ante Brasil y Canadá por la segunda plaza del grupo. 

Ante Canadá, que contaba con Eli Pasquale y Jay Triano como grandes figuras, hubo que remontar un resultado adverso al descanso antes de llevarse el partido por 84-94.

Pero si eso fue duro, más lo fue vencer a Brasil, con el recuerdo del Mundobasket de dos años antes y con los puntazos que nos iba marcando Oscar, uno tras otro. Al final, 118-110 (definitivamente eran otros tiempos) y el premio de evitar a los cocos del otro grupo. 

En los cuartos de final, los plavi se deshicieron de Canadá con solvencia (95-73) y los USA boys destrozaron a su estado libre asociado (94-57). Los soviéticos, por su parte, sudaron tinta para ganar a Brasil (110-105).

¿Y España? Pues su "premio" no fue tal. Como venía siendo habitual, el combinado español no dio la talla en el peor día posible y su seleccionador no encontró las soluciones adecuadas. En un partido trabado llegó con opciones al final, pero el último tiro del Matraco Margall, probablemente el mejor tirador de la Historia de nuestro baloncesto (aún recuerdo las palabras de Pedrito Barthe: "en Australia no creo que conozcan a Margall"), no encontró aro. El resultado final, 74-77, envió a los australianos al cielo y a los nuestros al infierno.



Literalmente, porque las derrotas ante Canadá (91-96) y Puerto Rico (92-93) nos llevaron a la octava plaza final. 

Pero olvidemos estas miserias, porque lo más grande estaba por llegar. 

En semifinales, Yugoslavia bajó de las nubes a Australia (91-70). Mientras tanto, en la otra semifinal, los soviéticos ganaron a los estadounidenses, su primera derrota desde 1972, y esta ocasión sin posibilidad de reclamar. Con un juego de equipo, a la europea, con un Sabonis cojo que aún así se comió al Almirante Robinson y fue exprimido por Gomelski hasta la extenuación, con un equipo de tiradores como Kurtinaitis, Homicius o Marciulonis, los americanos fueron humillados. 



Era la primera selección que llevaba a dos números uno del draft (Manning y Robinson), pero poco más talento había. La prepotencia y la incapacidad del entrenador de Georgetown, John Thompson, hicieron el resto. Los poco imparciales comentarios de Pedro Barthe en la retransmisión, forman parte de la Historia. 

Al final, bronce para ellos, que no dieron opción a los australianos (78-49). 

La final coronó a los soviéticos, que derrotaron a un jovencísimo equipo plavi (76-63) llamado a dominar el baloncesto mundial con su talento. Simplemente, Seúl no fue su momento. Sí fue, en cambio, el canto del cisne de una selección que, primero por la edad y luego por las tensiones políticas, no volvió a ganar un campeonato más después de haber dominado Europa durante treinta años. 

Los soviéticos formaron con Volkov, Sokk, Tarakanov, Marciulionis, Miglinieks, Tikhonenko, Kurtinaitis, Sabonis, Homicius, Pankrashkin, Goborov y Belostenny (estos tres último, ya fallecidos). De ellos, tres acabaron luego con sólidas carreras NBA. 

Por los plavi: Petrovic, Radulovic, Cutura, Kukoc, Paspalj, Obradovic, Zvdoc, Vrankovic, Divac, Arapovic, Radja y Cvetjcanin. Otros seis que acabaron en la NBA. Un equipo jovencísimo y talentoso. 

Los yankees tuvieron a Mitch Richmond, Charles Smith, Vernell "Bimbo" Coles, Jeff Grayer, Willi Anderson, Stacey Augmon, Dan Majerle, Danny Manning, JR Reid, David Robinson y Hersey Hawkins. Sin tiro exterior, excesivamente dependientes de Manning y Robinson (bastante por debajo de su nivel) y sin respuestas en la pizarra, fueron pasto de su prepotencia. Una sola derrota en el campeonato, pero la sensación de fracaso total.

El eterno Díaz Miguel formó a Jiménez, Antonio Martín, Quique Andreu, Fernando Arcega, Ferrán Martinez, Solozábal, Villacampa, Biriukov, Montero, Llorente, Margall y Epi. Fue el equipo de los "baby pivots" (sin Romay o Fernando Martín). Por primera vez además, se seleccionaba a un jugador que no jugaba en la máxima competición nacional (Quique Andreu), aunque aquel verano había fichado por el CAI de Zaragoza, uno de los grandes por aquellos tiempos. 

La sensación española fue también de fracaso. La oportunidad perdida de volver a plantarse en unas semifinales, fue demasiado para mí. Después de los cuartos de final no volví a ver un partido más. El resultad final (dos derrotas) hubiera sido probablemente el mismo, pero el cuarto puesto habría sido suficiente recompensa. Al menos estuvimos en los terceros JJOO consecutivos y durante la primera fase se demostró que se podía competir con selecciones no europeas de primer nivel, pero esa derrota...


13 de abril de 2013

El principio del fin

Os dejo el video completo de un partido que marcó historia, el principio del fin. 

Hace veinticinco años, en los JJOO de Seúl 1988, los soviéticos se impusieron a los USA boys en las simifinales del torneo (luego se alzarían con el oro tras vencer a los jovencitos yugoslavos). Arvidas Sabonis, con 23 añitos, volvía tras año y medio de inactividad, una rotura de tendón de aquiles y una polémica operación en Portland (recordemos, Guerra Fría).

Físicamente no era ni su sombra, pero la calidad desbordaba su enorme cuerpo. Tanto que humilló de nuevo a David Robinson (la primera vez fue en 1986, en la final del Mundobasket de España), pero además ganó el partido. 

Dos años después, otra selección estadounidense fue apartada de la final del Mundobasket de 1990 de Argentina, marcando el final de las selecciones amateur y comenzando la cuenta atrás para la participación de los profesionales.

Se podría decir que este partido fue la primera piedra que llevó a disfrutar del Dream Team en Barcelona.




Como nota curiosa, y un poco macabra, del cuarteto de pivotes soviéticos (Sabonis, Belostenny, Pankrashkin, Goborov), solo el primero continúa con vida.




24 de marzo de 2013

Una vida con la Selección - Los Ángeles 84

Tengo bastante abandonado este rinconcito de la web, la verdad, así que hoy me he puesto delante del teclado para recordar la que es, probablemente, la mayor gesta del baloncesto español hasta la irrupción de la generación dorada actual.

Hemos visto cómo, gracias a su juego explosivo y a una cierta dosis de fortuna, la Selección se proclamó subcampeona en el Eurobasket de Nantes de 1983. Para la cita olímpica del año siguiente, eso no significaría nada. La clasificación había que ganársela en el campo, en el ya mítico Preolímpico de París. 

Eso hacía que la cosa se complicara. El Preolímpico se celebró en el mes de mayo, mientras que los Juegos eran en Agosto. Eso significaba varios meses de tensión deportiva. Pero vayamos por partes...

Dicen los entendidos que el Preolímpico marcó el techo del nivel de juego de la Selección en el período 1982-1987. No sé decir, porque no he visto ningún partido entonces, pero España se plantó en la final del 25 de mayo con un inmaculado registro de 8-0 y victorias ante Turquía (111-74), Suiza (111-78), Grecia (90-89), Suecia (97-76), República Federal de Alemania (99-78), Israel (120-97), Inglaterra (102-91) y Francia (117-102). Verdaderamente impresionante.

Ya clasificada para los Juegos, España se enfrentaba a la Unión Soviética, que iba a devolver el feo recibido cuatro años antes y no iba a competir. Pero antes quería demostrar que la selección formada por grandes figuras (Belostenny, Homicius, Iovaisha, Eremin, Kurtinaitis, Lopatov, Myshkin, Sabonis, Tarakanov, Tikhonenko, Tkachenko y Valters) no tenía rival en Europa y probablemente tampoco en el mundo. 

El resultado, un apabullante 92-119. No hay mucho más que decir.

Entre ambos torneos sucedió algo que todavía tiene poca explicacion. Antonio Díaz - Miguel decidió dejar en casa a un jovencito Jordi Villacampa y cambiarlo por el veterano José Manuel Beirán, que de hecho estaba de vacaciones. No jugó mucho en los Juegos, pero no está mal cambiar unas vacaciones por una medalla... pero me estoy adelantando...

Villacampa con la elástica nacional


Los Juegos.

Como siempre, doce selecciones se dividieron en dos grupos de seis. Los cuatro primeros de cada grupo se clasificaban para Cuartos de Final, cruzándose entre sí (1º contra 4º, 2º contra 3º y así...). A partir de ahí, Semifinales y Final. 

El Grupo A lo formaban Yugoslavia, Italia, Australia, República Federal de Alemania, Brasil y Egipto. No hubo sorpresas, quedando los plavi primeros de grupo con un registro de 5-0 y un margen medio de victorias de casi veinte puntos (la más corta, contra Italia, +4). Italia fue segunda de grupo, Australia fue tercera y Alemania ocupó la última plaza, ganada en la última jornada mediante una trabajada victoria ante Brasil (78-75). 

Beirán, raza blanca, tirador


En la otra parte del cuadro, los Estados Unidos de América, el rival más fuerte al no participar la Unión Soviética, hizo buenos los pronósticos y destrozó a todos sus rivales (incluida España) por una diferencia media de 39,2 puntos. 

España empezó con un partido muy disputado ante Canadá (83-82). El segundo día, Uruguay también caía (107-90) ante nuestros chicos. Francia (97-82) y China (102-83) ayudaron a preparar el partido final contra los anfitriones, con ambas selecciones clasificadas. El 68-101 final  (pero 41-46 al descanso), es un poco muestra de todo.

Así que en cuartos de final Estados Unidos acabó con Alemania (78-67), Yugoslavia con Uruguay (110-82), Canadá daría la campanada contra Italia (78-72) y España se desharía de Australia (101-93). 

En semifinales, los vecinos del norte de América se enfrentaban, cayendo los canadienses por 78-59. La otra semifinal enfrentaba a los gloriosos, pero ya en decadencia, plavi, con los pujantes españoles de juego fulgurante. En una segunda parte memorable, los nuestros remontaron el partido y acabaron llevándoselo por 74-61, consiguiendo una merecida plaza en la finalísima de unos Juegos Olímpicos por primera vez en la Historia.

Una vez allí, con la relajación de la gesta lograda, no se pudo plantar cara a los insultantes norteamericanos y prácticamente calcaron el resultado de la fase previa (96-65). Daba igual, ya se había hecho Historia, durante muchísimos años la mayor de todas.

Los Estados Unidos presentaron a la que, dicen, fue su mejor combinado universitario (quizá empatado con el de Roma 1960): Steve Alford, Leon Wood (exjugador del CAI y hoy árbitro), Patrick Ewing, Vern Fleming, Alvin Robertson, Joe Kleine, Jon Koncak, Wayman Tisdale (tristemente fallecido), Chris Mullin, Sam Perkins, Jeff Turner y Dios, digo Michael Jordan. 

Pat Ewing, una bestia en Georgetown


Por los plavi jugó un jovencísimo Drazen Petrovic, con algunos viejos conocidos como su hermano Aleksander, Andro Knego, Sunara, Radovanovic o Drazen Dalipagic. 

Los doce españoles que consiguieron entrar en el Olimpo fueron: Beirán, Joe Llorente, Fernando Arcega, Margall, Jiménez, Romay, Martín, Corbalán, Solozábal, De la Cruz, Iturriaga y Epi. 

Recuerdo haber visto de madrugada la semifinal por Televisión Española y haber vibrado ante la pantalla. Tenía 11 años y me enamoré del baloncesto, convirtiéndose desde entonces y hasta hoy en mi deporte favorito. La final no la vi, pero he oído y leído tanto sobre ella que da lo mismo.

Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles vieron los últimos partidos de Corbalán con la elástica nacional, con apenas 30 años recién cumplidos, en la cúspide de su baloncesto y 177 partidos internacionales a sus espaldas. Fue el inicio de una travesía por el desierto buscando un director de orquesta que se le pudiera acercar. Jugadores de la talla de Solozábal, Montero o Nacho Rodriguez fracasaron, por no hablar de los Jofresa, Rodilla, Marco, Vicente Gil, Costa, Creus... 

Entonces no se supo ni se sospechaba, pero la cuesta abajo había comenzado.

15 de abril de 2012

Una vida con la selección - Moscú 80

El Equipo Nacional se había renovado el año anterior, con jugadores como Llorente, Epi o Itu, y se iniciaba lo que parecía una vuelta a los lugares, si no de privilegio, de honor. Se volvía a competir, en ocasiones más que dignamente, con lo más granado del baloncesto europeo.

En 1980 se celebraban los Juegos Olímpicos en Moscú. Para competir, primero había que clasificarse en un exigente torneo Preolímpico que tuvo lugar en Lucerna (Suiza). España llevó una selección que formaban Brabender, Llorente, Indio Díaz, Margall, Flores, Romay, Santillana, Corbalán, Rullán, De la Cruz, Solozábal y Epi. Todos a las órdenes del incombustible Antonio Díaz - Miguel. En la fase de grupos había dado buena cuenta de Hungría (97-50), Gran Bretaña (125-63), Polonia (107-81) y Finlandia (107-92), marcadores contundentes que reflejaban la vistosidad del juego de entonces, particularmente de España.


Participaron en la fase final Italia, Checoslovaquia, Francia, Israel, la República Federal de Alemania, Suecia y Polonia, que junto con España competirían por los tres puestos en juego para el continente Europeo. 

España, tras victorias ante Francia (103-100), Israel, subcampeona de Europa el año anterior (100-89), Alemania (85-59) y tres derrotas ante Suecia (86-87), Checoslovaquia (68-70) e Italia (79-93) necesitó la victoria que arrastraba con Polonia para finalmente quedar tercera y haber ganado el desempate a Francia. 

La conclusión es que España estaba en los Juegos, sí, pero con bastantes dificultades. El cuadro de participantes lo completaban Egipto, Puerto Rico, Canadá, Argentina, China, Australia, Yugoslavia, URSS y EEUU.

Ya se sabe que los Juegos Olímpicos de Moscú han pasado a la historia, además de por el osito Misha y la ceja de Brezhnev, por el boicot impuesto por Estados Unidos y sus Aliados. Eran tiempos de la Guerra Fría y no podía permitirse que unos Juegos celebrados por el enemigo fueran un éxito internacional. 

Muchos países renunciaron a participar y otros lo hicieron bajo bandera olímpica (España entre ellos). Eso significó, en la competición de baloncesto, la retirada de Egipto, Puerto Rico, Canadá, Argentina, China y los Estados Unidos. Fueron sustituidos por Senegal, Brasil, Cuba, India, Suecia y Francia, por lo que la competición quedó reducida más bien a un Eurobasket (siete participantes de doce venían de este continente) con el aderezo de varias selecciones menores. Descafeinado, vamos.

El mecanismo de competición indicaba que se dividirían los equipos en tres grupos, pasando a la siguiente fase los dos primeros. Los seis equipos resultantes, integraban un grupo de seis selecciones que jugarían entre sí, arrastrándose los resultados de la primera fase. Los dos primeros de este grupo jugarían directamente la final, mientras que el tercer y el cuarto equipo lucharían por la medalla de bronce.

El grupo A lo formaban la URSS, Brasil, Checoslovaquia e India. Los soviéticos vencieron uno tras otro a sus rivales, quedando indiscutiblemente primeros de grupo. Brasil venció a Checoslovaquia en el duelo por la segunda posición. India, como se esperaba, fue una mera comparsa, perdiendo los tres partidos por más de 65 puntos de media.

Alexander Belostenny
El grupo B lo formaban Yugoslavia, España, Polonia y Senegal. El Equipo Nacional cumplió venciendo a Polonia de nuevo con autoridad (104-81) y a Senegal (94-65) y ganó la segunda plaza tras competir en el partido contra los plavi, a pesar de la derrota (91-95) y acompañándolos a la fase final. 

El grupo C fue el más competido, con un triple empate entre Italia, Cuba y Australia. Los duelos entre los tres reflejaban un balance de 1-1 para todos, así que hubo que pasar al siguiente criterio de desempante, el coeficiente entre ellos. Esto arrojó un nuevo empate (todos los partidos se habían resuelto por 7 puntos de diferencia). Suecia se convirtió entonces en el juez del grupo. El equipo que hubiera ganado a los suecos por menos diferencia, quedaría fuera de la competición. El orden sería: Italia (+15), Cuba (+12) y Australia (+9).



La segunda fase la encabezarían los plavi, con un record impoluto que incluía una victoria frente a los anfitriones soviéticos (101-91). Una segunda derrota contra Italia (85-87) dejaría fuera a la URSS de la final, que jugarían los transalpinos en una de las sorpresas más importantes del baloncesto moderno.

España haría valer su victoria ante Brasil (110-81) para colocarse cuarta con un balance de 3-2, con victoria ante Cuba (96-95) y derrotas ante soviéticos (81-102) e italianos (89-95). Jugaría entonces por la medalla de bronce, siendo el mejor resultado de siempre en unos Juegos Olímpicos.

Ese partido tendría poca historia. Los soviéticos, obligados a ganar para mantener su maltrecho honor, no dieron cuartel y aplastaron a los españoles por un tremendo 74-117. España, contenta de haber hecho Historia.

La final sí estuvo un poco más apretada, pero los plavi hicieron valer su favoritismo y vencieron 86-77 a los italianos.

Parafraseando a Phil Jackson, a esta cuarta plaza española habría que ponerla un asterisco, ya que  además de que acompañó la suerte (desempate ganado en el Preolímpico, desempate ganado en la segunda fase, victoria ante Cuba por un punto de diferencia...) al menos Estados Unidos y quizá Canadá tenían potencial para quedar por delante si hubieran participado. No obstante, se veía una progresión que no tardaría en hacer disipar las dudas.

El osito Mish
Los plavi formaron con figuras como Knego, Kikanovic, Jerkov, Slavnic, Cosic, Dalipagic y Delibasic, que mantenían la hegemonía de su baloncesto desde inicio de la década.

Italia tenía nombres como Bonamico, Meneghin, Vilalta, Vecchiato, Marzorati, Saccheti, Brunamonti o el nacionalizado Mike Sylvester.

Los soviéticos habían llevado un equipo impresionante con Eremin, Miloserdov, Tarakanov, Lopatov, Belov, Tkachenko, Iovaisha, Mishkin o Belostenny, Casi nada.

Los responsables en España fueron: Brabender, Llorente, Sibilio, Margall, Flores, Romay, Santillana, Corbalán, Solozábal, De la Cruz, Itu y Epi.



Como anécdota, Epi disfrutó de un permiso especial para retrasar su incorporación a filas. Le tocaba hacer la mili, pero se le permitió participar en los Juegos Olímpicos. Luego llegaron tres más para un total de cuatro, record que puede igualar este año otro mito como Juan Carlos Navarro.