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15 de abril de 2022

Quintetos europeos en la NBA

Con motivo de su 75 aniversario, la NBA ha elegido sus dos quintetos de jugadores europeos de todos los tiempos mediante una mezcla de voto popular y voto cualificado. 

En el primer quinteto tenemos a Toni Parker, Luka Doncic, Dirk Nowitzki, Giannis Antetokoumpo y Pau Gasol. En el segundo quinteto encontramos a Drazen Petrovic, Pedja Stojakovic, Toni Kukoc, Nikola Jokic y Arvidas Sabonis. 

Más allá del orgullo de encontrar a nuestro Pau Gasol en el olimpo de los jugadores europeos y de que hayan quedado fuera de este reconocimiento un buen número de grandes jugadores, desde Detlef Schremph hasta Vlade Divac, pasando por el mediano de los hermanos Gasol o un Dino Radja que hizo muy buenas campañas en unos Celtics bastante mediocres, hay alguna reflexión que interesa realizar. 

 

Amplio surtido para elegir
 

Llevo algunas entradas dando señales de que cada vez pienso más que el baloncesto que se juega en la NBA y el que se juega en FIBA tienen más bien poco que ver entre sí, hasta el punto de que a veces me parecen juegos totalmente distintos. Y todo esto se ha agudizado desde la deriva en el abuso de tiro de tres que se ha producido al otro lado del charco coincidiendo con la aparición de jugadores con un rango de tiro extremo como Stephen Curry, Klay Thompson o Damian Lillard, todos ellos bastante capaces de meter un triple desde el logo, bien cuadrados y con una estética de tiro impecable, estirando al máximo los límites de la cancha. 

Ese estilo de juego, ayudado por las reglas especiales que en la NBA favorecen el juego ofensivo, como la regla de los tres segundos en defensa, frente al juego más ordenado, lento y con predominancia de las defensas zonales que se realiza a este lado del charco, hace que las diferencias de rendimiento en la NBA y el baloncesto FIBA no sean totalmente comparables. 

Hay jugadores como Parker, Nowitzki o Pau Gasol que han sido igual de determinantes en ambos estilos de juego. 

Nowitzki fue capaz de llevar a los Mavericks al título en 2011 mientras verano tras verano cargaba sobre sus hombros el destino de un equipo alemán bastante mediocre al que llevó a la medalla de bronce en el Mundobasket 2002 y a la plata en el Eurobasket de 2005, ambas a costa de nuestro Equipo Nacional. Todo ello aderezado con un MVP de la NBA y de las Finales, infinidad de All-Stars y All-NBA Teams.

 

Toni Parker fue la cabeza visible de una Francia que fue durante mucho tiempo, el rival más cualificado de España y que consiguió el oro en el Eurobasket de 2013 y, sobre todo, eliminarnos en los cuartos de final del Mundobasket de España en 2014, en lo que fue probablemente el mayor fracaso de los nuestros en los últimos veinte años. En sus ratos libres fue tres veces campeón con los Spurs e incluso se permitió el lujo de ser MVP de una de las Finales.

Los méritos de Pau Gasol son enormes y no voy a listarlos aquí, ya que espero que todos los aficionados los tendremos en nuestra memoria reciente. 

Si me apuras, incluso Luka Doncic apunta maneras en esto qu estoy diciendo. Campeón del Eurobasket 2017, aunque compartiendo liderazgo con Dragic, clasificó a su pequeño país a los JJOO de Tokio y acabó en cuarta posición, llevando a Eslovenia hasta donde le permitieron sus fuerzas (se encontraba en un evidente estado de forma deficiente). 

En el segundo quinteto tenemos a tres europeos que marcaron historia en los noventa, cuando solo pensar en dar el salto estaba al alcance de unos pocos elegidos. 


 

Kukoc fue miembro destacado del segundo triplete de los Bulls y Mejor Sexto Hombre una temporada, tras haber logrado otro triplete con la mítica Jugoplastika cada vez más desmantelada y casi campeón con la Benetton de Treviso el año que el Limoges de Maljkovic casi se carga el baloncesto continental. 

Tenemos también dos what if en Petrovic (¿qué hubiera logrado de no haber fallecido en accidente de coche aquel junio de 1993 cuando venía de su mejor temporada y a las puertas de haber sido All-Star?) y Sabonis (¿qué hubiera logrado de haber llegado más joven y con las dos piernas, cuando a los treinta y pico y cojo se marcó una temporada de 16+10?). Ambos dominaro Europa en su plenitud. 

Sin embargo, a lo que voy con tanto rodeo, es que Jokic (vigente MVP y gran favorito para el segundo consecutivo, con medias de 27-14-8) y Antetokoumpo (dos veces MVP, una vez campeón y MVP de las Finales, además de un portento físico y medias de 30-12-5), no soportan la comparación con las grandes estrellas europeas del pasado reciente. Con Toni, Pau y Dirk, más concretamente. 

Para muchos de vosotros esto es una herejía. Sin embargo, yo pienso que no pueden estar a la altura porque no han sido capaces de dominar a ambos lados del charco, en ambos estilos de juego. 

Jokic fracasó con rotundidad en el Mundobasket de 2019. Serbia tenía un equipazo y todo el mundo pensaba que era el máximo rival de los Estados Unidos. Un desatado Djordjevic dijo que era mejor que Dios les pillara confesados si se cruzaban con su selección en una muestra de la atávica soberbia serbia. Por desgracia, el mago Scariolo y sus esforzados muchachos se cruzaron en el camino, desquiciaron a Nikola y sobrevivieron al gran partido de Bogdanovic. Desde entonces ni Jokic ni Serbia fueron lo mismo y se diluyeron como un azucarillo. 

Al bueno de Giannis le pasó lo mismo con un relativamente potente equipo griego que ni siquiera pasó a la fase de cruces. Fue su segunda oportunidad después de que en el Eurobasket de 2015 España le pasara por encima en su camino al título más épico y gasólico de los últimos años. Poco se habla de la gran defensa de Claver, aunque el griego todavía estaba algo lejos del nivel que hoy presenta. 

Creo que a ambos les beneficia el juego abierto de la NBA. El serbio se aprovecha de su innegable gran visión de juego y al griego le va genial con un físico que le permite recorrer toda la cancha en diez o doce zancadas. Pero cuando la cosa se atasca, cuando el cemento se apodera de la cancha y el IQ baloncestístico es más importante, ambos no han dado la talla, por diferentes motivos: Jokic porque tiene un cable pelado y a veces cortocircuita; Giannis porque su innegable físico no saca ventaja en la jungla de brazos y piernas que pueden hacer ayudas interminables sin estar sometidos a la puñetera norma de los tres segundos defensivos. 

Si tuviera que elegir a uno de los dos, elegiría a Jokic. Me parece que tiene mayor talento, inteligencia y visión del juego que Giannis, al que me gustará ver en cinco o seis años cuando su físico no sea tan determinante como ahora (aunque supongo que, como suele pasar, me callará la boca con su evolución). 

Mientras tanto, Pau, Toni y sobre todos Nowitki, no tienen comparación en cuanto a baloncesto puro se refiere, de la mano con Kukoc, Petrovi y sobre todo Sabonis, al que considero el mejor jugador de baloncesto europeo de la Historia (¡cuánto lamento no haber podido ver jugar a Cosic en su plenitud!). 

13 de marzo de 2022

El último baile

Eran tiempos de confinamientos duros, en el inicio de una pandemia que todavía dura, pero que por aquella época parecía que iba a ser poco más que un mal recuedo cuando se estaban tomando las primeras medidas de relajación de restricciones. 

Iturriaga, Daimiel, Siro López, Pablo Lolaso y todo el equipo e invitados que pasaron por Colgados del Aro (el programa de baloncesto de Youtube y Twitch patrocinado por Endesa), nos regalaban directos cada día de casi dos horas de duración, que se prolongaban cinco horas o más durante los fines de semana. Pablo Lolaso dijo una vez que tenían que entretener a un país y a ello se dedicaron, abriendo sus casas y muchas veces también sus corazones. Nunca se les agradecerá lo suficiente. 

 

 

En aquellos programas hablaban de la miniserie de NETFLIX que narraba la que iba a ser la última temporada de los fantásticos Bulls de Jordan, la 97-98 en la que iban a conseguir el segundo tricampeonato tras el hiato derivado de la primera retirada de Jordan. Los Bulls permitieron cámaras en el vestuario y demás durante toda la temporada y, muchos años después, el resultado estaba listo. 

Se trataba de El último baile

La miniserie venía con mucho hype y no estaba exenta de polémica. Aunque se vendía como un tributo a los Bulls de Chicago, en realidad estaba centrado en la figura de Jordan. El juego de Jordan, las relaciones de Jordan con sus compañeros, las relaciones de Jordan con sus rivales, las relaciones de Jordan con la Liga, las relaciones de Jordan con... las apuestas... Todo giraba en torno a él. 

El último baile mezcla imágenes de temporada con entrevistas actuales a compañeros (bastantes) y rivales (bastante pocos). 

Llama la atención el escaso minutaje, prácticamente inexistente, de Toni Kukoc. Si hablamos de relevancia en la cancha, es indudable que era la cuarta pata sobre la que se soportaban los Bulls de 1996 a 1998, pero su figura es prácticamente ninguneada e incluso en desaparece en la portada en favor de Steve Kerr. 

Llama también la atención la forma, más o menos delicada, en que se trata el hambre colosal y la hipercompetitividad de Michael Jordan y los estragos que realizaba en compañeros y rivales. Nadie se libraba y hoy en día se podría hablar incluso de una suerte de bullying. Por supuesto, nadie osa decir la palabra maldita, pero ya me diréis cómo podemos llamar a una actitud que lleva a peleas dentro del vestuario porque Jordan lleva al límite a sus compañeros. 

Gracias infinitas a Itu, Antoni, Pablo Lolaso y Siro
 

Llama también la atención el físico de Michael, muy lejos de sus mejores tiempos. Vale que ya va camino de los sesenta tacos, pero tampoco ayuda el tener siempre un copazo y un puro en los brazos del sofá. Destacaría también sus ojos, con la esclerótica amarilla y húmeda.  Uno podría preocuparse incluso por la salud del mejor jugador de todos los tiempos. Afortunadamente Jordan acaba de aparecer en el All Star Weekend con motivo de su inclusión entre los 75 mejores jugadores de todos los tiempos, haciendo gala de un físico mucho más entonado que entonces. 

Es indudable el valor documental de El último baile. Es indudable también su valor como pieza explicativa al aficionado de ahora, que en su mayoría no vio jugar a este equipo de leyenda, para comprender cómo todo saltó por los aires a pesar de conseguir el sexto título en seis finales, con seis MVP para la mayor estrella planetaria de todos los tiempos. 

Por supuesto, el contexto en el que se estrenó y la nostalgia que aquella NBA produce en los aficionados que ya peinamos canas, ayuda también a idealizar el producto. 

No obstante y a pesar de todos sus claroscuros, El último baile es esencial en el visionado de cualquier aficionado a la NBA que se precie. Por lo menos servirá para dejar claro que ni Kobe Bryant ni LeBron James pueden estar a la altura de His Airness.