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31 de julio de 2013

Una vida con la Selección - Eurobasket ´87

Retomamos esta aplaudida sección después de una pausa demasiado prolongada. Lo habíamos dejado tras la amarga experiencia de la organización del Mundobasket de 1986, que había acabado en un fracaso de la Selección Española. Se encadenaban así dos veranos en los que nuestro combinado no alcanzaba los mínimos exigidos. 

En 1987 se celebraba en Grecia de nuevo el Eurobasket, que España afrontaba sin la presencia de Fernando Martín. Por entonces, los jugadores NBA eran considerados profesionales mientras los del resto del mundo eran amateurs, así que los primeros tenían vetada su participación en cualquier campeonato organizado por la FIBA.

Pero pasemos al campeonato. 

Las diez selecciones que participaban en la Fase Final se dividieron en dos grupos, claramente descompensados en cuanto a calidad. 

En el grupo B jugaría Italia junto a la República Federal de Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Holanda e Israel. No hubo mucha historia y los transalpinos dominaron con un registro inmaculado de 5-0 y una diferencia media de casi 18 puntos en sus victorias. Con tres victorias y dos derrotas acabaron Alemania y Polonia. La decadente Checoslovaquia completaría el cuadro de cuartos de final. Holanda e Israel fueron meras comparsas.

El grupo A, con España, Unión Soviética, Yugoslavia, Grecia, Rumanía y Francia, daría mucho más juego. 

Los soviéticos dominaron el grupo con una diferencia media de 20 puntos y un parcial de 5-0. Ganaron a Yugoslavia (100-93), a Francia (107-78), a Rumanía (121-74), a Grecia (69-66 en un aviso de lo que vendría después...) y a España (104-88). 

Los nuestros, además de con los soviéticos, perdieron con los plavi (76-94), lo que llevó a clasificarse tercera del grupo tras derrotar con facilidad a franceses (111-70), rumanos (116-98) y griegos (106-89). La victoria de los griegos ante los plavi (84-78) hizo que hubiera un triple empate con España, con tres victorias y dos derrotas. El orden final hizo que los yugoslavos fueran segundos y los griegos, cuartos.

Tanto Francia como Rumanía, vieron pasar a los favoritos como un ciclón. 

Los cuartos de final fueron bastante desequilibrados: los soviéticos se deshicieron fácilmente de los checoslovacos en la reedición de un clásico venido a menos del baloncesto europeo (110-91). Los plavi aplastaron a los polacos (128-81), los españoles se deshicieron de los alemanes por un cómodo 107-77. 

La mayor sorpresa hasta entonces fue la eliminación de los italianos, primera con comodidad de su grupo, por Grecia (78-90). Luego vendrían más. 

Los resultados de los cuartos de final vinieron a confirmar que el grupo A era mucho más fuerte que el B, con todos sus componentes en semifinales. 

Allí, los soviéticos no dieron cuartel a España, derrotada por 96-113. En la otra semifinal los griegos, aupados por su enfervorecido público, se deshicieron de Yugoslavia en un ajustado 81-77. 

Los plavi se repondrían para ganarnos la medalla de bronce (87-98). Recuerdo de este partido que al descanso se llegó con un marcador más o menos ajustado y que Fernando Romay estaba haciendo el partido de su vida con la Selección. De nada sirvió. Unas decisiones discutibles por parte de la pareja arbitral (por lo menos Pedro Barthe no paraba de criticarles) y la ingente calidad de Petrovic bastaron para dejarnos con la miel en los labios. 

España se despedía en el 4º puesto y un balance de 4-4. Seguíamos en los puestos de honor, pero faltaba nivel para competir por más. Frustración.

La final fue apoteósica. Un equipo soviético plagado de estrellas (con, por ejemplo, un emergente Marciulonis), era incapaz de distanciarse de un equipo griego que jugaba con seis jugadores pero en el que solo cuatro (Giannakis, Gallis, Fassoulas y Christodoulou) eran los que se jugaban el bacalao. La locura de la gente iba in crescendo tras cada canasta épica de los suyos. Creo que Iovaisha falló un triple que hubiera puesto fin a todo, pero falló y el partido llegó a la prórroga. La presión del público fue mayúscula y los jugadores griegos estabaon como poseídos. Al final, se llevaron el oro ganando 103-101 en la mayor sorpresa del baloncesto moderno. 



No fue flor de un día. En campeonatos posteriores los griegos demostraron que habían venido para quedarse. Y así siguen hasta hoy. 

Como no podía ser de otra forma, Nikos Gallis fue elegido mejor jugador del torneo. En el cinco ideal del campeonato le acompañaron Fassoulas, Volkov, Marciulonis y nuestro Andrés Jiménez. 

Repasar la selección griega da pena. Además de los cuatro ya comentados, los únicos apellidos reconocibles serian los de Kambouris, Filippou o Ioannou.



En la Unión Soviética de Gomelski tenemos, en cambio, a Volkov, Valters, Marciulonis, Tikhonenko, Tkachenko, Iovaisha, Homicius, Enden, Babenko, Tarakanov, Pankrashkin y Goborov. Sin duda echaron de menos la poderosa figura de Sabonis, cuyo futuro profesional pendía de un hilo por su lesión en el talón de aquiles.

Los plavi estaban en fase de renovación, con los hermanos Petrovic, Kukoc, Divac, Radja, Paspalj, Vrankovic, Djordjevic, Cvjeticanin, Radovanovic, Radovic y Grbovic.

Como hablamos, España dio muestras de no poder ir más allá, con un registro mediocre y, sobre todo, derrotas demasiado abultadas frente a los equipos importantes. Un repaso a los nombres hace que veamos con perspectiva el porqué: Epi, Villacampa, Sibilio, Solozábal, Jiménez, un jovencísimo Ferrán Martínez, Romay, otro jovencísimo Montero (defensa sobresaliente a Gallis incluida), Margall, Fernando Arcega, Zapata y José Ángel Arcega.

Al año siguiente tocaba preolímpico y Juegos, a celebrarse en Seúl. Las perspectivas no eran halagüeñas, pues Europa no tenía ninguna plaza reservada y solo podían ir tres selecciones del continente. Había cinco claros candidatos: Unión Soviética, Yugoslavia, Grecia, Italia y España. Y los nuestros parecían los más flojos de todos...





2 de diciembre de 2012

Una vida con la selección - Eurobasket ´83

El Mundobasket de Cali de 1982 había dejado grandes gestas en el imaginario colectivo. Se podría decir que daba inicio el segundo boom del baloncesto en España, considerando que el primero, efímero, había sido disparado por el éxito en el Eurobasket de 1973 en Barcelona y la medalla de plata conseguida.

Ahora, en los primeros años de la década de los ochenta, se daba el caldo de cultivo apropiado para que el baloncesto se mantuviera durante más tiempo en altas cotas de seguimiento. No sería debido solo a la Selección, por supuesto. La creación de la ACB algún año después, ayudaría a darle un toque de seriedad a nuestro deporte (dos extranjeros por equipo, presupuestos equilibrados, televisión...).

El Eurobasket del año 1983 se celebraría en Francia, en las localidades de Limoges, Cannes y Nantes, y depararía alguna que otra sorpresa y algún que otro altercado famoso.

La mecánica de la competición era sencilla: dos grupos de seis equipos, con los dos primeros de cada grupo pasando directamente a semifinales. Mecánica sencilla en apariencia, pero exigente porque apenas había margen para el error, como se vería.

En el grupo de Cannes quedaban encuadradas las selecciones de la Unión Soviética, Holanda, República Federal de Alemania, Israel, Polonia y Checoslovaquia. Como no podía ser de otra forma, los soviéticos quedaron por encima de todos, con un inmaculado 5-0 y victorias por encima de los veinte puntos de media (un poco descafeinada por la pana que metieron a los holandeses, +49). La segunda posición quedó ocupada, sorpresivamente, por esa misma Holanda, que se vería beneficiada por su victoria ante los alemanes y, sobre todo, por la inoperancia y la mala suerte de Checoslovaquia (dos derrotas en la prórroga). 

El grupo de Limoges fue más reñido, compuesto por España, Italia, Yugoslavia, Grecia, Suecia y Francia. Tres candidatos claros, más Francia, para solo dos plazas. 

España comenzó mal, perdiendo con los transalpinos por 74-75. Ya no había más margen de error, porque otra derrota seguramente dejaría fuera a los hispanos, y teniéndose que enfrentar a los yugoslavos en el siguiente partido. Una victoria homérica (91-90) nos mantenía vivos y traspasaba la presión a los plavi, que deberían ganar sí o sí a los italianos (pudiendo dejar fuera a cualquiera de las dos selecciones latinas).

Pero antes de todo eso, debía continuar el campeonato. Más sustos ante Francia (75-73) y Suecia (81-76) antes de cerrar la fase de grupos con una clara victoria ante Grecia (100-79). Un balance de 4-1 y a esperar lo que pasara entre italianos y plavi. 

Durante todo el campeonato, Yugoslavia había estando renqueando (victorias apuradas ante Francia - +2 - y Grecia - +1 - permitieron que llegaran al último partido con opciones. Durarían poco, eso sí, gracias a la fortaleza mental y competitiva de una selección italiana en su plenitud. El partido dejaría dos cosas para la historia: el resultado (victoria clara 91-76 para los italianos) y la tremenda tángana que se montó (en el vídeo se ve a Kikanovic dando patadas subido a la mesa de anotadores, pero no he logrado ver las famosas tijeras con las que Grbovic -años después jugador del Oximesa Granada- persiguió a Meneghin). Los plavi luego perderían con Israel, para jugarse una deshonrosa séptima plaza ante Alemania que, afortunadamente, ganaron. Su única razón para sonreir fue la aparición de un jovencito Drazen Petrovic, que revolucionaría el baloncesto mundial en la próxima década.



Así que las semifinales fueron Italia - Holanda (sin sorpresas, 88-69) y España - Unión Soviética. Otro partido épico, tirito de Epi a tabla y 95-94 para pasar a la final. Saltos de alegría y emoción. En el mismo campeonato se conseguía vencer a las dos potencias baloncestísticas del momento.

Y un problema para TVE, al coincidir la final del Eurobasket con la de la Copa del Rey de fútbol. Recordemos que solo había una cadena de televisión, así que la cosa estaba peliaguda. Pero, en una decisión sin precedentes hasta entonces, se decidió posponer la final de fútbol para que los aficionados pudieran ver los dos eventos en riguroso directo. ¡El baloncesto había ganado al fútbol!

Una pena que la final pasara sin pena ni gloria. Italia no dio opción y ganó con claridad un partido vibrante (96-105). No pudo ser, pero nos manteníamos entre la élite. 

En lo personal, recuerdo estar tirado en el suelo con los click de playmobil, oyendo la retransmisión del partido y jugándolo a la vez. En esta final alternativa, por supuesto ganó España. Bueno, recuerdo eso y también que no había forma de entender por qué a veces se tiraban dos tiros libres y otras veces tres...

Italia presentó una generación madura, con algunos jóvenes prometedores, un gen competitivo único y momentos de dureza (el gran Dino y sus codos afilados): Meneghin, Marzorati, Riva, Brunamonti, Villalta, Bonamico, Sacchetti, Costa, Vecchiato... con Sandro Gamba en el banquillo.

La Unión Soviética quedó tercera al aplastar por segunda vez a Holanda (105-70). Estuvieron Valters, Mhyskin, Sabonis, Belostenny, Homicius, Iovaisha, Eremin, Tarakanov, Enden, Lopatov (suegro de Kirilenko) y Pankrashkin. Ni qué decir tiene que Gomelski es el que estaba en la banda.

Los doce españolitos: Epi, Corbalán, Martín, Sibilio, Solozábal, Creus, De la Cruz, Iturriaga, Romay, Margall, Jiménez y Fernando Arcega. Con pocas variaciones, veremos estos nombres durante algunos años más. En la banda, el eterno Antonio Díaz - Miguel. 

En este campeonato se eligió el quinteto ideal, formado por Corbalán, Epi, Gallis, Kropilack (Checoslovaquia) y Sabonis (18 añitos, cuidado). 

El MVP fue un españolito, Juan Antonio Corbalán. Aún no lo sabíamos, pero estábamos disfrutando la madurez y los últimos años de un grande entre los grandes y posiblemente el mejor base de nuestra Historia, aún por encima de Calderón. 

El año siguiente sería Olímpico. Allí se vería el mejor baloncesto de aquellos muchachos del Equipo Nacional.

Pero esa es otra historia.


1 de septiembre de 2012

Una vida con la selección - Eurobasket ´81

Siguiendo con la fantastiserie dedicada a mis recuerdos con la Selección Española de Baloncesto, toca el turno a rememorar el Eurobasket celebrado en Praga en 1981.

Lo habíamos dejado tras el subidón de haber conseguido el 4º puesto en los JJOO de Moscú, el año anterior y tras la renovación de 1979, pero con la duda de saber si el equipo era realmente competitivo o si únicamente había tenido suerte al faltar selecciones bastante potentes en el panorama deportivo mundial debido al boicot americano. 

Pronto saldríamos de dudas.

El eterno Antonio Díaz Miguel volvía a ser el seleccionador, confeccionando un equipo que mezclaba veteranos ilustres con jóvenes de calidad: Corbalán, Epi, Brabender (36 años a sus espaldas), Sibilio, Flores, Solozábal, Rullán, De la Cruz, Costa, Margall, Romay y un jovencísmo Fernando Martín, que luego daría mucho que hablar. 

La mecánica del campeonato consistía en 12 selecciones divididas en grupos de 6. Los tres primeros de cada grupo jugaban contra los otros tres primeros del grupo contrario, arrastrando los resultados entre sí. El primero y el segundo de este grupo pasaba directamente a la final mientras que el tercero y el cuarto competían por el bronce. 

España quedó encuadrada con Gran Bretaña, Francia, Grecia, Israel y Checoslovaquia, a priori el más sencillo porque en el otro quedaron los cocos: Alemania, Italia, Polonia, URSS y Turquía. 

No se defraudaron las expectativas, quedando primera de grupo con un inmaculado 5-0 y una diferencia media de 18 puntos y anotando más de 90 puntos por partido. Francia (102-93), Israel (89-81), Checoslovaquia (72-69), Inglaterra (78-47) y Grecia (111-72) no fueron rival para el combinado nacional. El objetivo se cumplía con creces, mientras que Checoslovaquia, con una victoria, e Israel acompañaban a la siguiente fase.

Allí esperaban la URSS, también invicta y ganando por más de 22 puntos de diferencia media y que había ganado por 30 a Italia y por 20 a Yugoslavia. Los plavi fueron segundos e Italia tercera.

Quedaba ahora refrendar lo mostrado hasta entonces. Salvo debacle, se debería competir por las medallas, para lo que únicamente se necesitaba una victoria que llegó con un 87-86 agónico contra Italia. Y menos mal, porque aunque se compitió contra los intratables soviéticos (101-110) en lo que seria el partido más ajustado en su impecable campeonato, los yugoslavos nos pasaron por encima (72-95) en un partido que, de haber ganado, nos habría catapultado hasta la final. 

Israel, plata dos años antes en Turín, se fue de vacío con un balance 3-5 y habiendo ganado solo a las selecciones más débiles. Italia tampoco fue mucho más allá, con solo una victoria en el grupo de los buenos.

La final fue otro paseo para los soviéticos, que aplastaron a sus archirivales plavi por 84 a 67. En el partido por el bronce, España no pudo repetir ante los anfitriones la victoria de la fase de grupos, sucumbiendo por 90 a 101. 

No obstante, los pasos que se estaban dando iban en la buena dirección. El equipo progresaba y demostraba que podía competir imponiendo un ritmo frenético de defensa y contraataque, poco especulativo y que sería el sello de este equipo durante la primera mitad de la década de los 80. 

Los nombres de los componentes de la escuadra soviética eran para asustar: Valters (mejor jugador del campeonato), Belov, Mishkin, Tkachenko, Belostenny, Iovaisha, Eremin, Tarakanov, Lopatov... Un equipo que no tenía rival en lo físico y con suficientes buenos jugadores como para sobreponerse al a veces trasnochado juego impuesto por Gomelski. 

No pesan los años, pesan los quilos, amigo Sergei


Tanjevic, por su parte, dirigió a una generacion gloriosa pero envejecida que iba demostrando que el paso de los años pasaba factura en su juego. Aún así, la nómina de estrellas era superlativa: Kosic, Dalipagic, Delibasic, Kikanovic, Knego, Vilfan






11 de marzo de 2012

Una vida con la selección - Eurobasket ´79

El fracaso de Lieja 77 hizo que la Selección no se clasificara para el Mundobasket ´78 a celebrar en Filipinas y que vio coronarse de nuevo a Yugoslavia.

Así que ese año sabático serviría para preparar el Eurobasket de 1979 que se celebró en Italia. Esta edición marcaría el punto de inflexión en lo que parecía ser la caída libre del baloncesto español y el descubrimiento internacional de una generación, la del 59, que daría unos cuantos años de gloria y, sobre todo en sus primeros años, marcaría un hito en cuanto a vistosidad y alegría en el juego.

El campeonato contó con doce participantes. El Equipo Nacional quedaría encuadrado en el grupo B, con sede en Siena, junto a los soviéticos, búlgaros y holandeses. En el grupo A estarían belgas, griegos, italianos y checoslovacos. Por último, el grupo C lo encuadraban franceses, israelíes, yugoslavos y polacos.

La mecánica del torneo hacía pasar a los dos primeros de cada grupo a una segunda fase en la que se enfrentaban todos contra todos (con validez del resultado de grupo). Los dos primeros jugarían directamente la final, mientras el tercero y el cuarto se enfrentaban por la medalla de bronce.

España parecía abocada al segundo lugar de su grupo, pero tras vencer a Bulgaria (85-81) y arrollar a los holandeses (105-83), dio la gran sorpresa derrotando a la todopoderosa Unión Soviética con claridad (101-90). Pasaba a la siguiente fase como primera de grupo, una victoria en el zurrón y una curiosa diferencia de puntos a favor. 

En el grupo A, Checoslovaquia venció al anfitrión italiano y se hizo con la primera plaza, dejando a los transalpinos con un cero para la segunda fase. El grupo C dio la gran sorpresa del campeonato, que luego se confirmaría como algo más, pues Israel pasó como primera de grupo tras vencer a los plavi en un agónico partido en el que se jugaban todo (77-76) y dejaron con la miel en los labios a polacos y franceses, empatados con una victoria y dos derrotas.

La segunda fase, con Checoslovaquia, Italia, España, URSS, Israel y Yugoslavia, se celebró en Turín. Ahí se notó la inexperiencia del Equipo Nacional, pues compitió de tú a tú con todos los contrincantes, pero sin conseguir arrancar una victoria más. Israel (84-88), Italia (80-81), Yugoslavia (100-108) y Checoslovaquia (100-107), derrotaron sucesivamente a los nuestros, que tuvieron que conformarse con el sexto puesto final. 

A la victoria ante España, los judíos añadieron otra por la mínima a Checoslovaquia (94-93) que, añadida a la de la primera fase ante Yugoslavia -con quien terminaron empatados en la segunda fase -sirvió para enviarlos directamente a la final, contra todo pronóstico. La selección plavi quedaba apeada de la final tras tres títulos consecutivos y competiría contra Checoslovaquia por el bronce. Italia sería la gran decepción, tras quedar apeada de la lucha por los metales siendo anfitriona y tras unos años de buenos resultados. 

Por el bronce, los plavi vencieron a los checos por un ajustado 99-92. La final no tuvo historia y los soviéticos aplastaron a los israelíes, que bastante habían hecho, por 98 a 76. Nunca más llegarían tan lejos. 

La Unión Soviética contaba con figuras como Belov, Mishkin, Tkachenko, Edeshko, Eremin, Belostenny, Homicius, Tarakanov o Lopatov, con el inconfundible Gomelski en el banquillo. Muchos de estos nombres serían habituales en los enfrentamientos con España en la década de los ochenta.

Israel contó con el MVP, Miki Berkowitz (Miki, rey de Israel, cantaban los enfervorecidos hinchas del Maccabi durante sus enfrentamientos con el Real Madrid) o Moti Aroesti.

Miki, rey de Israel
 Por Yugoslavia jugaron clásicos como Cosic, Delibasic, Dalipagic, Kikanovic, Slavnic, Jerkov o Vilfan. En el banquillo un joven Petar Skansi, que había disfrutado como jugador de los primeros éxitos del baloncesto yugoslavo.

España llevó al Eurobasket un equipo formado por Brabender, Llorente, Sibilio, Margall, Flores, Romay, Santillana, Corbalán, Solozábal, De la Cruz, Iturriaga y Epi. Antonio Díaz Miguel renovó por completo el equipo, manteniendo un núcleo de jugadores veteranos y todavía con recorrido, y añadiendo a un puñado de jóvenes talentosos, a los que posteriormente se añadirían elementos como Martín o Jiménez. Con esta base se escribieron momentos de gloria del baloncesto español.

Uno de ellos sería al año siguiente, en los Juegos Olímpicos de Moscú.




4 de febrero de 2012

Una vida con la selección - Eurobasket ´77

El torneo Preolímpico de 1976 había supuesto la constatación de que el Equipo Nacional estaba lejos de poder competir con garantías contra las mejores selecciones nacionales de ese año. La irrupción de la potente Italia, que contaba con una gran generación de jugadores bastante jóvenes, hacía que el número de aspirantes fuese mayor, mientras que las tradicionales selecciones del Este comunista eran aún inalcanzables. 

Así que se pasó de una medalla de plata en 1973 y la mejor clasificación histórica en un Mundobasket en 1974, a desaparecer prácticamente del mapa de la élite baloncestística europea. 

Con esas sensaciones se presentó el Equipo Nacional en el Eurobasket de 1977, celebrado en Lieja (Bélgica), con un equipo bastante joven que quedó encuadrado en el grupo B junto a los anfitriones, Holanda, Finlandia, Checoslovaquia y Yugoslavia. La mecánica del campeonato hacía que España debería jugarse la segunda plaza del grupo con Checoslovaquia si quería luchar por las medallas. En el grupo A quedaron encuadradas la Unión Soviética, Italia, Bulgaria, Israel, Francia y Austria. 

En la primera jornada se sufrió una previsible derrota frente a los plavi (76-79) que por lo menos hacía albergar alguna esperanza, que desapareció casi inmediatamente con la contundente derrota (95-114) frente a Holanda. La cosa se complicaba para acabar con todo en la tercera jornada (nueva derrota 70-73 frente a Checoslovaquia). A España no quedaba otra cosa que tratar de competir dignamente y quedar en la mejor posición posible, lo que hizo derrotando sucesivamente a Bélgica (no sin apuros, 94-93) y a Finlandia (un corto 85-78). 

El Equipo Nacional terminó la fase de grupos en quinta posición, lo que llevaba a la lucha por el 9º puesto como mejor opción. Se derrotó a Austria (88-84) y de nuevo a Finlandia (un claro 106-89, como victoria más amplia del torneo). El castigo más duro supuso quedar fuera de cualquier opción de jugar el Mundobasket que se celebraría al año siguiente en Filipinas.

Una vez más, quedó claro que España estaba lejos de poder competir con los mejores y que le costaba mucho ganar a los pequeños. Se encontraba en una especie de dolorosa tierra de nadie.

La cuarta jornada del grupo A vino con sorpresa: la derrota de los soviéticos, que ganarían sus partidos de grupo por una diferencia media superior a los 40 tantos,  ante Italia (95-87). Esto suponía que en la última jornada se decidirían los cruces de semifinales. Italia y la Unión Soviética no fallarían en el grupo A, quedando primera y segunda respectivamente. Los soviéticos se enfrentarían al ganador del Checoslovaquia-Yugoslavia que fue ¡Checoslovaquia!. Una muestra más del saber hacer de los plavi, que perdieron 103-111.

Las semifinales no tuvieron historia, ganando Yugoslavia a Italia (88-69) y los soviéticos a los checos (91-76). En la final, los yugoslavos revalidaron su título (encandenando tres triunfos seguidos) venciendo a los soviéticos por 74 a 61 Italia perdería un merecido bronce al ser derrotados por los checos. 

Entre las filas plavi tenemos a genios del baloncesto, aún jóvenes: Cosic, Dalipagic, Delibasic, Kikanovic, Slavnic, Jelovac o Jerkov. En los banquillos, el maestro Asa Nikolic.

Los soviéticos contaban, entre otros, con Belov, Myshkin, Tachenko, Belostenny, Eremin o Korkia, con el eterno Gomelski en el banquillo. 

Con los checos estaban ya Brabenec o Kropilak, de infausto recuerdo en las semifinales del Eurobasket de 1985. 

En Italia, los emergentes Meneghin, Marzorati, Bonamico, Bariviera o Vecchiato.

Defendieron la camiseta de España: Brabender, Prada, Santillana, Filbá, Margall, Flores, Juan Ramón Fernández (desconocido para mí), Corbalán, Rullán, Carmelo Cabrera, Gonzalo Sagi-Vela y un joven De la Cruz. Un equipo con una media de edad alrededor de los 25 años y escaso de centímetros, dirigido por Antonio Díaz - Miguel.

Como digo, el Equipo Nacional pasaría un año alejado de las grandes competiciones, pero volvería con fuerza en Turín, dos años después, inicio de uno de los ciclos más gloriosos de nuestro baloncesto.


24 de julio de 2011

Una vida con la selección - Eurobasket ´75

En junio de 1975 se organizó el XIX Campeonato de Europa de Baloncesto en Yugoslavia. Las expectativas españolas eran altas, no en balde había logrado la medalla de plata dos años antes y, el año anterior, su mejor clasificación en un Mundobasket. Tampoco es que el panorama baloncestístico hubiera cambiado demasiado en este bienio, así que se podía esperar mantenerse en la élite europea.

En el campeonato participaron doce selecciones, repartidas en tres grupos de cuatro equipos cada uno. Jugarían todos contra todos y los dos primeros de cada grupo formarían el grupo final del que saldría el campeón. El resto jugarían por los puestos 7º a 12º.

El grupo A lo formaron los anfitriones junto a Yugoslavia, Turquía y Holanda. La clasificación final fue en este orden, con los plavi ganando sus partidos por más de veinte puntos de media. Los italianos perdieron claramente con ellos, pero se clasificaron gracias a una ajustada victoria ante los otomanos.

En el grupo B estaban soviéticos, checos, Israel y Polonia. Una derrota por 85-86 ante Checoslovaquia, dejó a los judíos fuera del campeonato. La Unión Soviética sufrió bastante para ganar el grupo, comparado con lo que era habitual en la época.

El grupo C encuadraba a España, Bulgaria, Rumanía y Grecia. La selección confirmaba las expectativas, pasando primera de grupo tras tres claras victorias, si bien ante rivales que no eran especialmente potentes. Los búlgaros acompañarían a los hispanos en la fase final.

Para la fase final se arrastraba el resultado conseguido contra el otro equipo del mismo grupo, por lo que España comenzaba con 1-0.  Lamentablemente, ya la primera jornada deparó una clara derrota contra los yugoslavos (76-98).  Pero es que el segundo día se perdió claramente también con Italia (69-89). Una tercera derrota consecutiva ante los soviéticos (80-94) dejó sin valor la balsámica victoria ante los checos (87-67).


Foto: ACB.com
El resultado sería un amargo cuarto puesto. Amargo, porque los resultados reflejaron que las distancias frente a los tres primeros habían resultado excesivas, sin opción siquiera a disputar los partidos.

Italia, finalmente tercera, tuvo opciones al segundo puesto, pero la derrota ante los soviéticos sería crucial. La última jornada dejó el duelo entre los dos máximos favoritos, decantado hacia el lado de los anfitriones por 90 a 84. Yugoslavia revalidaría su título continental.

Kresimir Cosic sería nombrado mejor jugador del torneo, aunque la generacíón dorada plavi estaba formada por un cúmulo de estrellas. Junto a Cosic estuvieron Dalipagic, Delibasic (primera aparición del genio bosnio), Kikanovic, Slavnic, Plecas, Jerkov, Jelovac, Solman, Tvrdic, Zizic y Kapicic. Nuevamente en el banquillo estuvo Mirko Novosel.

La Unión Soviética, dirigida por Vladimir Kondrashin, tenía entre sus filas a los Belov (Sergei, máximo anotador del torneo, y Alexander), Edeshko, Korkia o Miloserdov.

En Italia ya estaban los eternos Meneghin y Marzorati, junto a Recalcati (posteriormente seleccionador), Bariviera, Villalta o Zanatta.

Los doce españoles fueron, esta vez, Corbalán, Brabender, Luyk, Rullán, Santillana, Flores, Cabrera, Cristobal Rodríguez, Iradier, López Abril, Filbá y Miguel Ángel Estrada, con Díaz Miguel en el banquillo (cómo no).

Este campeonato marcaría el inicio de unos tiempos difíciles que duraron unos pocos años hasta que el cambio generacional dio frutos y devolvió a España a la élite baloncestística europea y mundial.

4 de julio de 2011

Una vida con la selección - Eurobasket ´73

El próximo 28 de julio cumplire 38 años, así que he pensado que podría ser interesante hacer un repaso a las distintas competiciones internacionales que se han celebrado desde entonces (Eurobasket, Mundobasket y Juegos Olímpicos) en las que haya participado la selección española de baloncesto.

Para empezar, el año de mi nacimiento se celebraba en Barcelona el Eurobasket de 1973 que a la postre fue la primera gran hazaña del baloncesto español en la que podríamos denominar Era Moderna. Evidentemente no tengo recuerdos personales, pero tiraré de hemeroteca.

Celebrado entre el día 27 de setiembre y el día 6 de octubre, disputaron la fase final un total de doce selecciones nacionales, divididas en dos grupos: el A (con Israel, Polonia, Rumanía, Unión Soviética, Checoslovaquia y Turquía) y el B (con Bulgaria, Francia, Grecia, Italia, Yugoslavia y España).

Tras disputarse la primera fase, España quedó segunda de su grupo con cuatro victorias y una sola derrota ante Yugoslavia. El modelo de competición hizo que los dos primeros de cada grupo disputaran directamente las semifinales, así que España se debía enfrentar ante la todopoderosa Unión Soviética que, cómo no, ganó todos sus partidos por una diferencia media superior a 20 puntos.

Foto: web de KK Zadar
 Los soviéticos eran claros favoritos, con un equipo en el que figuraban Sergei Belov, Modestas Paulauskas, Anatoly Mishkin o Ivan Edeshko. Pero, contra todo pronóstico, los españolitos les superaron por un ajustado 80 a 76. España disputaría su primera final desde 1935 frente a la pujante Yugoslavia.
Que no era moco de pavo. Su doce lo formaban Cosic, Dalipagic, Kikanovic, Slavnic, Plecas, Jerkov, Jelovac, Solman, Tvrdic, Marovic, Knezevic e Ivkovic. La inmensa mayoría son nombres que se encuentran en el Olimpo del baloncesto mundial y europeo, dirigidos desde la banda por el maestro croata Mirko Novosel. 

La selección no pudo repetir la proeza y cayó 67 a 78. Yugoslavia ganaría el primer título europeo de su historia, añadiendo después dos más de forma consecutiva. 




Como dijo Raimundo Saporta, "al podio se sube con el pie derecho". Así lo hizo el capitán Francesc "Nino" Buscató. Al tercer cajón subieron los soviéticos, tras arrollar a Checoslovaquia.

Doce héroes para una gesta inimaginable en la época: Luyk, Brabender (elegido mejor jugador del torneo), Buscató, Ramos, Rullán, Flores, Santillana, Cabrera, los hermanos Gonzalo y José Luis Sagi-Vela, Estrada y Enrique Margall. En la banda, Antonio Díaz Miguel.