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10 de diciembre de 2022

El gigante rojo. Una historia del baloncesto soviético.

Los autores Marc Bret y Nacho Morejón nos traen un librazo de Historia del Baloncesto, el recorrido del baloncesto soviético desde sus inicios en la década de los cuarenta hasta su implosión a finales de los años ochenta y principios de la década de los noventa del siglo pasado. 

Hay que agradecer a los autores su gran labor de investigación, que se nota tanto en testimonios de primera mano de los protagonistas como con una buena colección de fotos, muchas de ellas que pertenecen a los archivos privados de los que posaron para ellas o de sus familiares. 

La historia del baloncesto soviético es, por derecho propio, historia del baloncesto mundial. La polarizacion política del mundo durante gran parte del siglo XX tuvo un fiel reflejo en el deporte, utilizado por ambas superpotencias como un elemento propagandístico ideal para ensalzar las virtudes del sistema político y económico propio. Podríamos quizás hablar de una guerra templada, como contrapartida a la guerra fría del momento. 

 

Desde el principio del régimen bolchevique, el deporte tomó un lugar principal en sus esfuerzos. Promovieron las espartaquiadas como una suerte de juegos olímpicos del proletariado, al principio acotadas a los pueblos que formaban parte de la Unión Soviética y, después de la Segunda Guerra Mundial, ampliada a los países que se integraron en el Pacto de Varsovia. 

Dentro del deporte en general, el baloncesto era una de las joyas de la corona, por lo que ello representaba. Los inventores y reyes indiscutibles del baloncesto eran la némesis del régimen soviético. Por eso, derrotarles en la cancha sería un sucedáneo de hacerlo en los campos de batalla, sin los riesgos de una guerra nuclear que ya se oteaban en el horizonte. 

El libro explica con todo lujo de detalles cómo se trabajaba la base baloncestística, la organización de las competiciones locales y el reparto de los mayores talentos. Todo estaba subordinado al éxito de la selección en competiciones internacionales mientras que en las domésticas se intentaba favorecer al equipo del Ejército Rojo en Moscú, el TSKA que compitió de tú a tú con equipos occidentales, principalmente italianos y el Real Madrid, que apareció después del dominio del ASK Riga del gigante Janis Krumins y de un personaje que se convertirá en factótum del baloncesto: Alexandr Gomelski. 

El verdadero gigante rojo
 

La Unión Soviética desarrolló programas que consiguieron arrollar en los Eurobasket desde 1947 hasta 1971, con once títulos de trece posibles, hasta la irrupción de Yugoslavia como potencia europea (con una filosofía de reparto de talento entre sus equipos). 

En los campeontatos del mundo también se cosecharon éxitos, si bien más dispersos y poco satisfactorios porque los equipos enviados por Estados Unidos no tenían la misma entidad que los que enviaban a los Juegos Olímpicos. 

Eran los Juegos la joya de la corona del baloncesto mundial, y ahí chocaban los soviéticos una y otra vez contra un muro hasta el polémico triunfo de 1972, efectivo en lo propagandisticio, pero poco satisfctorio en lo deportivo. Esperaron dieciséis años hasta conseguir vencer en Seúl en 1988, derrotando en semifinales a un equipo estadounidense que contaba con dos números uno del sorteo universitario, David Robinson y Danny Manning, pero dirigido en el banquillo por John Thompson, de infausto recuerdo, que no supo sacar partido de un equipo que contaba además con Dan Majerle y Charles Smith. 

Por el lado soviético, el maquiavélico Gomelski sí lo hizo de un equipazo con Volkov, Marciulionis, Sokk, Tikhonenko, Belostenny, Tarakanov, Kurtinaitis, Homicius, Miglieniks, Pankrashkin, Goborov y un renacido Sabonis. 

El gigante rojo somete al capitalismo
 

Pocos podrían esperar que al pico máximo le seguiría tan rápido el valle más profundo. Decepción en el Eurobasket 89 y un Mundobasket 90 en el que ya no participaron los lituanos. La URSS no participó en el Eurobasket 91 y en los JJOO de Barcelona lo hicieron bajo denominación de CEI, sin los estados bálticos que ya habían declarado su independencia. 

Toda esta epopeya, con sus personajes, sus luces y sus sombras, está contada de forma amena en el libro. Salen a la luz circunstancias que ya habían estado bajo sospecha, como que la causa de las sorprendentes ausencias de jugadores o técnicos (Mishkin o el propio Gomelski, por ejemplo), se debían a causas políticas o haberles pillado con contrabando en algún viaje de gira por el extranjero, en el que los participantes se aseguraban ingresos extra que ayudaban a paliar las duras condiciones de vida en un sistema comunista. 

Eran otros tiempos, más duros. Agentes KGB y comisarios políticos acompañando las expediciones, algunos jugadores actuando como soplones de sus compañeros a cambio de mayores privilegios, el sistema de recompensas con los que se motivaba a los jugadores como conseguir un coche sin lista de espera u obtener un piso o apartamento más grande... Parece todo sacado de una película o de un libro. 

Con todo, la historia del baloncesto y del mundo no se entiende sin el baloncesto soviético y la larga lista de nombres míticos que ha dejado detrás.

El gigante rojo. Una historia del baloncesto soviético no es un libro solo aconsejable a los aficionados a este deporte, sino a todos aquellos lectores que estén interesados en la historia del siglo XX.

15 de abril de 2022

Quintetos europeos en la NBA

Con motivo de su 75 aniversario, la NBA ha elegido sus dos quintetos de jugadores europeos de todos los tiempos mediante una mezcla de voto popular y voto cualificado. 

En el primer quinteto tenemos a Toni Parker, Luka Doncic, Dirk Nowitzki, Giannis Antetokoumpo y Pau Gasol. En el segundo quinteto encontramos a Drazen Petrovic, Pedja Stojakovic, Toni Kukoc, Nikola Jokic y Arvidas Sabonis. 

Más allá del orgullo de encontrar a nuestro Pau Gasol en el olimpo de los jugadores europeos y de que hayan quedado fuera de este reconocimiento un buen número de grandes jugadores, desde Detlef Schremph hasta Vlade Divac, pasando por el mediano de los hermanos Gasol o un Dino Radja que hizo muy buenas campañas en unos Celtics bastante mediocres, hay alguna reflexión que interesa realizar. 

 

Amplio surtido para elegir
 

Llevo algunas entradas dando señales de que cada vez pienso más que el baloncesto que se juega en la NBA y el que se juega en FIBA tienen más bien poco que ver entre sí, hasta el punto de que a veces me parecen juegos totalmente distintos. Y todo esto se ha agudizado desde la deriva en el abuso de tiro de tres que se ha producido al otro lado del charco coincidiendo con la aparición de jugadores con un rango de tiro extremo como Stephen Curry, Klay Thompson o Damian Lillard, todos ellos bastante capaces de meter un triple desde el logo, bien cuadrados y con una estética de tiro impecable, estirando al máximo los límites de la cancha. 

Ese estilo de juego, ayudado por las reglas especiales que en la NBA favorecen el juego ofensivo, como la regla de los tres segundos en defensa, frente al juego más ordenado, lento y con predominancia de las defensas zonales que se realiza a este lado del charco, hace que las diferencias de rendimiento en la NBA y el baloncesto FIBA no sean totalmente comparables. 

Hay jugadores como Parker, Nowitzki o Pau Gasol que han sido igual de determinantes en ambos estilos de juego. 

Nowitzki fue capaz de llevar a los Mavericks al título en 2011 mientras verano tras verano cargaba sobre sus hombros el destino de un equipo alemán bastante mediocre al que llevó a la medalla de bronce en el Mundobasket 2002 y a la plata en el Eurobasket de 2005, ambas a costa de nuestro Equipo Nacional. Todo ello aderezado con un MVP de la NBA y de las Finales, infinidad de All-Stars y All-NBA Teams.

 

Toni Parker fue la cabeza visible de una Francia que fue durante mucho tiempo, el rival más cualificado de España y que consiguió el oro en el Eurobasket de 2013 y, sobre todo, eliminarnos en los cuartos de final del Mundobasket de España en 2014, en lo que fue probablemente el mayor fracaso de los nuestros en los últimos veinte años. En sus ratos libres fue tres veces campeón con los Spurs e incluso se permitió el lujo de ser MVP de una de las Finales.

Los méritos de Pau Gasol son enormes y no voy a listarlos aquí, ya que espero que todos los aficionados los tendremos en nuestra memoria reciente. 

Si me apuras, incluso Luka Doncic apunta maneras en esto qu estoy diciendo. Campeón del Eurobasket 2017, aunque compartiendo liderazgo con Dragic, clasificó a su pequeño país a los JJOO de Tokio y acabó en cuarta posición, llevando a Eslovenia hasta donde le permitieron sus fuerzas (se encontraba en un evidente estado de forma deficiente). 

En el segundo quinteto tenemos a tres europeos que marcaron historia en los noventa, cuando solo pensar en dar el salto estaba al alcance de unos pocos elegidos. 


 

Kukoc fue miembro destacado del segundo triplete de los Bulls y Mejor Sexto Hombre una temporada, tras haber logrado otro triplete con la mítica Jugoplastika cada vez más desmantelada y casi campeón con la Benetton de Treviso el año que el Limoges de Maljkovic casi se carga el baloncesto continental. 

Tenemos también dos what if en Petrovic (¿qué hubiera logrado de no haber fallecido en accidente de coche aquel junio de 1993 cuando venía de su mejor temporada y a las puertas de haber sido All-Star?) y Sabonis (¿qué hubiera logrado de haber llegado más joven y con las dos piernas, cuando a los treinta y pico y cojo se marcó una temporada de 16+10?). Ambos dominaro Europa en su plenitud. 

Sin embargo, a lo que voy con tanto rodeo, es que Jokic (vigente MVP y gran favorito para el segundo consecutivo, con medias de 27-14-8) y Antetokoumpo (dos veces MVP, una vez campeón y MVP de las Finales, además de un portento físico y medias de 30-12-5), no soportan la comparación con las grandes estrellas europeas del pasado reciente. Con Toni, Pau y Dirk, más concretamente. 

Para muchos de vosotros esto es una herejía. Sin embargo, yo pienso que no pueden estar a la altura porque no han sido capaces de dominar a ambos lados del charco, en ambos estilos de juego. 

Jokic fracasó con rotundidad en el Mundobasket de 2019. Serbia tenía un equipazo y todo el mundo pensaba que era el máximo rival de los Estados Unidos. Un desatado Djordjevic dijo que era mejor que Dios les pillara confesados si se cruzaban con su selección en una muestra de la atávica soberbia serbia. Por desgracia, el mago Scariolo y sus esforzados muchachos se cruzaron en el camino, desquiciaron a Nikola y sobrevivieron al gran partido de Bogdanovic. Desde entonces ni Jokic ni Serbia fueron lo mismo y se diluyeron como un azucarillo. 

Al bueno de Giannis le pasó lo mismo con un relativamente potente equipo griego que ni siquiera pasó a la fase de cruces. Fue su segunda oportunidad después de que en el Eurobasket de 2015 España le pasara por encima en su camino al título más épico y gasólico de los últimos años. Poco se habla de la gran defensa de Claver, aunque el griego todavía estaba algo lejos del nivel que hoy presenta. 

Creo que a ambos les beneficia el juego abierto de la NBA. El serbio se aprovecha de su innegable gran visión de juego y al griego le va genial con un físico que le permite recorrer toda la cancha en diez o doce zancadas. Pero cuando la cosa se atasca, cuando el cemento se apodera de la cancha y el IQ baloncestístico es más importante, ambos no han dado la talla, por diferentes motivos: Jokic porque tiene un cable pelado y a veces cortocircuita; Giannis porque su innegable físico no saca ventaja en la jungla de brazos y piernas que pueden hacer ayudas interminables sin estar sometidos a la puñetera norma de los tres segundos defensivos. 

Si tuviera que elegir a uno de los dos, elegiría a Jokic. Me parece que tiene mayor talento, inteligencia y visión del juego que Giannis, al que me gustará ver en cinco o seis años cuando su físico no sea tan determinante como ahora (aunque supongo que, como suele pasar, me callará la boca con su evolución). 

Mientras tanto, Pau, Toni y sobre todos Nowitki, no tienen comparación en cuanto a baloncesto puro se refiere, de la mano con Kukoc, Petrovi y sobre todo Sabonis, al que considero el mejor jugador de baloncesto europeo de la Historia (¡cuánto lamento no haber podido ver jugar a Cosic en su plenitud!). 

24 de mayo de 2015

Veinte años no son nada

Ha pasado ya una semana desde que el Real Madrid de baloncesto, a las órdenes de Pablo Laso, rompió una maldición que ya duraba veinte años. Noveno título europeo para un equipo que es historia viva de este deporte. 

Y lo ha hecho haciendo frente a sus complejos y sus monstruos. Derrotando en la semifinal al gran ogro de la Euroliga, el gran Zeljko Obradovic, que la ha ganado con cuatro equipos diferentes y que fue precisamente uno de los grandes protagonistas del último gran título madridista. Un equipo, el Fenerbahce turco, con una plantilla bastante apañada y que había derrotado al Barcelona para llegar a la Final a Cuatro de Madrid.

En el horizonte se perfilaba el CSKA, quizá el favorito máximo para el título, aunque parece que la falta de Messina ha pesado demasiado. Así que, quien esperaba el domingo por la tarde, era el viejo enemigo, Olimpiacos, Spanoulis, Printezis. Los mismos que hace un par de años rompieron el corazón blanco remontando veinte puntos de ventaja en un suspiro para alzarse con la copa.

 
Por lo menos fue en color...


Esta vez no fue así. 

Es probable que el Real Madrid tenga una plantilla inferior a la de los últimos años. Para empezar no está Mirotic, y su hueco no se ha terminado de llenar.

Es también probable que el Real Madrid tenga este año una plantilla demasiado vieja, comparada con las últimas. A los años que van cumpliendo los Rudy, Chacho, Felipe y Llull, hay que añadir la edad de los nuevos fichajes.

Pero lo que es cierto es que el Real Madrid tiene la plantilla con más carácter. Para ello ha fichado a Ayón, a Maciulis y, sobre todo, a Nocioni (lo de Campazzo me parece un poco broma, la verdad). El chapu, odiado cuando jugaba en el TAU / Caja Laboral, ha subido a los altares de la religión merengue ganando un merecido premio MVP a sus treinta y cinco años de edad. Merecido, porque no hay más que ver los estratosféricos tapones que ha colocado en semifinales y final, para hundir sicológicamente a sus rivales. 

Grandes aciertos, sobre todo Ayón (ha llegado en un gran momento al tramo decisivo, supliendo el bajón de Boroussis o quizá siendo causa directa del mismo) y Nocioni. Como gran acierto fue mantener a Slaughter (sigue dándolo todo en defensa, sea quien sea el rival que tenga delante, base, escolta o pivot) y a Pablo Laso, que se ha repuesto del despido de su cuerpo técnico. 

Porque lo de Laso es de traca: ocho títulos en doce finales de las quince posibles. Desde Ferrándiz y Lolo Sáinz no se ha visto nada igual.

Hagamos un poco de memoria baloncestística:

Año 1995: Antúnez, Arlauckas, Cargol, Sabonis, Martín, Biriukov, Lasa, Santos, Kurtinaitis, García Coll, Skeeter Henry, Romero, Ferrer y Silva

Año 2015: Chacho, Llull, Campazzo, Carroll, Rivers, Rudy, Maciulis, Nocioni, Reyes, Ayón, Slaughter, Mejri, Bouroussis.

Aunque la presencia del gran Arvidas Sabonis y de Arlauckas desvirtúa un poco el cuadro, podemos decir que la plantilla actual tiene más fondo de armario o que, al menos, no cuenta con ninguna superestrella. Y aún así disfrutamos de su baloncesto atractivo y solidario. 

A por el triplete



2 de abril de 2015

Una vida con la Selección - Eurobasket ´95

Retomamos esta sección, que habíamos dejado con el mal sabor de boca del Mundobasket de 1994 y el famoso chinazo que, junto con el angolazo, constituyen los puntos más bajos de la historia moderna de la Selección.

En Grecia se celebró un nuevo Eurobasket en el año 1995 y allí que se dirigieron los chicos de Lolo Sáinz con el doble propósito de restañar esa herida y clasificarse para los Juegos Olímpicos a celebrarse el año siguiente en Atlanta. 

Además el campeonato tenía el aliciente de volver a ver a la selección de Yugoslavia en lo que era su retorno a la máxima competición tras el oro de Roma ´91 y los siguientes años de sanciones. Juntaron un equipazo que automáticamente se convirtió en uno de los máximos favoritos para el oro.

Las catorce selecciones participantes quedaron encuadradas en dos grupos de siete, de los cuales los cuatro primeros equipos se clasificarían para los cruces de cuartos de final. 

El grupo A lo conformarían Yugoslavia, Lituania, Grecia, Italia, Israel, Alemania y Suecia. Los plavi no defraudaron y ganaron todos sus partidos, quedando primeros de grupo. Lituania, con otro gran equipo, quedó segunda con 5-1. La anfitriona Grecia e Italia completaron en cuarteto de selecciones clasificadas, mientras que Israel (2-4), Alemania (1-5) y Suecia (0-6) fueron comparsas y apenas presentaron problemas a los anteriores.

El grupo B lo formaban, además de España, otro equipazo como Croacia, Rusia, Francia, Eslovenia, Turquía y Finlandia. Los croatas resolvieron bien sus partidos (+10 a España, +6 a Rusia, +9 a Francia) aunque sin demasiados alardes, y quedaron primeros de grupo con 6-0. Por detrás, un triple empate entre España, Francia y Rusia resuelto a favor de los nuestros (-11 con Francia, pero +16 con Rusia). Entre medias, tocó sufrir con Eslovenia (+3 y gracias, con partidazo de Herreros). 

El segundo puesto era un regalo envenenado que dirigía a los nuestros al choque con los griegos. Un gran partido de Christodoulou, Fassoulas y Ekonomou y la actuación parcial de los árbitros, hicieron estéril el esfuerzo de Herreros (15), Alfonso Reyes (13+12), Ferrán (14+7) y Smith (9+9). España quedaba fuera de semifinales por segundo Eurobasket consecutivo y debería luchar por el quinto puesto que daba acceso al Preolímpico. 

El resto de los cruces no deparó sorpresas: Lituania venció 82-71 a Rusia con Sabonis esplendoroso (33+14). Croacia a Italia (71-61) con Kukoc en plan estelar (24+10+3) y la selección de Yugoslavia destrozó a Francia (104-86) a pesar de los 38 puntos de Bonato. 

En semifinales, Lituania se deshizo de Croacia, haciendo estériles los 25 puntos de Radja y los 17 de Komazec en un partido gris de Kukoc, gracias a Sabonis (26+17), Marciulionis (27+7+4), Karnisovas (19) y el eterno Kurtinaitis (16). En el otro lado del cuadro, Yugoslavia derrotó a Grecia (60-50) en un partido bastante pobre.

La final estaba servida. Por un lado la resurgida Yugoslavia. Por el otro, la potente Lituania. El partido de la primera fase no significaba nada y ambas selecciones querían el triunfo por encima de todo. Nos ofrecieron un partido espectacular, uno de los mejores del baloncesto FIBA quizá hasta las finales olímpicas disputadas por España ante Estados Unidos. Lo tuvo todo: emoción (96-90 al final, 48-49 al descanso) y polémica (el equipo lituano estuvo a punto de retirarse por lo que entendían era un atentado arbitral; Djordjevic, sabedor de que su país necesitaba volver a sentirse ganador, consiguió mediar y que el equipo lituano volviera a la pista). 

Pero, sobre todo, fue un partido en el que las estrellas ejercieron como tales. Empezando por Marciulionis (32+6+6), Sabonis (20+8) y Karnisovas (19) para continuar con Bodiroga (12+4+3), Danilovic (23) y, sobre todos, Djordjevic (41 puntos, 9/12 triples, 40 minutos). 



Los plavi reconquistaron el trono que les fuera arrebatado por la fuerza en una demostración de carácter y calidad como pocas veces se ha visto y demostrando que, de no haber sido por las sanciones, hubieran dominado el baloncesto continental como no se veía desde los tiempos de la extinta Unión Soviética. 

Croacia remontó el partido a Grecia para llevarse el bronce, sobreponiéndose a un partido pésimo de sus teóricas estrellas y a la baja de Kukoc gracias a los secundarios Zuric y Mrsic.

Por su parte España las pasaba moradas para derrotar a Francia (75-74) gracias a Xavi Fernández y al mejor partido de Antonio Martín en el campeonato (18+11) ante el bajón de los que habían sido los principales baluartes del equipo. 

Nos jugábamos el todo por el todo ante Italia, pero si bien hacía unos pocos años estos duelos eran por títulos o medallas, en esta ocasión se trataba de un premio menor, el quinto puesto de la clasificación final. Italia supo valer su juego y el carácter de hombres como Pitis, Abbio, Fucka y Rusconi y derrotó a España (82-75) que se basó de nuevo en Herreros (22), Alfonso Reyes (16+16) y Ferrán. Una derrota que propició el castigo de faltar a unos Juegos Olímpicos después de cuatro participaciones consecutivas.

No fue el español el único fracaso pues Rusia (vigente subcampeona de Europa y del Mundo) quedó en séptimo lugar y fuera del Preolímpico. Esto precipitó que Alexander Gomelski proclamara que los Juegos tenían que contar, sí o sí, con Rusia. De poco le valió.

El mejor jugador del torneo fue Sarunas Marciulionis, máximo anotador y tercer asistente. Le acompañaron Sabonis (segundo anotador, mejor reboteador con un mejor registro de 23 rebotes ante Grecia)), Kukoc (máximo asistente), Christodoulou y Divac. El tremendo partido de Djordjevic en la final quedó sin premio.

Los elegidos plavi para la gloria fueron: Bodiroga, Danilovic, Obradovic (Sasha), Sretenovic, Paspalj, Beric, Djordjevic, Rebraca, Divac, Savic, Tomasevic y Koturovic. Nombres todos ellos en el recuerdo de cualquier aficionado.

Por Lituania: Homicius, Timinskas, Stombergas, Kurtinaitis, Sabonis, Karnisovas, Einikis y Marciulionis llevaron el peso del equipo. 

Por Croacia, que dio la sensación de haber podido hacer más, formaron nombres como Perasovic, Komazec, Kukoc, Alanovic, Vrankovic, Gregov, Mrsic o Radja.

Nombres destacados también fueron: Giannakis, Sigalas, Alvertis, Christodoulou, Fassoulas y Ekonomou (Grecia), Magnifico, Gentile, Abbio, Pittis, Esposito, Fucka y Rusconi (Italia), Babkov, Karasev, Bazarevich, Mikhailov, Fetisov y Panov (Rusia), Bilba, Rigaudeau, Bonato, Ostrowski y los hermanos Gadou (Francia), Jamchy y Henefeld (Israel), Welp y Okulaja (Alemania), Horvat, Zvdoc, Alibegovic y Milic (Eslovenia), Kutluay y Turckan (Turquía)

Los elegidos por Lolo Sáinz para representarnos fueron: Murcia, Orenga, Alberto Angulo, Galilea, Laso (asistente con 3,7 app), Mike Smith (máximo reboteador con 8,6 rpp), Xavi Fernández, Herreros (18,3 ppp), Alfonso Reyes, Ferrán y Antonio Martín. Este último se retiraría del baloncesto activo a los 29 años, dejando una sensación agridulce pues, aunque sus promedios no fueron excesivamente malos, la sensación de impotencia en el juego interior fue manifiesta. Afortunadamente Alfonso Reyes dio un paso adelante, aunque sus escasos dos metros de altura hipotecaban al equipo frente a selecciones bien armadas, ya que Ferrán y Orenga no fueron nunca unos pivotes al uso. 

21 de diciembre de 2014

Hito histórico

Esta semana, por fin, Kobe Bryant ha superado a Michael Jordan en la lista de anotadores históricos de la NBA. Se ha puesto tercero, solo por detrás de Karl Malone y Kareem Abdul Jabbar, que parecen lógicamente inalcanzables (está a unos 4.000 puntos del Cartero y a unos 6.000 puntos del gran Kareem). 

Pero mientras Jordan lo consiguió en poco más de 1.000 partidos, Kobe ha necesitado doscientos partidos más. O, lo que es lo mismo, la media del primero es de 30,1 ppp y la de Bryant es de 25,4 ppp.

El secreto es, pues, más que la calidad técnica, tener la suerte de disponer de una longevidad deportiva a prueba de bomba. En el caso de Bryant, está en su decimonovena temporada y hasta hace un par de años no ha sufrido lesiones de gravedad. 

Por desgracia para él, no parece que pueda sustentarse lo suficiente para asaltar los primeros puestos de la lista, pero por lo menos ha superado en algo a Jordan. 

 
De repente me dio un dolor en el codo y me dije: venga, un tiro más y lo dejo...
Y así hasta hoy, tío


Arvidas Sabonis, quizá el mejor jugador nacido en Europa, ha cumplido esta semana cincuenta años. Mucho se ha escrito y especulado sobre lo que pudo haber sido de no haber tenido esa maldita lesión del tendón de aquiles. Hay quien dice que hubiera podido ser el mejor pivot de la historia de este juego. 

¿Te imaginas, si hubiera tenido dos piernas?


Los Boston Celtics han traspasado a Rajon Rondo a Dallas Mavericks, desmantelando el grupo que fue campeón en 2008 y subcampeón en 2010. A cambio, han obtenido morralla y un par de elecciones en los próximos draft. La reconstrucción sigue, acumulando talento joven. Hoy ocupan la octava plaza del Este, pero con un diferencial de puntos equivalente al sexto puesto. La falta de experiencia ha provocado que algunos partidos igualados hayan caído del lado equivocado. Brad Stevens continúa haciendo un buen trabajo como entrenador. 


¡Que te he dicho que me voy a Dallas!


Por último, el Real Madrid parece haber perdido el norte. Cuatro derrotas en el último mes, dos de ellas en Liga, hacen surgir las dudas. El ataque continúa siendo superior a la media, pero la defensa ha bajado enteros. Laso ha perdido la confianza de la directiva y, quizá, de los jugadores. Si acaba la temporada no parece que vaya a volver el próximo año. 

Casi no llego al turrón...



20 de octubre de 2013

Una vida con la Selección - Seúl 88

Volvemos con esta serie para recordar los Juegos Olímpicos de Seúl, celebrados en 1988. Pero antes, tenemos que hablar del torneo preolímpico que se celebró en Holanda y que daba derecho a jugarlos. 

Se clasificaban tres selecciones nacionales por Europa. España había sido cuarta clasificada en el Eurobasket celebrado el año anterior en Grecia, selección que se había sumado a las clásicas (Unión Soviética, Yugoslavia, Italia y España) como candidato de primer orden a la clasificación. 

En resumen, España debía hacer el equivalente a un podio en un Eurobasket. Se daba por hecho que soviéticos y plavis tenían la plaza asegurada, así que quedaban tres selecciones por el último puesto que daba derecho a viajar a Corea del Sur.

No empezó mal la cosa, con victoria en los cinco primeros partidos, si bien ante rivales de escasa entidad: 98-64 a Inglaterra; 118-62 a Irlanda; 103-97 a Suecia; 94-68 a Holanda; 97-70 a Francia.

En la sexta jornada se dio la primera fecha clave: España se enfrenta a Italia. Del partido recuerdo poco, solo cómo Walter Magnifico machacaba una y otra vez el aro español con su tiro de media distancia. Al final, el resultado fue una derrota por la mínima (90-91) que ponía aún más cuesta arriba la clasificación. 



Había que recuperarse del palo con rapidez, porque el campeonato seguía adelante. Así que se derrotó a Alemania Federal (106-96) antes del cruce contra Grecia. Aquí había que hacer dos cosas: ganar y hacerlo por una diferencia de puntos que hiciera a los griegos pensar que se clasificarían ganando a Italia. Ambas cosas salieron bien, ya que el resultado final (91-84) ponía a Esaña con +6 en un hipotético triple empate y a los griegos con -7. Para clasificarse, debían ganar a Italia por 14 puntos, una renta lo suficientemente corta como para motivarles, pero también lo suficientemente amplia como para dar esperanzas a los nuestros. 

España perdió el partido siguiente ante la URSS (82-129), pero ese mismo día los griegos nos dieron el pasaporte al ganar a los azzurri por 94-91. Ya estaba el objetivo, lo que se notó en el último partido que los españoles perdimos ante los plavi (también clasificados) por 73-84. 

En el debe, la grave lesión de un jovencísimo Juanan Morales. No he encontrado el video, pero todavía recuerdo con un estremecimiento su esguince que le rompió los ligamentos. 

Así que, dos meses después nos plantamos en Corea junto a soviéticos y plavis. Estas dos selecciones se encuadraron en el mismo grupo, junto a Australia, Corea, Puerto Rico y la República Centroafricana. España quedó en un grupo a priori más fuerte con Estados Unidos, Brasil, Canadá, Egipto y China.

Soviéticos y yugoslavos se enfrentaron en la primera jornada, vencindo estos últimos (79-92), lo que a la postre les daría el liderato del grupo a pesar de la última derrota ante Puerto Rico. Los soviéticos lo pasaron bastante mal, porque además de esa derrota sufrieron bastante para derrotar a los boricuas (93-81 en la prórroga). La tercera plaza del grupo fue para los australianos, al derrotar a Puerto Rico en la jornada inaugural (81-77). 

En el otro grupo, Estados Unidos fue primera sin despeinarse, ganando todos sus partidos por una diferencia media de 36,5 puntos, incluidos los 46 que infligieron a España en la jornada individual (97-53). Un partido lamentable de los nuestros, que ni siquiera compitieron. 

Dos jornadas tranquilas (+43 a Egipto y +32 a China) fueron el preludio a las batallas ante Brasil y Canadá por la segunda plaza del grupo. 

Ante Canadá, que contaba con Eli Pasquale y Jay Triano como grandes figuras, hubo que remontar un resultado adverso al descanso antes de llevarse el partido por 84-94.

Pero si eso fue duro, más lo fue vencer a Brasil, con el recuerdo del Mundobasket de dos años antes y con los puntazos que nos iba marcando Oscar, uno tras otro. Al final, 118-110 (definitivamente eran otros tiempos) y el premio de evitar a los cocos del otro grupo. 

En los cuartos de final, los plavi se deshicieron de Canadá con solvencia (95-73) y los USA boys destrozaron a su estado libre asociado (94-57). Los soviéticos, por su parte, sudaron tinta para ganar a Brasil (110-105).

¿Y España? Pues su "premio" no fue tal. Como venía siendo habitual, el combinado español no dio la talla en el peor día posible y su seleccionador no encontró las soluciones adecuadas. En un partido trabado llegó con opciones al final, pero el último tiro del Matraco Margall, probablemente el mejor tirador de la Historia de nuestro baloncesto (aún recuerdo las palabras de Pedrito Barthe: "en Australia no creo que conozcan a Margall"), no encontró aro. El resultado final, 74-77, envió a los australianos al cielo y a los nuestros al infierno.



Literalmente, porque las derrotas ante Canadá (91-96) y Puerto Rico (92-93) nos llevaron a la octava plaza final. 

Pero olvidemos estas miserias, porque lo más grande estaba por llegar. 

En semifinales, Yugoslavia bajó de las nubes a Australia (91-70). Mientras tanto, en la otra semifinal, los soviéticos ganaron a los estadounidenses, su primera derrota desde 1972, y esta ocasión sin posibilidad de reclamar. Con un juego de equipo, a la europea, con un Sabonis cojo que aún así se comió al Almirante Robinson y fue exprimido por Gomelski hasta la extenuación, con un equipo de tiradores como Kurtinaitis, Homicius o Marciulonis, los americanos fueron humillados. 



Era la primera selección que llevaba a dos números uno del draft (Manning y Robinson), pero poco más talento había. La prepotencia y la incapacidad del entrenador de Georgetown, John Thompson, hicieron el resto. Los poco imparciales comentarios de Pedro Barthe en la retransmisión, forman parte de la Historia. 

Al final, bronce para ellos, que no dieron opción a los australianos (78-49). 

La final coronó a los soviéticos, que derrotaron a un jovencísimo equipo plavi (76-63) llamado a dominar el baloncesto mundial con su talento. Simplemente, Seúl no fue su momento. Sí fue, en cambio, el canto del cisne de una selección que, primero por la edad y luego por las tensiones políticas, no volvió a ganar un campeonato más después de haber dominado Europa durante treinta años. 

Los soviéticos formaron con Volkov, Sokk, Tarakanov, Marciulionis, Miglinieks, Tikhonenko, Kurtinaitis, Sabonis, Homicius, Pankrashkin, Goborov y Belostenny (estos tres último, ya fallecidos). De ellos, tres acabaron luego con sólidas carreras NBA. 

Por los plavi: Petrovic, Radulovic, Cutura, Kukoc, Paspalj, Obradovic, Zvdoc, Vrankovic, Divac, Arapovic, Radja y Cvetjcanin. Otros seis que acabaron en la NBA. Un equipo jovencísimo y talentoso. 

Los yankees tuvieron a Mitch Richmond, Charles Smith, Vernell "Bimbo" Coles, Jeff Grayer, Willi Anderson, Stacey Augmon, Dan Majerle, Danny Manning, JR Reid, David Robinson y Hersey Hawkins. Sin tiro exterior, excesivamente dependientes de Manning y Robinson (bastante por debajo de su nivel) y sin respuestas en la pizarra, fueron pasto de su prepotencia. Una sola derrota en el campeonato, pero la sensación de fracaso total.

El eterno Díaz Miguel formó a Jiménez, Antonio Martín, Quique Andreu, Fernando Arcega, Ferrán Martinez, Solozábal, Villacampa, Biriukov, Montero, Llorente, Margall y Epi. Fue el equipo de los "baby pivots" (sin Romay o Fernando Martín). Por primera vez además, se seleccionaba a un jugador que no jugaba en la máxima competición nacional (Quique Andreu), aunque aquel verano había fichado por el CAI de Zaragoza, uno de los grandes por aquellos tiempos. 

La sensación española fue también de fracaso. La oportunidad perdida de volver a plantarse en unas semifinales, fue demasiado para mí. Después de los cuartos de final no volví a ver un partido más. El resultad final (dos derrotas) hubiera sido probablemente el mismo, pero el cuarto puesto habría sido suficiente recompensa. Al menos estuvimos en los terceros JJOO consecutivos y durante la primera fase se demostró que se podía competir con selecciones no europeas de primer nivel, pero esa derrota...


28 de abril de 2013

Una vida con la Selección- Mundobasket ´86

Proseguimos con esta serie Una vida con la Selección, después de que el Eurobasket ´85 convirtiera en una frustración lo que bien pudiera haber sido una nueva final disputada. La tercera en tres años. Un éxito sin precedentes... Pero no pudo ser.

Al año siguiente, entre el 5 y el 20 de julio de 1986, se celebraría en España el Mundobasket. Como todo lo relacionado por aquel entonces en el baloncesto de nuestro país, el Campeonato sería faraónico: 24 selecciones participantes (el mayor número hasta entonces) y siete sedes. 

La competición se dividía en una primera fase, con cuatro grupos de seis selecciones cada uno. En la fase intermedia,  las tres primeras de un grupo se unirían con otras tres de otro de los grupos para jugar entre sí, arrastrándose los resultados de la primera fase. Las dos primeras selecciones de estos dos grupos se clasificarían directamente para las semifinales. 

¿Complicado? No olvidemos que eran tiempos de los grupos Par e Impar de la ACB, con aquellas interminables temporadas antes de los play-offs...

El grupo D disputó sus partidos en Tenerife. Fue dominado por los plavi, que con una diferencia media de 30 puntos se deshicieron sucesivamente de neozelandeses (+37), holandeses (+21), argentinos (+19),  canadienses (+3) y malayos (+70). Estos serían los pupas del grupo, sufriendo sucesivas palizas a añadir a la anterior: Canadá (-90), Argentina (-20), Holanda (-45) y Nueva Zelanda (-2) pasaron por encima. La cosa es que cuatro selecciones partían sobre el papel con dos partidos ganados, y con Yugoslavia y Canadá bastante por encima del resto, el partido Argentina - Holanda decidió que los sudamericanos se clasificaran.

Málaga sería la sede del grupo C, con los Estados Unidos, Italia, China, Puerto Rico, Alemania y Costa de Marfil. Las dos primeras plazas fueron para norteamericanos y transalpinos, ambos con solvencia (los USA boys derrotaron a sus rivales por una diferencia media de 19,6 puntos) a pesar del ajustado partido de los primeros contra los puertorriqueños (por aquello de la rivalidad, supongo....). Descartada Costa de Marfil, la tercera plaza vio un triple empate entre chinos, alemanes y boricuas, resuelto a favor de los primeros. Puerto Rico perdió una plaza que parecía suya en un agónico partido contra los alemanes, saldado con derrota (81-80). 

El grupo B, con sede en Ferrol, se cruzaría con el grupo de España. Un grupo con un dominador claro, la Unión Soviética (ganando todos los partidos por una diferencia media de +39,2), una comparsa definida en Angola y cuatro equipos igualados (Israel, Cuba, Australia y Uruguay). Los judíos ganaron su plaza en un último partido ganado a Cuba, lo que envió a estos a un triple empate con Australia y Uruguay, que también los clasificó. Curioso que ese resultado clasificaba a los dos equipos, mientras que la victoria de Cuba hubiera clasificado a antillanos y australianos... mmmm

España jugó sus partidos en Zaragoza, por aquel entonces hogar del CAI Zaragoza, uno de los grandes del baloncesto nacional y el mejor pabellón fuera de Madrid o Cataluña. La ilusión estaba por las nubes, pues el jugar en casa presuponía un plus suficiente para que el Equipo Nacional lograra un resultado acorde con su potencial. Era además el último campeonato internacional que Fernando Martín jugaría con la Selección, al incorporarse a Portland tras el verano (de hecho retrasó un año su aventura americana, por la presión popular y, supongo, federativa, para poder jugar el Mundobasket).

El sorteo había sido benigno con nosotros: Brasil, Grecia, Francia, Panamá y Corea del Sur. La clasificación para la siguiente fase estaba garantizada, marcándose en rojo el partido contra Brasil como EL PARTIDO que había que ganar (nadie pensaba que España perdiera con alguno de los otros rivales). Las cosas pronto se demostrarían más difíciles de lo que se pensaba. 

Francia puso las cosas difíciles el primer día, antes de claudicar 84-80. El entrenamiento ante Corea (120-73) fue el preludio del agónico partido ante Grecia (87-86) un rival que se había dado tradicionalmente mal a la Selección (y peor que se iba a dar en el futuro). Panamá sirvió como calentamiento antes de EL PARTIDO (125-70). 

Por su parte Brasil lo pasó peor: +30 ante la débil Corea; prórroga ante Panamá (+3); derrota sorprendente ante Francia (-8) y victoria solvente ante Grecia (+20).

Llegó entonces EL PARTIDO. Y todo se derrumbó como un castillo de naipes, porque nuestros jugadores no pudieron hacer nada ante los Maury, Marcel, Oscar, Gerson e Israel. Caras desencajadas, gestos histriónicos de Diaz - Miguel y un resultado (72-86) que condenaba a la Selección al FRACASO en su campeonato. Sí, quedaban todavía muchos partidos, pero nadie confiaba... Ni siquera yo, por aquel entonces...

Gerson Victalino, hoy



Oscar, eterno


La cosa quedó así: 

En el Grupo F (Oviedo): EEUU, Yugoslavia, Italia, Canadá, Argentina y China. 

Para empezar, una sorpresa, porque Argentina derrotó a Estados Unidos (74-70) y poca cosa más hasta el último día. Se enfrentaban Yugoslavia (que había ido derrotando a todo el que se ponía por delante) y los USA Boys. Quien ganara, tendría el premio de evitar a los soviéticos en semifinales. Y Oviedo vio entonces cómo un canijo de apenas 1,60 m de alto anulaba a la estrella plavi, el soberbio (en todos los sentidos) Drazen Petrovic. Yugoslavia se diluyó como un azucarillo y terminó derrotada 60-69.

Bogues, con Dios


España jugaría en Barcelona, en el grupo E. La machada para clasificarse a semifinales consistía en ganar a la Unión Soviética en la segunda jornada, tras aplastar a Israel por 94-65. No pudo ser, a pesar de mantener el marcador ajustado hasta el final (83-88). El último partido ante Cuba no servía para nada y se demostró en el resultado (78-77). Se había consumado el desastre. España quedaba fuera de semifinales en SU campeonato. 

Tras vencer a Canadá, que había ido claramente de más a menos en el campeonato, por 100 a 80, se enfrentó a Italia por el 5º puesto final de la clasificación, ganando con gran claridad (87-69) en el que iba a ser el último partido del Lagarto De la Cruz con la elástica nacional. 

La primera semifinal no tuvo historia, con los norteamericanos derrotando a los brasileños por 96-80. En cambio, la segunda nos traería algunos de los momentos míticos de este nuestro deporte. A falta de un minuto para acabar, los plavi vencían por 85 a 76 a los soviéticos. Un triple a tabla de Sabonis, seguido por otro de Tikhonenko tras robo de balón, ponía el marcador 85-82 con 41 segundos por jugar. Sucesión de faltas hasta que el pipiolo de Divac, con apenas 17 años, comete dobles (quizá también ayudado por alguna falta...). En el ataque siguiente, triple de Valters para enviar el partido a la prórroga. Con el subidón, los soviéticos ganaron 91-90 y se plantaron en la final. Recuerdo ver este partido en el salón de mi amigo Carlos y disfrutar como un enano, porque por aquel entonces yo odiaba a Petrovic...



La final fue también épica, con un Sabonis en su plenitud física y veintiún años recién cumplidos, pasando por encima de un no menos joven Robinson. Pero finalmente fueron los norteamericanos quienes se impusieron 87-85. 

El equipo campeón contaba con viejos conocidos NBA como Muggsy Bogues, Steve Kerr, Kenny Smith, Sean Elliot, Derrick McKey, Ronny Seikaly, Brian Shaw, Armen Gilliam, Charles Smith y El Almirante, David Robinson. Tommy Amaker se retiraría un año después y comenzaría una carrera como entrenador universitario que dura hasta hoy. Un equipo bastante apañado pero que no dio demasiadas muestras de su potencial. 

El plantel soviético estaba lleno de clásicos: Valters, Volkov, Tkachenko, Sokk, Belostenny, Kurtinaitis, Homicius, Tarakanov o Tikhonenko. Pero sobre todos reinaría el imperial Sabonis.

Entre los plavi, en plena renovación, veríamos a Alexander Petrovi, Dalipagic, Divac, Vrankovic, Radovanovic, Cutura o Cvjeticanin. Con el gran Drazen y alguno más que se sumaría, pronto dominarían el Mundo.

Entre los nuestros, desangelados, Solozábal, Creus, Costa, Epi, Margall, Villacampa, Arcega, Jiménez, Sibilio, Martín, Romay y De la Cruz.

El quinteto ideal del torneo: Petrovic, Oscar, Robinson, Sabonis y Tikhonenko.

El resultado de nuestra Selección vino a remarcar el declive en resultados y en juego, alejados ya del bienio mágico 1982 - 1984, que fue el techo del Equipo Nacional. Lo peor es que esto no haría sino acentuarse en los años siguientes, hasta tocar fondo. Pero la agonía iba a ser larga.

El Lagarto, Jimbo, con la elástica nacional





24 de diciembre de 2012

Nostalgia en Navidad

Hoy es Nochebuena y, aparte de que es un día para pasarlo en familia, hasta hace no muchos años era sinónimo de buen baloncesto.

No en vano, por estas fechas se celebraba el Torneo de Navidad del Real Madrid, posteriormente Torneo Memorial Fernando Martín. 

Era una oportunidad para disfrutar del baloncesto de forma lúdica, sin que la competición fuera lo más importante. Además, era la ocasión en que se podían ver equipos que normalmente no aparecían por estos lares, tipo universidades americanas (cuando el baloncesto universitario estadounidense era todavía entonces claramente superior al europeo), selecciones europeas o americanas, equipos All-Star de Estados Unidos (compuestos por veteranos curtidos en mil batallas en busca de equipo) o representantes de baloncestos exóticos para el común de los mortales, como sudamericanos o equipos oceánicos. 

Selección URSS, Yugoslavia, North Carolina, Ignis de Varese, Simmenthal Milan, Panathinaikos, Jugoplastika... Sabonis, Divac, Danilovic, Raga, Bodiroga, Kukoc, Radja, Tkachenko, Tarakanov...

Nombres e imágenes para el recuerdo y para abrir boca antes de la cena de Nochebuena, como un joven Sabonis rompiendo el tablero.



Pero la cosa fue languideciendo. Primero, porque cada vez era más difícil formar un cartel de primer nivel, ya que en esas fechas era complicado que los equipos punteros prefirieran viajar y jugar unas pachanguitas más o menos oficiales, además de que las diferentes competiciones se iban cargando de partidos. Luego, por qué no decirlo, por la dejadez de los responsables del Real Madrid, que fueron dejando de lado el interés por mantener lo que era una tradición y un prestigio. 

Las últimas ediciones, perfectamente olvidables, se redujeron a un partido único entre el Real Madrid y un invitado. Un sparring que en ocasiones noqueó al anfitrión, que también pasó su particular travesía por el desierto.

No obstante, estas fechas están un poco más vacias desde entonces. Lo echo de menos.