12 de febrero de 2022

La paradoja Rubio

Vaya por delante que he sido un hater de Ricky Rubio durate muchos años. He sido, porque a golpe de evidencia, se ha encargado de hacerme tragar mis palabras poco a poco. 

Ricky Rubio lleva la friolera de quince años en la élite del baloncesto mundial, quemando etapas a una velocidad vertiginosa desde que don Alejandro le hiciera debutar con apenas catorce años. Un poco después, con diecisiete, se encargó de dirigir a la selección española en la final de los JJOO de Pekín, en uno de los partidos más míticos del baloncesto FIBA. 

Su paso por el Barcelona, su número cinco del draft, una serie de lesiones graves y últimamente el periplo por diferentes franquicias de NBA mientras se iba convirtiendo en el nuevo líder de nuestro Equipo Nacional. 

Esos primeros años yo pensaba que había un hype excesivo en torno a su figura. Siempre he reconocido que es un tío muy listo jugando al baloncesto, pero también pensaba que su defensa iba más encaminada al robo que realmente a defender y siempre le he achacado una falta de ambición por mejorar su tiro. No se olvida aquella eliminatoria de Euroliga en la que el zorro Obradovic eliminó al Barcelona precisamente dejando vía libre al tiro de Ricky mientras sobrecargaba la zona intermedia, negando el juego rápido en el que más brilla el base y convirtiendo los partidos en una guerra en el barro, donde menos aporta al juego colectivo.

En esos tiempos teníamos a Calderón y luego al Chacho en plenitud de condiciones. A mí me parecía un despropósito que cualquiera de los dos no estuviera en cancha. Ricky acumulaba internacionalidades y medallas, pero no me acababa de convencer. Mientras, en la NBA era indiscutible en Minessotta y algo menos en Utah. 

Llegó entonces 2019 y el Mundobasket en el que España demostró al mundo que no se puede nunca subestimar el corazón de un campeón y se coronó por segunda vez como dominador del basket FIBA. El Equipo Nacional, falto de referentes y con Pau Gasol lesionado, se apoyó como nunca en sus veteranos, curtidos en mil batallas, algunos faltos de gasolina pero sobrados de corazón. Y el soporte más sólido, más aún que un Marc Gasol que parecía predestinado a dominar ese campeonato, fue Rubio. Completó un campeonato estratosférico y fue nombrado MVP del Mundobasket, encadenando actuaciones sobresalientes una detrás de otra. 

Y ese año creo que comienza la paradoja Rubio. 

Firmó con Phoenix Suns en un movimiento que parecía un paso atrás, dejando un equipo competitivo para caer en otro al que solo se le recordaban glorias pasadas. Pero él, manteniendo el estado de gracia en una temporada que se complicó muchísimo por efecto de la pandemia, jugó un baloncesto sobresaliente marcando unas medias en puntos, rebotes y asistencias a la altura de sus mejores años y siendo uno de los culpables del casi-milagro de la burbuja de Orlando en la que, viniendo desde atrás se colaron en el play - in y estuvieron a puntito de clasificarse para los play-offs. 

Lo que pasó entonces no fue demasiado comprensible en ese momento aunque por lo visto después, los gerentes de Phoenix acertaron plenamente: Rubio fue sustituido por Chris Paul y se encaminó de nuevo a los Timberwolves previo paso fugaz por los Thunder y aterrizó en un equipo sin rumbo desde la marcha de Garnett ya en 2008. Su media de puntos fue la más baja de su carrera y sus números se desplomaron. 

Una temporada traumática que enderezó en lo personal con otra grandísima actuación en los JJOO de Tokio 2021, siendo el motor de una España dramáticamente envejecida en el partido de cuertos de final ante Estados Unidos. Él fue el único motivo para soñar en aquél triste amanecer de agosto, superando incluso el récord anotador de Pau Gasol en otro partido para olvidar, el jugado contra China por el séptimo puesto en los JJOO de Atenas. 

Casi al mismo tiempo, Ricky había sido traspasado a los Cavs, otro equipo al que los analistas daban un puesto seguro en el sótano de la Conferencia Este, pero que gracias a buenas decisiones en el draft, al renacimiento como sexto hombre de Kevin Love y también al tremendo baloncesto que ha salido de las manos de Ricky, se convirtió en una de las revelaciones de esta temporada y aún hoy está compitiendo por ser cabeza de serie en los Play-offs, una vez que ya tienen la clasificación casi asegurada. 

 

En esas estábamos, con mejor marca de puntos de su carrera y verdaderas exhibiciones de dominio y liderazgo, cuando su rodilla se partió y le dejó sin temporada. La última noticia aciaga, el traspaso de su expiring contract a Indiana. Este movimiento amenaza la contiuidad de su carrera NBA y a su vez acerca su regreso a Europa, más por convicciones personales que por juego aunque haya dudas de cómo va a volver ya con casi treinta y dos años y varias lesiones graves de rodilla. 

Es por eso que yo, un converso de don Ricky Rubio, observo con estupor esa cuesta abajo en cuanto a valor y prestigio en el baloncesto NBA (interrumpida esta temporada hasa esa dolorosa lesión) al tiempo que su valor y prestigio en el baloncesto FIBA nunca había estado tan alto y era reconocido como uno de los mejores jugadores y líderes de la actualidad. 

¿Son tan diferentes ambos baloncestos? Puede ser, y más desde hace unos años con la explosión del juego exterior en detrimento de casi todo lo demás que se practica al otro lado del charco. 

No obstante el prestigio de Ricky permanece intacto en los ojos de los aficionados. No solo por su juego, sino por el ejemplo que es para muchos en cuanto a filosofía vital. Ricky Rubio, además de gran jugador, se está destapando como un referente para la sociedad, siempre con un discurso mesurado y meditado, lo cual es tanto o más importante para acabar de convertirse en uno de los más grandes. 

 

Como digo, hace años pensaba que hacía bajar el nivel de nuestro Equipo Nacional. Hoy creo que está a un nivel superior a cualquiera de los bases que han marcado época, Corbalán, Solozábal, Calderón o el Chacho. Les ha dejado atrás, pasándoles por la derecha y arrancándoles las pegatinas, cuando ya parecía que su larga carrera había llegado a su punto más alto. 

Enhorabuena, don Ricardo. Espero con interés sus próximos movimientos y me gustará verle de vuelta si así lo decide.

8 de septiembre de 2021

Uncle Drew

El tío Drew es un personaje creado por y para Kyrie Irving que se presentó en sociedad hace algunos años en una serie de cortometrajes patrocinados por PEPSI y que se pueden ver en YouTube. 

Defensor del baloncesto de la vieja escuela, el de toda la vida, el que se basa en los fundamentos técnicos y que respeta al rival, Drew se dedica a pasar por diferentes canchas al aire libre, demostrando que se puede jugar al baloncesto sin toda la parafernalia que los jóvenes de hoy en día acompañan la práctica del deporte. 

 

 

Durante su periplo justiciero, el tío Drew se va juntando con otros viejos amigos (Kevin Love, Nate Robinson), con los que juega pachangas que acaban de manera invariable con la derrota, cuando no humillación, de los jóvenes que al inicio despreciaron y se burlaron de estos afables viejecitos. 

Esta premisa se llevó luego a la gran pantalla, siendo Uncle Drew el resultado. 

El argumento es sencillo: el sobrino de Drew quiere vencer el campeonato del Parque Rucker de Nueva York, quizás el más prestigioso del baloncesto callejero mundial. Para ello acude a su tío, liándole con la promesa de realizar un tour para buscar y volver a unir a su antiguo equipo. 

Ahí se lanzan los dos, realizando diferentes paradas. Y allí ve el espectador a diversas leyendas caracterizadas como señores mayores: Big Fella (Shaquille), que ahora regenta un dojo; Lights (Reggie Miller), letal tirador ciego; el Predicador (Chris Webber); Betty Lou (Lisa Leslie) y Boots (Nate Robinson). 

Foto de familia
 

Tendrán que limar asperezas con tantas personalidades diferentes, mientras van progresando en el campeonato y se desarrolla la relación familiar entre Drew y su sobrino, que inicialmente comenzó por el interés de este último. En la final, cómo no, se enfrentarán al rival que representa todo lo contrario al bueno del tío Drew: Casper, un joven jugador de gran fortaleza física, que juega por encima del aro y que tiene más ego que un carro de Steve Jobs, encarnado por Aaron Gordon (lo recordaréis por haber merecido ganar un concurso de mates al saltar por encima de una mascota giratoria; en su lugar los jueces le dieron el triunfo a Zach LaVine).

Nada nuevo bajo el sol, como se ve. Se pasa un buen rato con la película, tiene algunos golpes buenos y sobre todo gira alrededor del baloncesto. 

 

Rompiendo tobillos

En imdb cotiza hoy a 5,8. Más o menos bien, teniendo en cuenta que hay muchas películas peores, mientras que cine de baloncesto tampoco hay tanto donde elegir, así que no podemos ponernos exquisitos. 

No he encontrado rumores de Uncle Drew 2, pero mientras tanto disfrutemos de esta película de poco más de hora y media de duración y, sobre todo, de los cortos de YouTube.

25 de agosto de 2021

Tokyo 2020: punto y aparte

Ya han pasado unas semanas desde el final de los JJOO de Tokyo, en el que el resultado final ha sido decepcionante, aunque esperado por otra parte. 

Un torneo el de este 2021 (aunque se mantuviera el nombre de Tokyo 2020) que ha sido raro desde el principio. El cambio del sistema de juego no me acaba de convencer. En lugar de dos grupos de seis equipos, las selecciones nacionales se dividen en tres grupos de cuatro, para clasificarse los primeros y segundos de cada grupo y los dos mejores terceros. La única nueva norma que veo positiva es la que indica que los cuartos de final se realizarán mediante sorteo (no puro, pues no juegas contra aquellos clasificados de tu mismo grupo). 

Confieso que no tenía demasiadas esperanzas después de que Eslovenia cayera en nuestro grupo. No veía al Equipo Nacional capaz de doblegar a la pujante estrella de Luka Doncic. No me equivoqué. Una derrota marcada por la debilidad del juego interior, la (peligrosa) dependencia de Ricky Rubio y un más que evidente deterioro físico del equipo. El planteamiento de Scariolo fue, una vez más, magistral. Gracias a él, a Ricky Rubio y a Claver, España mantuvo la cara al partido hasta casi el final, pero las segundas opciones de Eslovenia y las ametralladoras de Cancar y Prepelic nos abocaron al segundo puesto. 

 

Hasta aquí hemos llegado
 

El sorteo, cruel, nos enfrentó a Estados Unidos en un partido que no podíamos ganar, como así se demostró. Otra vez Ricky, record de anotación en unos JJOO con 38 puntos, apoyando esta vez en Sergio Rodríguez y Willy Hernangómez, las notas positivas. Otra vez el planteamiento de Scariolo. Una vez más, derrota ante los USA Boys. Nada nuevo, puesto que desde Indianápolis 2002, nuestros enfrentamientos en los grandes campeonatos se han saldado con una derrota más o menos ajustada. No olvidemos que en ambos Mundobasket cuyas estrellas adornan el escudo de la FEB, fueron otros los que hicieron el trabajo sucio. 

A las chicas les pasó algo parecido aunque me parece que más doloroso, tras una primera fase bastante solvente tras la que quedamos primeras de grupo. Buenas sensaciones al vengarnos de Serbia, pero Francia esperaba en el camino. Mal partido, casi siempre a remolque aunque con opciones. Una serie de malas decisiones finales y de mala suerte nos dejó fuera de las semis. 

Estos JJOO dejan una serie de titulares:

  • Estados Unidos aprende a sufrir para ganar, aunque necesita de una superestrella dominante en el baloncesto FIBA. Kevin Durant está varios escalones por encima del resto y eso bastó para solventar la papeleta. Damian Lillard, por otra parte, distó mucho de su versión NBA y no se adaptó al juego internacional. 
  • Por fin se hace justicia con Australia. Tras varios años de muy buen baloncesto sin lograr premio (muchas veces fue España quien cerró la puerta con estrépito). 
  • Francia mantiene el nivel competitivo mientras se va renovando el equipo. Vincent Collet continúa siendo uno de los mejores. La victoria ante EEUU en la primera jornada marcó todo el campeonato. Supieron sufrir hasta el final y mantener opciones de llevarse el oro. 
  • Doncic es como Nowitzki. Una supernova en medio de un erial. Siendo justos, Eslovenia es bastante mejor equipo que cualquiera de los que acompañó a Nowitzi en sus mejores tiempos. Una federación inteligente, nacionalizando a Tobey que hizo un campeonato de libro. Luka fue claramente de más a menos en el campeonato y ante Francia llegó al final claramente fundido. Aún así, dominador. La decisión de pasar a Prepelic en lugar de jugársela, impecable desde la lectura de la jugada. 

 

Se te va la pinza, muchacho


Para España masculina: 

  • Victoria decente ante Japón. Otra ante un equipo argentino en peores condiciones todavía que el nuestro. Dos derrotas ante Eslovenia y Estados Unidos. El balance global no es bueno y se parece demasiado a los años oscuros de la década de los noventa en los que se encadenaban decepción tras decepción en unos campeonatos que demostraban que el baloncesto español no era competitivo .
  • Pau Gasol no estaba en condiciones para unos JJOO. A pesar de algunos momentos de esperanza con el Barcelona, no logró mantener las sensaciones en Tokyo. Superado por los interiores eslovenos, una imagen dolorosa por su significado fue su incapacidad para superar a Devin Booker al poste, sacándole casi 25 cm. Su imagen sentado en el banquillo en los últimos minutos de los partidos ante Eslovenia y EEUU, él que siempre ha superado toda adversidad, resulta demasiado dura para su trayectoria y para los que le hemos admirado durante dos décadas.
  • Algo más inesperada ha sido la forma en la que Marc Gasol se ha venido abajo en apenas dos años. No porque no hubiera dado señales (sus dos últimas temporadas NBA han sido bastante mediocres), sino porque parecía que iba al tran tran. Pero en los momentos de la verdad no ha tenido fortaleza interior ni acierto exterior. 
  • Menos mal que Ricky Rubio decidió apuntarse al final. Sin él no hubiéramos pasado de la fase de grupos, o casi. 38 puntos en la final, máximo anotador y en el quinteto inicial. De forma incomprensible, su carrera NBA está en una cuesta abajo imparable desde su salida de los Suns

 

Hasta la extenuación

  • Los Wolves no dejaron jugar a Juancho, solo para traspasarle a Memphis unas semanas después. Un mazazo anímico y deportivo. Estoy seguro de que Scariolo tenía puestas muchas esperanzas en su polivalencia y juventud. 

Lamentamos la decisión de los Wolves

  • Scariolo es otro de los nombres que vuelven a salir reforzados, a pesar del resultado final. Después de su magistral lección en el Mundobasket de China 2019, ha vuelto a demostrar que es uno de los mejores técnicos del mundo y que su preparación y lectura de los partidos es de 10. En esta ocasión no contó con los mejores mimbres. 
  • De los demás, inédito López Aróstegui. La vieja guardia respondió en la medida de sus posibilidades, con mención especial para Rudy, Claver y Sergio Rodríguez.
  • Garuba no dio más que algún puntual destello de intensidad. Demasiado poco. El hype con el que llegó, seguramente ha sido demasiado injusto. Está por ver las ganas que tenga de sacrificar sus veranos por un equipo que ya no garantiza engordar CV.
  • La cascada de retiradas (los Gasol y hoy la del Chacho), más las que se esperan, abren un panorama de futuro bastante gris. Como poco, estaremos lejos de lo que ha sido habitual hasta ahora. En el peor de los casos, se pueden avecinar años en blanco en Mundobasket y JJOO. Los recambios de los que se van están lejos de ellos y la competitividad del equipo se va a resentir. 
  • ¿Mirotic e Ibaka? Ni están ni se les espera.

 Para España femenina:

  • Algo huele a podrido en la FEB. Tras la derrota ante Francia, comprensible en términos deportivos, se produce el cese telefónico de Lucas Mondelo. A partir de ahí, las piezas de dominó van cayendo: entrevista a Marta Xargay, supuestamente retrasada su publicación a petición de la FEB, en la que acusa directamente a Mondelo de acoso laboral y provocarle trastornos alimenticios. Anna Cruz sale a los pocos días en su apoyo y declara cosas parecidas. Analizando los últimos meses, algo se podía sospechar: la carta de despedida de Anna Cruz en enero, la retirada sí pero no de Marta, el adiós temporal de Laura Nicholls... Queralt Casas acabó llorando uno de los partidos... la segunda entrenadora apoya a las jugadoras aunque sin quitarse del todo la careta...  

Mira, mira...

 

  • El ambiente interrno del equipo no era el mejor. Se podía ver en la cancha, en el lenguaje corporal... Vale, a toro pasado todos somos catedráticos, pero quien más, quien menos, podía ver que este año no era como cualquira de la última década gloriosa. Da que pensar que ninguna de las demás jugadoras ha apoyado públicamente a sus compañeras.
  • En lo deportivo, mención especial para Maite Cazorla, Laura Gil y Cristina Ouviña, las dos primeras a pesar de la mala suerte del partido contra Francia. Del resto, destellos de Alba Torrens que estuvo lejos de ser la jugadora determinante de siempre. 
  • Las jóvenes Raquel Carrera y María Conde no aportaron más allá de en momentos puntuales, más allá de físico y ganas. El futuro será suyo, porque facultades no les faltan a ninguna de las dos. 
  • La Federación, y en particular Garbajosa, salen tocados por la forma de manejar todo el embrollo. Si se pidió retrasar la publicación de la entrevista a Marta en El País por no perjudicar al equipo, creo que el fin no justifica los medios. Las jugadoras lo han dado todo por el equipo y merecen algo más. 
  • El panorama deportivo de la femenina pinta algo mejor que el del equipo masculino, con mayor protagonismo de jugadras jóvenes y un núcleo duro no excesivamente envejecido. Está por ver si será suficiente. 

Por último, espero que sea la última vez que soy testigo de algo tan grande como unos Juegos Olímpicos en los que las gradas están vacías. Ha sido desolador, en ocasiones. 

 

24 de abril de 2021

El discurso de los baloncestistas

Una opinión que llevo madurando desde hace bastant tiempo es que el discurso del jugador medio de baloncesto es mucho más atractivo que el del jugador de fútbol medio. 

Acostumbrados a las entrevistas en que se repiten los tópicos hasta la saciedad, tipo  "los partidos duran 90 minutos", o el gran resumen de Bujadin Boskov "fútbol es fútbol", cuando no asistimos a un discurso interrupido por las interjecciones y muletillas "ehhh", "ahhhh", "bueno".... de vez en cuando tenemos la suerte de poder ver algo que llame la atención. 

Si lo que queremos ver es a un deportista manejándose con criterio en un tema que no sea su deporte,  resulta que nos encontramos ante una misión casi imposible. 

 

Corbalán, cardiólogo

Pero no parece ser así en el baloncesto. La nómina de jugadores que, no solo tienen facilidad para expresarse más allá de los tópicos, sino que parecen tener una cabeza muy bien amueblada, es bastante amplia. 

Cojamos a casi cualquier jugador balcánico, no hablemos ya de entrenadores. Además de ser muy educados y hablar un español casi perfecto que ya quisieran para sí muchos nativos, estructuran su discurso con gran facilidad y no evitan caer en temas peliagudos por miedo al qué dirán. Es más, está casi asegurado que el periodista de turno podrá entresacar un titular jugoso hasta de la lectura de la cesta de la compra. 

Del Corral, traumatólogo

 En cuanto a jugadores patrios, la nómina es extensa: Corbalán, Del Corral, Iturriaga, Alfonso Reyes, Pau y Marc Gasol...Y no hablemos de entrenadores: Pedro Ferrándiz, Aíto, Pedro Martínez, Moncho López, Moncho Fernández, Scariolo, Pepu, Imbroda... personas y personajes a los que puedes dedicar horas escuchándoles. 

Tenemos médicos, ingenieros, psicólogos como Beirán... Puede que porque el baloncesto, sobre todo en los años setenta y ochenta del siglo pasado, no te aseguraba la vida, los jugadores optaban en gran número a seguir una carrera, titularse y ejercer. Pero tampoco es imprescidible: podrías estar escuchando batallitas a Juan Domingo de la Cruz y a Chechu Biriukov durante horas y sin aburrirte.

Imbroda, consejero
 

Puede también que se deba a la idiosincrasia de la época y de las instituciones. Los aficionados más viejunos sabemos que el Real Madrid de Saporta tenía una rígida estructura salarial, que velaba por el crecimiento como personas de los jóvenes jugadores que estaban en su órbita, que entre otras cosas requerían permiso para irse a vivir por su cuenta o comprar un coche (coche que, por supuesto, no podía ser mejor que los de sus compañeros más veteranos). El club además fue pionero en la cotización salarial e IRPF de su plantilla. Todo aquello fue a menos con la salida de don Raimundo y la llegada de un joven Fernando Martín que rompió el techo de cristal antes de tiempo.

Vamos, lo mismo que poner una entrevista a Messi en bucle. Para cortarse las venas.

2 de abril de 2021

No me gusta este baloncesto

Para nada. 

Me parece aburrido, soso, falto de alicientes para el espectador... No niego que pueda haber emoción, que en algunos casos hay jugadas que te pueden hacer levantar del asiento, pero este es un juego totalmente distinto del que me enamoré hace ya varias décadas. 

El baloncesto ha pasado por varias fases. Incluso por auténticas revoluciones, diría yo. Algunas para bien, otras para mal, otras ni fú ni fá. 

Del tiro a cuchara se pasó al tiro en suspensión. Una locura, dirían algunos, pero mucho más estético y efectivo por mucho que hubiea algún que otro recalcitrante, como el excelso Rick Barry que continuaba tirando los tiros libres a cuchara allá por la época de 1970. 

Si antes los equipos ganadores se construían desde el pivot, interesando acumular cuantos más centímetros mejor y siendo el destinatario del primer pase de los pequeños, Michael Jordan demostró que se podía ser campeón sin un centro dominante, siempre que tengas el talento y el desequilibrio suficiente en otras posiciones de la cancha. 

 

Culpable
 

Se pasó por una fase de cemento, tanto en la NBA como en el baloncesto FIBA. Una época dura, difícil para el espectador. Un baloncesto trabado, construido desde la defensa, en el que el objetivo era que tu rival metiera una canasta menos que tú y no que tú metieras una canasta más que el rival. Era feo de narices, y solo mediante esta premisa se puede entender que Limoges fuera campeón de Europa en 1993 o que Knicks y Nets fueran finalistas de la NBA a finales del siglo XX y primeros del XXI. Baloncesto control, lo llamaban sus defensores. Baloncesto muermo, es lo que era.

Afortunadamente los Suns hicieron escuela con su filosofía de "seven seconds or less" y, antes que ellos, los Kings enamoraron con un baloncesto ágil y atractivo. Por desgracia, ninguno de ellos logró siquiera llegar a las finales. 

Después llegó la fórmula de la creación de súperequipos concentrando talento a base de talonario. Primero fueron los Miami Heat, luego los Golden State Warrios y ahora Lakes y Nets son los máximos exponentes. Una filosofía que tampoco gusta a los puristas, acostumbrados a ver la construcción de equipos a través del talento que llega desde el draft de universitarios. Yo soy más bien neutral con esta idea, aunque es verdad que traiciona un poco los principios de igualdad de oportunidades de la liga NBA (igualdad de oportunidades aparente, porque los nombres que se repiten en el palmarés vienen a ser más o menos los mismos). 

 

Culpable


Ahora triunfan las estadísticas avanzadas. Esas que dicen que no merece la pena el tiro de media distancia y que ha convertido la competición en una sucesión de triples o entradas a canasta. Matemáticamente tiene sentido: tirando triples con una media de 0.368, significa meter más de un punto por posesión mientras que tirar de dos con un .450 supone meter menos de un punto por posesión. Una lógica aplastante. 

Pero esas matemáticas están matando el juego. No hay movimiento de balón, más allá de doblar la bola después de una penetración que amenaza con acabar mal; no hay juego al poste, más allá de buscar un mismatch favorable que, entonces sí, se repite machaconamente; no hay juego en transición ni al contraataque, todo nace y muere en el triple; no hay riqueza táctica en las pizarras de los entrenadores, que lo fían todo a la puntería de unos jugadores que cada vez son capaces de tirar desde más lejos con porcentajes más altos. 

Sí, los marcadores son atractivos y la eficiencia ofensiva es cada vez mayor, pero el juego no es el mismo. He visto dos partidos en un par de semanas, ambos de los Celtics (contra Orlando y Dallas). En el primero, tiraron 54 veces de tres, con buenos porcentajes, y ganaron. En el segundo tiraron casi cuarenta veces a pesar de que no la metían ni en una piscina, y perdieron. En ambos partidos, un entrenador tan capaz como Brad Stevens fue incapaz de buscar alternativas tácticas que pudieran dar la vuelta a la dinámica del juego. 

 

Culpable

El resumen es ver a cinco jugadores abiertos, más allá de la línea de tres. Se dan un pase, quizá dos o tres, y se cascan el triple. Con suerte verás algún corte, alguna puerta atrás, pero es muy probable que el quinteto en cancha no lo vea y el ataque acabe en triple igual. O el jugador balón botará diez o quince veces para tirarse una mandarina con un step-back o irá fuerte al aro para tratar de machacar. 

Este es el baloncesto que se juega hoy en la NBA. Afortunadamente el baloncesto FIBA todavía resiste. Veremos en los JJOO, pero el fracaso de la selección USA y el naufragio de dos fueras de serie (en el baloncesto NBA) como Jokic o Antetokoumpo para llevar lejos a sus selecciones, demuestra que al baloncesto todavía se sigue jugando con la cabeza.