25 de junio de 2023

Pepitas de oro y un comodín

Pues ya ha terminado el curso baloncestístico 22/23 en la NBA con el título de los Denver Nuggets (4-1 a Miami) y el MVP de las Finales para Nikola Jokic. 

Ha sido una temporada sorprendente, no por el campeón, que se podía esperar y al que mucha gente le daba el subcampeonato en unas hipotéticas Finales contra Boston o Milwaukee. Y de ahí la sorpresa, porque los que se han plantado en la serie definitiva han sido los Miami Heat. 

Recordemos que Miami perdió el primer partido de play-in contra Atlanta. Y luego iban perdiendo el segundo contra Chicago. Sin embargo, ganaron. Y luego le metieron un 4-1 a Anteto y sus Bucks. Sobrevivieron al cemento de Thibodeau y sus Knicks. Y en las finales de la Conferencia Este amenazaron con hacer explotar el proyecto celta cuando se pusieron 3-0. Luego amenazaron con derrumbarse ellos cuando los Celtics remontaron hasta un 3-3 (solo la cuarta vez en 151 oportunidades) y todo parecía dispuesto para abrirles la puerta tras despachar a los de Florida en el séptimo partido en el Garden. Eso no pasó y Miami arrasó, dejando a los aficionados verdes (entre los que me incluyo), con caras de tonto. 

 

Quinteto de élite
 

Por primera vez desde los Knicks del 99, un seed 8 se plantaba en las Finales, tras haber derrotado a un primero, un cuarto y un segundo. Tremendo. 

En el otro lado, con casi diez días de descanso extra, un equipo que jugaba sus primeras Finales, con una plantilla que se antojaba corta, pero que contaba con un quinteto titular demoledor: Jamal Murray, finalmente recuperado de sus lesiones y que llevaba unas eliminatorias más que decentes; Kentavious Caldwell - Pope, que fue clave en el título de Lakers de la burbuja; Michael Porter Jr., para muchos un top 3 de su draft si no hubiera sido por sus problemas de espalda; Aaron Gordon, que había dejado Orlando para dar un plus a los de Denver...

... y por encima de todos Nikola Jokic. Dos veces consecutivas MVP de la temporada regular, se ha marcado una temporada de nivel todavía superior, a punto de convertirse en el primer interior en  promediar un triple doble durante todos los partidos del año. Debería haber sido MVP otra vez, pero seguramente hubo vértigo en los votantes por dárselo y ponerle a la altura de Larry Bird, el último en lograrlo entre 1984 y 1986. Así de injusta es la narrativa en ocasiones. 

Había dudas en ambos lados. Por los Heat, el cansancio y el estado del tobillo de Butler, además de la falta de Herro durante todos los playoffs (una baja que, en mi opinión, les ha beneficiado más que perjudicado; no creo que hubieran sido tan rocosos en defensa con el fino estilista en el quinteto). Por Denver, su inexperiencia, dudas sobre su carácter y una plantilla con solo seis o siete jugadores que quizá no fuera suficiente si los Heat conseguían alargar la serie y convertirla en una piscina de barro. 

 

Hay un nuevo sheriff en la ciudad

 

También había motivos para confiar. Los Heat habían eliminado a los dos máximos favoritos, no solo de su Conferencia sino de toda la liga; la sensación de que el seed 8 no era real y que en realidad su  plantilla era, como mínimo top 4; y la confianza en un líder brutal como Jimmy Butler. En Denver, tener a uno de los mejores jugadores de la Liga; la solvencia durante la temporada regular y las eliminatorias; la mucha menor carga de minutos de sus estrellas y la temporada de Jamal Murray, que descargaba a Jokic de responsabilidad en ataque. ç

Dos estados de ánimo eufóricos, pero solo uno saldría triunfante y sería Denver, 4-1 y para casa con el trabajo hecho en unas series más sencillas de lo que todos esperábamos. 

Me alegro por Denver, un equipo con el que simpatizo desde los tiempos de Dan Issel y David Thompson, justo cuando desembarcaron en la NBA procedentes de la alegre ABA. Luego vinieron los dulces años ochenta con el elegante Alex English y Fat Lever y las chaquetas de cuadros de Doug Moe como bandera de un baloncesto alegre en el que la premisa era anotar un punto más que el rival. Recuerdos de Mutombo en el suelo abrazando el balón después de eliminar a Seattle en uno de esos milagros del octavo clasificado. Y luego, las elecciones acertadas en el draft, sobre todo Jokic en el puesto 41 y Michael Porter Jr. en el 15 cuando había dudas de que pudiera volver a jugar. Dos apuestas arriesgadas que salieron bien. 

Denver se convierte en uno de los equipos que han sido alguna vez campeones de la NBA y lo han hecho en sus primeras Finales, siguiendo la estela de los San Antonio Spurs en unas Finales que tienen muchos paralelismos entre las dos: ambos equipos venían de la ABA, para los dos eran las primeras finales de Líga y se enfrentaban al octavo clasificado de la Conferencia Este. Hasta el resultado, 4-1, ha sido el mismo. 

 

¡Jugón!
 

Las próximas temporadas dirán si estamos ante una dinastía, entendiendo como tal aquellos equipos capaces de ganar varias veces en un período de cuatro o cinco años. Tengo dudas, porque en la Conferencia Oeste están habiendo movimientos interesantes que veremos cómo dejan el escalafón, pero también porque, sobre el papel, los equipos favoritos del Este tienen armas más que suficientes para ganar las Finales (aunque también habrá que ver cómo encajan los Celtics la baja de Smart y el ingreso de Porzingis, y cómo van a mejorar los Bucks su equipo, que se ha demostrado corto en los últimos dos años). Pero se han convertido en un ejemplo para esas franquicias que buscan construir desde el draft y que huyen del dispendio y de la unión de estrellas que, muchas más veces que las que pensamos, no aseguran el título.

Comienza también el debate de si Jokic es ya el mejor jugador europeo de siempre. Creo que está cerca, pero que todavía no se puede decir eso. Para mí, todavía Dirk Nowitzki está por encima, aunque por muy poquito. Y si ampliamos el marco para incluir baloncesto NBA y baloncesto FIBA, no solo Nowitkzki sino Pau Gasol y Toni Parker le pueden discutir algo. Es muy probable que en dos o tres años me tenga que comer mis palabras, no obstante, porque el tipo me cae bien. Es esa clase de jugador que tiene claro que la vida no gira alrededor del baloncesto y que, pase lo que pase hoy, mañana seguirá saliendo el sol. Un tipo que tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta y lo sabe, pero que no deja que la espiral le atrape. Un tipo con una personalidad diferente y fresca. A lo mejor Doncic tiene algo que aprender aquí.

Me gusta este campeón y le deseo que se mantengan competitivos en el Oeste. No puedo desearles más, porque sueño con que los Celtics cuelguen de una vez la 18ª bandera en el techo del Garden, por lo menos.

4 de junio de 2023

Quo vadis, Boston?

Otro cierre de temporada para los arrogantes verdes que supone una desilusión para sus aficionados. Pero, además, en esta ocasión es posible abrir unos interrogantes sobre el futuro inmediato de la franquicia, algunos de los cuales pueden resultar muy dolorosos. 

Después de haber estado el año pasado en las Finales, desperdiciando un 2-1 a favor y ventaja apreciable en el tercer cuarto del cuarto partido, la temporada 22-23 se abría con un optimismo moderado. Brad Stevens supo añadir a Danilo Gallinari y a Malcolm Brogdon para añadir un fondo de armario que se antojó demasiado corto el curso anterior y Robert Williams podría estar otra vez en unas condiciones físicas adecuadas tras pasar por el quirófano. 

La salida de Ime Udoka por supuesto acoso a una empleada de la franquicia fue un golpe inesperado. La elección lógica hubiera sido Will Hardy, pero pocos días antes había obtenido permiso para negociar con Utah y cerrado una merecida oportunidad como entrenador jefe en la franquicia mormona, así que el escalafón corrió un puesto más hasta Joe Mazzulla. Los Celtics, alabados por la rápida y fulminante gestión del incidente, se veían con un entrenador novato en una temporada de búsqueda de gloria. 

La temporada regular se saldó con momentos brillantísimos, sobre todo al inicio, llegando a un 21-5 que prometía grandes cosas. También hubo momentos de aviso, de desconexión del equipo y alguna racha con alguna derrota de más. Al final, 57-25 y el segundo puesto del Este y de la Liga, tras los Bucks. Bastante bien, sobre todo habiendo ganado el factor cancha a todos los rivales del Oeste. 

 

¿Pueden estos tres llegar al siguiente nivel?

Las eliminatorias fueron bastante peor. Desde el 4-2 a un equipo de Atlanta bastante limitado que debía haber sido barrido, al 4-3 a Philadelphia que necesitó ganar un sexto fuera de casa y un partido de más de cincuenta puntos de Tatum. Muchas dificultades, demasiadas derrotas en casa, pero una sensación de que estos Celtics iban al trán-trán y que iban a barrer a sus rivales en las eliminatorias finales. 

No fue así. De hecho, Miami Heat se puso 0-3 en las eliminatorias finales del Este (Miami había vencido previamente 4-1 a Bucks y 4-2 a Knicks, después de perder el primer partido del Play-in y llegar a ir perdiendo por más de diez puntos en el segundo, al borde de la eliminación). 

Nadie había remontado un 3-0 en contra (150-0 en la historia) y la sensación era de debacle total. Los mismos que se habían pasado la temporada diciendo que Boston era de lejos el mejor equipo, ahora los calificaban de poco más de ser una banda. Mientras, el equipo ganaba el cuarto, el quinto y el sexto partidos, dos de ellos fuera de casa y el último gracias a un palmeo de Derrick White a una décima del final. Un golpe moral que se suponía definitivo, con la oportunidad de ganar un séptimo fuera de casa y hacer historia. 

Tampoco fue así. 151-0 es el récord actual de eliminatorias que empiezan 3-0. El último partido en casa comenzó con una lesión de Tatum que sin duda marcó el devenir del encuentro. Brown no estuvo a la altura, Brogdon apenas jugó en toda la serie... Solo Derrick White sostuvo el orgullo verde. El resultado 84-103 habla por sí solo. Dominados en el factor mental, con un registro 5-6 en los partidos en casa durante las eliminatorias, hablan de las dificultades en un camino que no debería haberlos sido (Boston se ha enfrentado con el octavo, el séptimo y el tercero). 

 

Urge un repuesto para Horford que reduzca su minutaje


La remontada hasta el 3-3, que solo ha ocurrido cuatro veces en toda la historia, ha servido por lo menos para acallar las voces que pedían ya a gritos dinamitar el proyecto. Pero no se puede negar que la franquicia se enfrenta a un verano que requiere respuestas. 

El equipo ha disputado cinco finales de conferencia en los últimos siete años. Digno de mención, sin duda, pero el récord es 1-4. Y la vez que se ha conseguido llegar a las Finales, se desperdicia una oportunidad de oro para subir la bandera nº18 al techo del Garden. 

O sea que el equipo es competitivo, pero le falta algo para llegar al último escalón, y por el motivo que sea no se está consiguiendo dar con la tecla y puede que sea el momento de hacer retoques...

Lo primero será decidir qué hacer con Jaylen Brown. Da la sensación de que la relación no es la mejor y no me extraña porque tiene que estar aburrido de aparecer en todas las quinielas de traspaso cuando se mueve alguna superestrella en el mercado. Viene de hacer su mejor temporada regular y se ha ganado el derecho a cobrar una morterada al ser elegido en el segundo quinteto de la Liga, pero también su rendimiento ha caído estrepitosamente en las eliminatorias y ahora se pone el foco en su compromiso y en su capacidad de tirar del equipo (injustamente, porque hay que recordar que el año pasado fue exactamente al contrario y se puede decir que fue el mejor celta de las Finales). 

¿Es suficiente para darle 300 millones a partir de 2024? ¿Con otros 300 y pico que habría que darle a Tatum en 2025? La Liga ha endurecido las condiciones a los equipos que superan el impuesto de lujo y parece que no hay hueco para dos contratos supermáximos en el mismo equipo. Está fuera de discusión dárselo a Tatum, que tiene un techo mucho más alto que Brown, así que Jaylen debería tener un contrato a la baja, pero ¿lo aceptará? Lo dudo, así que habría que traspasarlo e intentar sacar la mayor tajada posible. Lo que no será sostenible es gastarse casi el 70% del límite salarial en dos jugadores.

 

No vale un supermáximo, sobre todo si se lo das a Tatum

Por otro lado, el juego interior ha tenido bastantes problemas. Al Horford ya tiene 37 años y se le han visto las costuras en las eliminatorias y la cuesta abajo no va a tener fin. Robert Williams no ha estado físicamente bien apenas en ningún momento de la temporada y no se sabe si alguna vez podrá demostrar todo lo que tiene dentro. Es urgente reforzar este puesto con un jugador que pueda ser titular dado el caso. Los tiempos de parches como Griffin, Kornet o Muscala han terminado. Grant Williams debería volver a tener un papel importante en la rotación, aunque tenga limitaciones físicas y de altura.  

Boston carece de un generador de juego. Ni White, Smart o Brogdon lo son de forma consistente y en demasiadas ocasiones el ataque colapsa en unos contra unos y tripes sin sentido. Ha sido uno de los peores equipos en el clutch, tanto en liga regular como en play offs.

El fondo de armario ha seguido siendo un problema en el año en que parecía que se habían solventado los problemas. Al final Mazzulla ha reducido la rotación a seis jugadores y medio, por obligación (lesiones de Gallinari y Brogdon al final) y también por elección (Pritchard, Hauser y, sobre todo, Williams). No es sostenible en eliminatorias largas, porque el equipo tampoco ha sido capaz de cerrarlas por la vía rápida. 

 

El peso de la historia

 

Por último, hay que pensarse si Mazzulla es el hombre adecuado para llevar el timón. Ha dado la sensación de haber perdido el control del vestuario y parece haberse beneficiado de la inercia de un proyecto encarrilado. En una postemporada que había estado repleta de grandes nombres, podía haber sido el momento de rascarse el bolsillo y fichar a uno de ellos. No creo que eso ocurra, ya que los más destacados han sido ya fichados mientras Boston agonizaba en la final de conferencia y porque Brad Stevens apostó por él y seguramente le dará una nueva oportunidad. 

Todos los puntos anteriores tendrán difícil solución. El tema de romper la pareja Brown-Tatum va a dar seguro que hablar, porque son todavía muy jóvenes. Aunque la sensación de que el proyecto ha tocado techo si no se hacen retoques, ha sido muy fuerte. Veremos qué se le ocurre al bueno de Brad, pero tres finales y un título desde 1986 se antoja demasiado poco para esta franquicia. 

El hueco en el techo del Garden espera decisiones valientes.

15 de abril de 2023

Camisetas en pabellones y salones de la fama

Hace unas pocas semanas se vivieron dos hechos históricos para el baloncesto español, protagonizados ambos por el mismo personaje: Pau Gasol. 

Con apenas unas fechas de diferencia, la camiseta con su número 16 fue elevada a lo más alto del techo del pabellón de Los Ángeles Lakers y Pau fue seleccionado para formar parte de la clase de 2023 en el Salón de la Fama de Springfield, el Olimpo al que acceden los mitos del baloncesto NBA. 

 

 

No sabría decir el orden de importancia entre ambos hitos. Supongo que eso dependerá de lo que cada uno de nosotros considere. 

El primero de ellos es relevante porque la retirada de la camiseta la realiza una de las franquicias más reconocibles en todo el mundo, histórica y en la actualidad empatada en número de títulos con sus archienemigos Boston Celtics. 

Añadiría también que los Lakers no se caracterizan por retirar las camisetas a puñados. Basta decir que jugadores tan importantes en diferents títulos de la franquicia como Byron Scott, Derek Fisher o Lamar Odom no tienen la camiseta retirada ni parece que la tengan. Se puede discutir la relevancia de cada uno de ellos en los titulos o en el juego durante su estancia en los Lakers, ya que ninguno de ellos ha sido indiscutible segunda espada del equipo como Gasol, pero no es menos cierto que Gail Goodrich tiene la camiseta retirada y su mayor contribución a la franquicia podría ser su traspaso a los Jazz en el ocaso de su carrera a cambio del pick que llevaría a Magic Johnson a los Lakers en 1979.  

 


 

Lo que contribuiría a rebajar el nivel de este hecho puede ser que no se trata de un homenaje global sino parcial, de una franquicia en la que hay que reconocer que el jugador pasó sólo alrededor de seis años y tuvo alguna temporada a un nivel bastante discutible, si bien quizá no por su culpa sino de la utilización que de él hizo Mike D´Antoni, casi como los Lakers tras el título de 2010. 

Por eso, personalmente elegiría la selección como Hall of Famer de Pau como el logro más importante a título individual conseguido por un jugador español en la NBA. 

La elección en la primera oportunidad de Pau para formar parte de tan selecto club, no es algo baladí. Hay jugadores con una carrera por lo menos comparable que todavía no han sido elegidos, a la vez que nombres ilustres del pasado tampoco lo han conseguido todavía. Otros han entrado muchos años después de su retirada, como Toni Kukoc (2021), Bob Dandridge (2021), Paul Westphal (2019), Jack Sikma (2019), Sidney Moncrief (2019) y un largo etcétera. 

 

 

Si al mismo tiempo ponemos en valor el grupo de elegidos en 2023, con Becky Hammon, Tony Parker, Dwayne Wade o Dirk Nowitzki, que han acompañado a Pau en su selección, la cosa toma un color claro. 

En cualquier caso, estemos orgullosos de los logros conseguidos por el que es, sin duda, el mejor jugador español de la historia y uno de los jugadores más dominantes en el baloncesto FIBA que se haya calzado las botas alguna vez. 

Estamos ante el colofón brillante a una carrera de 20 años, no solo larga sino de un nivel deslumbrante hasta por lo menos 2017 y que solo las lesiones fueron capaces de precipitar a un final abrupto e indeseado por todos.

10 de diciembre de 2022

El gigante rojo. Una historia del baloncesto soviético.

Los autores Marc Bret y Nacho Morejón nos traen un librazo de Historia del Baloncesto, el recorrido del baloncesto soviético desde sus inicios en la década de los cuarenta hasta su implosión a finales de los años ochenta y principios de la década de los noventa del siglo pasado. 

Hay que agradecer a los autores su gran labor de investigación, que se nota tanto en testimonios de primera mano de los protagonistas como con una buena colección de fotos, muchas de ellas que pertenecen a los archivos privados de los que posaron para ellas o de sus familiares. 

La historia del baloncesto soviético es, por derecho propio, historia del baloncesto mundial. La polarizacion política del mundo durante gran parte del siglo XX tuvo un fiel reflejo en el deporte, utilizado por ambas superpotencias como un elemento propagandístico ideal para ensalzar las virtudes del sistema político y económico propio. Podríamos quizás hablar de una guerra templada, como contrapartida a la guerra fría del momento. 

 

Desde el principio del régimen bolchevique, el deporte tomó un lugar principal en sus esfuerzos. Promovieron las espartaquiadas como una suerte de juegos olímpicos del proletariado, al principio acotadas a los pueblos que formaban parte de la Unión Soviética y, después de la Segunda Guerra Mundial, ampliada a los países que se integraron en el Pacto de Varsovia. 

Dentro del deporte en general, el baloncesto era una de las joyas de la corona, por lo que ello representaba. Los inventores y reyes indiscutibles del baloncesto eran la némesis del régimen soviético. Por eso, derrotarles en la cancha sería un sucedáneo de hacerlo en los campos de batalla, sin los riesgos de una guerra nuclear que ya se oteaban en el horizonte. 

El libro explica con todo lujo de detalles cómo se trabajaba la base baloncestística, la organización de las competiciones locales y el reparto de los mayores talentos. Todo estaba subordinado al éxito de la selección en competiciones internacionales mientras que en las domésticas se intentaba favorecer al equipo del Ejército Rojo en Moscú, el TSKA que compitió de tú a tú con equipos occidentales, principalmente italianos y el Real Madrid, que apareció después del dominio del ASK Riga del gigante Janis Krumins y de un personaje que se convertirá en factótum del baloncesto: Alexandr Gomelski. 

El verdadero gigante rojo
 

La Unión Soviética desarrolló programas que consiguieron arrollar en los Eurobasket desde 1947 hasta 1971, con once títulos de trece posibles, hasta la irrupción de Yugoslavia como potencia europea (con una filosofía de reparto de talento entre sus equipos). 

En los campeontatos del mundo también se cosecharon éxitos, si bien más dispersos y poco satisfactorios porque los equipos enviados por Estados Unidos no tenían la misma entidad que los que enviaban a los Juegos Olímpicos. 

Eran los Juegos la joya de la corona del baloncesto mundial, y ahí chocaban los soviéticos una y otra vez contra un muro hasta el polémico triunfo de 1972, efectivo en lo propagandisticio, pero poco satisfctorio en lo deportivo. Esperaron dieciséis años hasta conseguir vencer en Seúl en 1988, derrotando en semifinales a un equipo estadounidense que contaba con dos números uno del sorteo universitario, David Robinson y Danny Manning, pero dirigido en el banquillo por John Thompson, de infausto recuerdo, que no supo sacar partido de un equipo que contaba además con Dan Majerle y Charles Smith. 

Por el lado soviético, el maquiavélico Gomelski sí lo hizo de un equipazo con Volkov, Marciulionis, Sokk, Tikhonenko, Belostenny, Tarakanov, Kurtinaitis, Homicius, Miglieniks, Pankrashkin, Goborov y un renacido Sabonis. 

El gigante rojo somete al capitalismo
 

Pocos podrían esperar que al pico máximo le seguiría tan rápido el valle más profundo. Decepción en el Eurobasket 89 y un Mundobasket 90 en el que ya no participaron los lituanos. La URSS no participó en el Eurobasket 91 y en los JJOO de Barcelona lo hicieron bajo denominación de CEI, sin los estados bálticos que ya habían declarado su independencia. 

Toda esta epopeya, con sus personajes, sus luces y sus sombras, está contada de forma amena en el libro. Salen a la luz circunstancias que ya habían estado bajo sospecha, como que la causa de las sorprendentes ausencias de jugadores o técnicos (Mishkin o el propio Gomelski, por ejemplo), se debían a causas políticas o haberles pillado con contrabando en algún viaje de gira por el extranjero, en el que los participantes se aseguraban ingresos extra que ayudaban a paliar las duras condiciones de vida en un sistema comunista. 

Eran otros tiempos, más duros. Agentes KGB y comisarios políticos acompañando las expediciones, algunos jugadores actuando como soplones de sus compañeros a cambio de mayores privilegios, el sistema de recompensas con los que se motivaba a los jugadores como conseguir un coche sin lista de espera u obtener un piso o apartamento más grande... Parece todo sacado de una película o de un libro. 

Con todo, la historia del baloncesto y del mundo no se entiende sin el baloncesto soviético y la larga lista de nombres míticos que ha dejado detrás.

El gigante rojo. Una historia del baloncesto soviético no es un libro solo aconsejable a los aficionados a este deporte, sino a todos aquellos lectores que estén interesados en la historia del siglo XX.

1 de octubre de 2022

Eurobasket ´22: nombres propios

A medida que se aleja en el tiempo la gran final del pasado Eurobasket, la resaca continúa dejando un poso que se convierte en una mezcla de sensaciones y reflexión. Sensaciones,  porque de algún modo seguimos sin creernos la gesta que han conseguido estos chicos, dirigidos por el mejor entrenador FIBA de selecciones del siglo XXI. 

Es la hora de mencionar algunos nombres propios.

  • Megaestrellas: se podría argumentar que este Eurobasket es el que ha reunido una mayor cantidad de talento. A la tríada Giannis-Jokic-Doncic se podría opones la Gasol-Nowitzki-Parker, pero nostalgia aparte, no se puede discutir que por rendimiento individual solo el teutón admite comparación con quienes están haciendo historia actual en el mejor baloncesto del mundo. Lo que tampoco admite discusión es que los segundos dominaron el balonceso FIBA de su época de un modo que, de momento, los más nuevos solo pueden soñar. Ni uno de ellos llegó a semifinales y la presencia de Giannis en el quinteto inicial chirría un poco y abre una discusión sobre qué es lo que realmente se premia con este tipo de nominaciones.

  • Doncic: además de nombrarle en el apartado anterior, Doncic merece una mención aparte del resto. No porque haya firmado unos números de escándalo, entre ellos la segunda mejor anotación del Eurobasket en más de sesenta años, sino porque me da la sensación de que el chaval está perdiendo el norte. Se le ha visto desquiciado con los árbitros muchas más veces de lo que sería de desear (vale que el nivel de arbitraje ha sido en general muy bajo, pero este chico llega a protestar cosas que se caen de cajón). Más grave me parece su tendencia a llegar pasado de peso a las competiciones FIBA. Su participación en este Eurobasket me parece un reflejo de los JJOO del año pasado, en los que se fue apagando por mero cansancio físico. Las imágenes de su rostro sudoroso, rojo y congestionado, deberían ser suficientes para hacerle reflexionar si está dispuesto a agarrar su destino con mano firme. De lo contrario, ese sobrepeso puede ser suficiente causa de lesiones que pueden dañar su progresión, carrera y prestigio.

Va por ustedes

  • Pesic: el abuelo ha fracasado. De nada le sirvió disponer de una superestrella mundial del calibre de Jokic, un segundo espada del calibre de Micic y un elenco de secundarios de contrastada calidad y solvencia. El partdo de eliminación fue bastante lamentable, sin pedir tiempo muerto y con Jokic en el campo mientras Serbia aceptaba un parcial demoledor que le colocaba -9 en el partido a pocos minutos del final. Cuando quiso reacciona, ya era demasiado tarde.
  • Collet: 0-6. Juego, set y partido. Incapaz de vencer a Scariolo en un cara a cara. Sus momentos de gloria coincidieron con el paréntesis del italiano y el accidente Orenga en el banquillo español (cuando se pensba que una patata de seleccionador haría el mismo papel con aquellos jugadores). Ni siquiera tuvo que haber llegado a la final, con los partidos de octavos y cuartos de final perdidos. 
  • Polonia: favorecidos por un grupo y unos cruces fáciles, dieron la campanada eliminando a Eslovenia en cuartos, con un partidazo de Ponitka y Slaughter. Pocas veces un fogonazo así ha dado tanto partido.

 


 En cuanto a España, es hora de repasar brevemente a nuestros protagonistas:

  • Lorenzo Brown de Albacete: protagonista, primero a su pesar por una nacionalización poco entendible para el aficionado por el nulo arraigo con el país, más allá de coincidir con Scariolo en Toronto. Protagonista después por su buen hacer en cancha con varios fogonazos. No solo no hubiéramos sido campeones sin él, es que ni siquiera hubiéramos llegado a cuartos de final. Jugó infiltrado. Renunció al pasaporte americano. 15,2 puntos y 7,6 asistencias en 25,2 minutos.Quinteto ideal del campeonato. Para mí el verdadero MVP.Xab SOBRESALIENTE. 
  • Jaime Pradilla. Una grata sorpresa en la fase de grupos, se fue difuminando hasta casi la intrascendencia coincidiendo con la curva ascendente de Juancho. Muy joven, pero intenso y tomando casi siempre muy buenas decisiones. Una cara que esperamos ver en el futuro. 5,8 puntos y 2,7 rebotes en 14,7 minutos. APROBADO.
  • Rudy Fernández. Solo Navarro tiene más internacionalidades. Ejemplo de pundonor, predicando con el ejemplo dentro y fuera del parquet. Pretoriano de Scariolo. Defensa de libro y fogonazos en ataque que cambian partidos. Gran responsable del éxito. 7,6 puntos, 2,3 rebotes y 1,9 asistencias en 17,5 minutos. MATRÍCULA DE HONOR
  • Xabi López Aróstegui: ha pasado bastante desapercibido, pero para Scariolo parecía ser básico porque ha salido de inicio en todos los partidos del campeonato y ha sido el tercer jugador en minutos. Sobre todo sacrificio en defensa, en ataque apenas se ha dejado ver. 5,4 puntos, 2,8 rebotes y 1,8 asistencias en 22,9 minutos. APROBADO
  • Jaime Fernández. aportaciones puntuales en varios partidos, desaparecido en otros, brillante en la final. 4,9 puntos y 1,7 asistencias en 14,8 minutos. SUSPENSO
  • Darío Brizuela: fue al Eurobasket como revulsivo y cumplió con creces, con grandes exhibiciones puntuales en ataque. En defensa ha logrado no penalizar demasiado. 7,9 puntos y 1,6 asistencias en 15,6 minutos. BIEN

 


  • Alberto Díaz: superlativo. De ser descartado a volver por la puerta grande al campeonato. Líder desde la defensa y miembro destacado del quinteto de seguridad de Scariolo. Compartió minutos con Lorenzo Brown y logró aportar en ataque lo suficiente para no penalizar. Siempre en mi equipo. 5,7 puntos y 1,4 asistencias en 16,8 minutos. MATRÍCULA DE HONOR. 
  • Sebas Saiz: poco ha jugado para mi gusto. Aumentaba la intensidad en defensa, cargaba el rebote y ponía unos bloqueos terroríficos. La cara del equipo de las ventanas. Siempre dispuesto e intenso. 2,3 puntos y 1,1 rebotes en 4,6 minutos. SIN CALIFICAR
  • Willy Hernangómez: talento ofensivo superlativo, ha sido el sostén de España durante muchos minutos. Su defensa no está a ese nivel y ha obligado a Scariolo a mantenerlo sentado en momentos clave de los partidos. Una pena, porque si defendiera un poquito más, sería un estrellón a ambos lados del charco. Por lo menos, de carácter no va mal. 17,2 minutos y 6,9 rebotes en apenas 21,2 minutos. Quinteto ideal del campeonato y MVP. NOTABLE. 
  • Usman Garuba: compromiso. Acudió a la llamada después de una temporada complicada en la NBA y con lesiones. Durante los partido de preparación y buena parte de la fase de grupos, dio una impresión a veces un poco lamentable, pero se fue entonando a medida que pasaban lo minutos y se hizo grande desde la defensa. Imprescindible en el quinteto de seguridad. Solo le faltó un poquito de acierto en ataque. Ilusionante. 4,7 puntos, 5 rebotes y 2,6 asistencias en 16,9 minutos. NOTABLE

 


  • Juancho Hernangómez: el reverso de Pradilla, empezó de (mucho) menos a (mucho) más. Durante buena parte del campeonato parecía peleado con el aro, pero la cosa fue mejorando hasta convertirse en el MVP de la final con un 7/9 de triples en una exhibicion que no se vehía desde 1995. Debe dar mucho más. 12,8 puntos y 5 rebotes en 23,4 minutos. BIEN
  • Joel Parra: un tanto decepcionante su actuación, después de ser el mejor joven de la Liga Endesa. Se podía esperar más de él. 3,0 puntos y 2,6 rebotes en 13 minutos. SUSPENSO. 
  • Santi Aldama: no estuvo en el Eurobasket, pero precisamente por eso le traigo aquí. Las noticias fueron confusas sobre su ausencia. Al principio se indicó que se había declarado no disponible, pero luego se matizó que Memphis no le permitió acudir. A mí me suena a blanqueo del jugador. Me da la sensación de que tampoco creía que se podía hacer gran cosa este verano y prefirió priorizar su carrera NBA. Para mí sale tocado de todo esto y pasa de ser un jugador imprescindible por sus características a ser un jugador bajo sospecha por su falta de compromiso. El contraste con Garuba tampoco le beneficia, cuando Usman se ha jugado el tipo por venir y no ha escatimado esfuerzo. 

 

Las lágrimas de España

  • Scariolo: ya he dicho en este blog que este campeonato es un campeonato de autor. Ha sabido montar un equipo por encima de las individualidades. Se ha jugado su prestigio por la nacionalización de Lorenzo Brown, pero ha salido airoso. Todos los jugadores se han sentido importantes y han dado mucho más de sí de lo que se podía esperar. Ha manejado una rotación de casi 12 jugadores (si exceptuamos a Sebas, todos están entre los 25 minutos de Lorenzo y los 13 de Parra) y ha dado galones a Rudy como estandarte de tiempos gloriosos. Ha sabido manejar los partidos y los rivales, sabiendo contener a los mejores (Valanciunas, Markannen, Schröder, Fournier) y dominando tácticamente a los entrenadores contrarios. Lo de Collet raya ya en la humillación. Indiscutiblemente el mejor seleccionador español de la Historia, entra en la discusión de mejor seleccionador del baloncesto FIBA. MATRÍCULA DE HONOR. 

 

Cuatro (y dos medallas en JJOO, y un bronce, y un mundial...)

 

La resaca da paso a la espera. El año que viene hay Mundobasket, para el que hay que clasificarse en una última fase de ventanas que esperamos solventar como ha sido hasta ahora. 

A partir de ahí, espero haber aprendido a no dudar de mis mayores y a afrontar los campeonatos con optimismo. No es fácil, habiendo sido testigo directo de los años del hormigón desde finales de los ochenta hasta la aparición del Espíritu de Atenas, con aquella España dirigida por Lolo Sáiz y fiada al talento ofensivo de Alberto Herreros, preludio a la llegada de los Chicos de Oro. 

No sé a qué esperamos a erigir la estatua a Sergio Scariolo.