1 de octubre de 2023

Weltmeister!

La final europea del Mundobasket (en realidad, siete de los nueve primeros clasificados son europeos, lo más parecido a un mundial de balonmano por el tremendo bajón de rendimiento de Brasil y, sobre todo, Argentina en los últimos años) terminó con la victoria de Alemania frente a Serbia. El recién llegado y el viejo conocido.

Ambos llegaron al partido final tras derrotar a las otras dos selecciones no europeas y máximas favoritas a encontrarse por el título, en dos partidos igualados. Pude ver el de Alemania frente a Estados Unidos y el nivel ofensivo hizo palidecer a las defensas. Más de 100 puntos por ambos contendientes, Alemania marcando el récord de puntos anotados a un equipo NBA (superando al establecido por Lituania unos días antes y superado por Canadá dos días después en el partido por el bronce). 

Mientras lo estaba viendo, pensaba hasta cuándo iban a poder aguantar a los estadounidenses. Craso error, la cuestión era si los NBA iban a ser capaces de remontar.

El MVP
 

La final apenas tuvo color y los alemanes dominaron el partido, haciéndose con la medalla de oro después de un campeonato brillantísimo en el que se deshicieron, entre otras, de Australia en la fase de grupos y eliminando a Letonia (el partido en que estuvieron más cerca de la derrota), Estados Unidos y Serbia. 

Se podría calificar de sorprendente, pero Alemania lleva unos años llamando a la puerta. En el Eurobasket de 2022 ya solo pudimos ganar con mucho sufrimiento y un final de partido soberbio por parte de Lorenzo Brown (cuánto se le ha echado de menos este año). En 2023 han firmado un campeonato inmaculado, contando sus partidos por victorias. 

El escudero (la estrella en la sombra)
 

Su líder en la pista y declarado MVP del campeonato es Dennis Schröder, el mismo que tuvo en sus manos la eliminación de España en el Eurobasket de 2015, pero con unos años más. Veo en Dennis un caso similar al de Patty Mills, jugadores de rol en la NBA (mejor carrera individual del alemán) que cuando se ponen la zamarra de su selección en FIBA se transforman y se convierten en jugadores dominantes. 

No obstante, para mí su jugador más importante, con diferencia, es Franz Wagner, que ha crecido de una forma descomunal en Orlando y en FIBA hace gala de grandes recursos tanto en ataque como en defensa. A partir de ahí, jugadores de rol que saben muy bien su papel (Theis, Voigtmann, Bonga, Obst...), muchos con pasado NBA, dirigidos desde la banda por un entrenador muy solvente que conoce al grupo. 

El profesor

Lo bueno de este equipo es que ha sabido sobreponerse a los malos momentos de Schröder, tanto dentro de la pista (sobre todo su mal partido ante Letonia) como fuera. La polémica con Maxi Kleber pudo haber dinamitado las opciones de Alemania incluso antes de empezar el campeonato, pero a lo mejor lo que hizo fue todo lo contrario, creando unos lazos mucho más fuertes entre los componentes de la selección. 

Ahora, la cuestión es saber cuánto van a poder alargar la racha de una selección que se ha acercado a los puestos de cabeza solo esporádicamente. Así, de cabeza, recuerdo el oro del Eurobasket 93 (eliminando a España en la prórroga con canasta del desaparecido Welp), bronce en el Mundobasket 2002 (otra vez eliminando a España), plata en el Eurobasket 2005 (canastón de Dirk frente a Garbajosa para eliminarnos en semifinales) y bronce en el Eurobasket 2022 (eliminados por España). 

 

El éxito

Es curioso, todos sus éxitos menos este último tienen un color rojigualda a favor o en contra. Este año falló el guión. Nos hubiéramos enfrentado en cuartos de final, pero no nos dio para llegar. Y con sinceridad pienso que este año tampoco nos iba a dar para ganarles. 

Era su momento y lo han aprovechado. Un éxito sin precedentes que ni siquiera el grandísimo Dirk Nowitzki consiguió a pesar de ser el segundo NBA más dominante en FIBA (Gasol sería el primero). 

Larga vida al campeón.

9 de septiembre de 2023

Decepción mundial

Al final, los temores se hicieron realidad. Vale, alguno podría decir que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Que somos agoreros, pájaros de mal fario, cenizos, que no sabemos disfrutar del momento.

El caso es que España ha caído en la fase previa de los cuartos de final de este Mundobasket, algo que no ocurría en ninguna competición internacional desde los JJOO de Sidney 2000, año del debut de Juan Carlos Navarro y de Raül López en la absoluta y torneo previo a la irrupción gloriosa de Pau Gasol y el resto de la generación del 80, que tantos éxitos nos ha dado. 

El grupo de clasificación se saldó con victorias más que solventes ante Costa de Marfil, Irán y Brasil. Vale, no son selecciones de relumbrón, pero los triunfos fueron bastante claros y con momentos de juego brillantes. 

 

Proliferaron los artículos de sesudos analistas que han descubierto en este torneo a Santi Aldama. Se multiplicaron los parabienes a Juan Núñez, declarándole timón de la selección para los próximos diez años, por lo menos. Todo parecía ir viento en popa.

En el otro lado del cuadro, la sorpresa saltó el primer día: derrota de Francia frente a Letonia. Nos frotábamos las manos: dos partidos, frente a Canadá y Letonia, ganar uno de los dos y a cuartos de final. Hasta era conveniente quedar segundos, decían algunos, y así evitar a Estados Unidos hasta la gran final. Estaba claro: nos íbamos a comer el mundo, otra vez, y dar un bofetón en todos los morros a los cenizos antipatriotas que no se suben al carro. 

Craso error. Dos últimos cuartos terroríficos en ataque han sido suficientes para echarnos del Mundobasket y dejarnos a todos con un palmo de narices. Más doloroso el trance ante Letonia, por inesperado, que el de Canadá, que se podía ver venir. Aunque luego, visto el resto del campeonato de Letonia, se puede decir que pasaron los dos mejores equipos y que España estuvo un pasito o dos por detrás.

He dudado mucho qué título poner. Aunque considero que lo mínimo que se le puede pedir a cualquier equipo que España ponga en una competición es llegar a cuartos de final, la palabra fracaso puede ser demasiado dura. Prefiero decir que es una decepción, aunque tampoco resulta exacto, porque es algo que se podía esperar. 

 


 

No querría poner el foco en ningún nombre, pues seguramente estaría siendo injusto, pero antes de la cita pensaba que Llull no estaba para ir y que podría ser mejor llevar a Jaime Fernández. El campeonato me ha dado la razón y el rendimiento ha estado lejos de ser el esperado. Por otra parte, no entiendo por qué se lleva a Joel Parra para luego darle un puñado de minutos. 

Fuera de esto, el campeonato de España ha sido previsible y el resultado, creo, se puede resumir en tres puntos: 

  1. Las bajas de Lorenzo Brown y Ricky Rubio dejaron a la selección huérfana de una figura que fue clave en los éxitos de 2019 y 2022: un base generador de ventajas, capaz de alimentar a tipos como Willy Hernangómez y, en caso de necesidad, crearse sus propios tiros y mantener el equipo en los malos momentos hasta que algún otro se sume al carro. 
  2. Faltó un go-to-guy, un jugador que se echase el equipo a la espalda, que quisiera el balón en los momentos calientes y que fuera capaz de atemperar comportamientos y temperamentos. Está bien tener un juego coral, pero en los momentos de la verdad a veces no es suficiente y a jugadores que en sus equipos son, con suerte, tercera o cuarta opción, les cuesta ser la primera. Los jugadores que por carácter pueden ser este hombre, por edad o por otras cuestiones no están para asumir el rol de líder más que puntualmente (Rudy) o ni siquiera (Llull). Otros simplemente no han dado la talla (Willy, Juancho) o no tienen el carácter o la edad y galones necesarios (Aldama).
  3. Hay que decir que no ha sido el campeonato más brillante de Sergio Scariolo. Empezando por las decisiones más o menos discutibles de confección de plantilla hasta su falta de reacción y soluciones en los momentos complicados de los partidos de Letonia y Canadá. Ante los bálticos quizá no se notara tanto, pero contra Canadá, Jordi Fernández estuvo un paso o dos por delante de nuestro italiano favorito. 

Tras la derrota ante Canadá, las redes sociales hirvieron contra el trío arbitral. No podemos escudarnos en eso. Fue un mal arbitraje, pero lo fue para ambos equipos que casi acaban desquiciados en momentos clave de los partidos. 

La defensa, brillante por momentos, no ha sido suficiente y se ha desarmado en los momentos clave, con un acumulado de 23-54 en los últimos cuartos decisivos de ambos partidos. Demasiados puntos en contra.  

 


Una decepción al final. Dura, es verdad, porque siempre está el temor a repetir la horrenda travesía en el desierto de finales de los ochenta y la  década de los noventa, encadenando decepción tras decepción durante casi quince años. Ahora sería más dura, viniendo de donde venimos. Como comparación, Argentina ha quedad fuera del Mundobasket por primera vez en cuarenta años y de los JJOO por primera vez desde 2000. No es previsible que eso nos pase a nosotros, porque hay jugadores jóvenes que empujan con fuerza, pero lo que sí me parece es que nos va a faltar carácter ganador. 

En lo que respecta al torneo, cuando escribo resta por definir los cuatro primeros clasificados. Ha habido grandes historias (Letonia), selecciones a las que les ha faltado un punto para triunfar (Lituania, que incluso ganó a EEUU), otras que han cumplido por encima de las expectativas (Italia), y otras que han ido de más a menos (República Dominicana, Brasil, que llegaron al final con opciones de clasificación para cuartos...). Alguna que otra decepción (Finlandia, Francia, Australia),sobre todo la de Collet y sus muchachos, eliminados en la fase de grupos cuando eran candidatos unánimes a los ocho primeros.

En cuanto a jugadores top: Bogdanovic, Zagars, Schröder, Shai Gilgeous-Alexander, Rondae Hollis-Jefferson, Carlik Jones, Karl-Anthony Towns... por momentos Juan Núñez. Sigo diciendo que Doncic, a pesar de ser muy bueno, llega fundido a los partidos decisivos y se pierde en luchas estériles contra los árbitros y rivales. 

Está siendo un campeonato con partidos interesantes, algunas palizas indecentes y un nivel que, me parece, se ha igualado por abajo, faltando selecciones dominantes sin fisuras, a pesar de los grandísimos campeonatos de Alemania y Serbia, más que merecidas finalistas (aunque con un recorrido bastante más complicado para los germanos). 

Final europea en el Mundobasket. Siete selecciones europeas entre las nueve primeras (puesto final de España). Lo más parecido al balonmano en los últimos tiempos.

30 de julio de 2023

Garra

Es conocida la afición de Adam Sandler a nuestro deporte preferido y bastante habitual verle en pachangas en la calle o en pabellones, con un look particular y un estilo callejero que le asemeja con un Allen Iverson de DIA. 

Calidad de su juego y su estética aparte, tenemos que agradecerle que el baloncesto haya sido protagonista en NETFLIX y se estrenara Garra. Sandler hace de un ojeador de los Philadelphia 76ers en busca de talentos por todo el mundo. Asentado y respetado en su trabajo, el propietario le ha confirmado que le dará la oportunidad de sentarse en el banquillo en la próxima temporada, pero su fallecimiento repentino hace que la franquicia quede en manos de su hijo, más orientado a los beneficios y bastante lejos del sentimiento old school de respeto a la palabra dada y amor al deporte.

 


 

Asqueado, deja su puesto en el equipo y a modo de freelance continúa viajando hasta dar con un diamante sin pulir en una cancha callejera de ¡España!. Ahora mismo no recuerdo si se dice que se trata de Barcelona o Palma de Mallorca, pero la estética y la fauna que se ve alrededor de la cancha está más cerca de cualquier barrio latino de una ciudad cualquiera en los Estados Unidos (una muestra más de la ignorancia infantil a la que los estadounidenses nos tienen acostumbrados en cuanto a geografía global). 

En esa cancha de discutible etnicidad, el personaje de Sandler se encuentra con Bo Cruz, un muchacho tatuado hasta las cejas que juega por dinero en canchas de cemento y cuida de su hija y de su madre. La particularidad que hace Garra una película cercana es que Bo Cruz es el alter ego de Juancho Hernangómez.  

La película es una de tantas cintas de superación y sueño americano a las que nuestros amigos yanquis nos tienen acostumbrados y que suelen apelar a la fibra del espectador con historias más o menos lacrimógenas y con inevitable final feliz. Garra no se separa de este trazado ni una pulgada, hasta que el bueno de Stanley consigue que Bo Cruz sea drafteado por los Boston Celtics. 

Tampoco se olvida de que una buena historia necesita un villano. En este caso se trata de Kermit Wilts, un hablador de basura que humillará a Bo y le llevará al siguiente nivel de competitividad que tanto gusta al otro lado del charco. Kermit Wilts tiene la suerte de tener las habilidades baloncestísticas y las facciones de Anthony Edwards, estrella de los Wolves.

 

Quién sabe si Bo y Kermit se enfrentarán este año en el Mundobasket, defendiendo a sus selecciones. 

Además de ser una película entretenida y que se ve bien, uno de los atractivos de Garra es el largo listado de cameos relacionados con el mundo del baloncesto. Desde Scariolo y el equipo nacional al completo, pasando por el Dr. J, Maurice Cheeks, Brad Stevens, Moritz Wagner, Michael Porter Jr., Kyle Lowry, Mathisse Tybulle, Seth Curry, Nowitzki... y Boban Marjanovic que hace gala de su talento para la comedia. Os invito a entrar en la página de Garra en imdb y echar un vistazo a todos los jugadores que aparecen, algunos fugazmente. De hecho, ver la película se convierte casi en un juego de reconocer los que van saliendo. 

Con una duración inferior a dos horas, Garra entretiene. Además, según he podido leer, los diferentes entrenamientos que vemos en pantalla son bastante reales y utilizados por los profesionales de esto, así que aprenderemos un poquito. 

En imdb tiene una nota de 7,3, lo que completa el cuadro para que sea una cinta imprescindible para cualquier aficionado al deporte de la pelota naranja (o tricolor).

9 de julio de 2023

Pau Gasol, lo importante es el viaje

El 10 de marzo de 2019, camino de los 39 años, fue le último partido de Pau Gasol en la NBA. Había sido traspasado unas semanas antes desde San Antonio hasta los Bucks y allí apenas jugó tres partidos, con un papel testimonial, indigno de su trayectoria. 

Hasta ese día, había jugado 30 partidos y se había perdido 37. Doce minutos, 3,9 puntos, 4,6 rebotes y 1,7 asistencisa son sus medias. Solo verlo produce un nudo en el estómago. 

Pau Gasol había sido en la práctica un reloj estadístico, rondando todas sus temporadas el 18+9+3, con el bajón de la temporada aquella de D´Antoni y el experimento en los Lakers. Se rehizo y luego incluso volvió a ser All-Star firmando sus mejores registros reboteadores en los Bulls, ya con 35 años a sus espaldas. 

 

Fractura por estrés en el pie. Un horror. La misma lesión que retiró a Yao Ming de forma prematura. La leyenda del baloncesto español, que deseaba con todas sus fuerzas retirarse después de los JJOO de Tokio, parecía que iba a tener que despedirse en falso, fuera de las pistas. 

Pues no. 

En 2021, después de una pandemia global que retrasó los Juegos a ese año, y después de muchos rumores, se hace público el fichaje de Pau Gasol por el FC Barcelona para jugar la Liga y la Euroliga, el único título que se le resistió. 

Sensaciones encontradas. Por un lado, alegría por volver a ver de corto a este extraterrestre al que tanto debemos. Por otro, incertidumbre de cuál iba a ser su rendimiento en cancha. El resultado final, agridulce: estadísticamente no fue del todo mal, incluso dominó algunos partidos, pero la sensación general es que ya era imposible volver a un nivel más o menos adecuado y su rendimiento, digno pero nunca más determinante.

La soledad de la recuperación
 

Aún y así, Sergio Scariolo le llevó a los JJOO. Sin duda se lo merecía, despedirse por todo lo alto, vivir por quinta vez la sensación inigualable de desfilar por el Anillo Olímpico y competir contra los mejores. Pero la realidad es testaruda y se encarga de repartir bofetones a mano abierta. Pronto se vio que Pau Gasol, el que había dominado tantas veces a sus rivales, se encontraba dos y tres escalones por debajo de lo que debería. Sencillamente, su físico no le acompañaba. Especialmente triste fue verle postear a Devin Booker en cuartos de final, veinte centímetros más bajo, y no poder progresar a canasta. 

Los JJOO fueron un torneo triste en lo personal y en lo colectivo, porque España había perdido EL PARTIDO contra Eslovenia y no fue rival ante los EEUU, a pesar de Ricky Rubio. 

Se podría discutir si las decisiones del FC Barcelona y de la Federación Española de Baloncesto fueron correctas o no. Está claro que en el plano deportivo, por diversas causas, no lo fueron. Pero también está claro que la relevancia histórica de Pau Gasol, quizá mereciera esa última oportunidad. 

 

 

El documental de Amazon, Pau Gasol: lo importante es el viaje, es la intrahistoria de todo aquello. Imágenes de Pau Gasol entrenando, buscando desesperadamente volver a sentirse jugador. Imágenes con su Fundación, planificando actividades. Imágenes con sus representantes, negociando la vuelta a las canchas. Imágenes con su familia, en rehabilitación, moviéndose con el pie en alto que no podía cargar bajo ningún concepto. Todo ello mientras éramos una vez más espectadores del repaso trayectoria extraordinaria, la de uno de los deportistas españoles más importantes de todos los tiempos, uno de los que nos hacía sentirnos orgullosos cada vez que veíamos un partido suyo en la NBA o en la multitud de torneos FIBA que dominó con puño de hierro. 

Verle de esta forma, impotente ante sus problemas físicos, fue doloroso.Su generosidad fue la que lo hizo posible, permitiendo la entrada de cámaras en momentos íntimos que permitieron también dimensionar en su justa medida la relevancia de la persona detrás del personaje. 

Si todavía tenéis la ocasión de dedicar unas pocas horas a este documental, ya estáis tardando.

25 de junio de 2023

Pepitas de oro y un comodín

Pues ya ha terminado el curso baloncestístico 22/23 en la NBA con el título de los Denver Nuggets (4-1 a Miami) y el MVP de las Finales para Nikola Jokic. 

Ha sido una temporada sorprendente, no por el campeón, que se podía esperar y al que mucha gente le daba el subcampeonato en unas hipotéticas Finales contra Boston o Milwaukee. Y de ahí la sorpresa, porque los que se han plantado en la serie definitiva han sido los Miami Heat. 

Recordemos que Miami perdió el primer partido de play-in contra Atlanta. Y luego iban perdiendo el segundo contra Chicago. Sin embargo, ganaron. Y luego le metieron un 4-1 a Anteto y sus Bucks. Sobrevivieron al cemento de Thibodeau y sus Knicks. Y en las finales de la Conferencia Este amenazaron con hacer explotar el proyecto celta cuando se pusieron 3-0. Luego amenazaron con derrumbarse ellos cuando los Celtics remontaron hasta un 3-3 (solo la cuarta vez en 151 oportunidades) y todo parecía dispuesto para abrirles la puerta tras despachar a los de Florida en el séptimo partido en el Garden. Eso no pasó y Miami arrasó, dejando a los aficionados verdes (entre los que me incluyo), con caras de tonto. 

 

Quinteto de élite
 

Por primera vez desde los Knicks del 99, un seed 8 se plantaba en las Finales, tras haber derrotado a un primero, un cuarto y un segundo. Tremendo. 

En el otro lado, con casi diez días de descanso extra, un equipo que jugaba sus primeras Finales, con una plantilla que se antojaba corta, pero que contaba con un quinteto titular demoledor: Jamal Murray, finalmente recuperado de sus lesiones y que llevaba unas eliminatorias más que decentes; Kentavious Caldwell - Pope, que fue clave en el título de Lakers de la burbuja; Michael Porter Jr., para muchos un top 3 de su draft si no hubiera sido por sus problemas de espalda; Aaron Gordon, que había dejado Orlando para dar un plus a los de Denver...

... y por encima de todos Nikola Jokic. Dos veces consecutivas MVP de la temporada regular, se ha marcado una temporada de nivel todavía superior, a punto de convertirse en el primer interior en  promediar un triple doble durante todos los partidos del año. Debería haber sido MVP otra vez, pero seguramente hubo vértigo en los votantes por dárselo y ponerle a la altura de Larry Bird, el último en lograrlo entre 1984 y 1986. Así de injusta es la narrativa en ocasiones. 

Había dudas en ambos lados. Por los Heat, el cansancio y el estado del tobillo de Butler, además de la falta de Herro durante todos los playoffs (una baja que, en mi opinión, les ha beneficiado más que perjudicado; no creo que hubieran sido tan rocosos en defensa con el fino estilista en el quinteto). Por Denver, su inexperiencia, dudas sobre su carácter y una plantilla con solo seis o siete jugadores que quizá no fuera suficiente si los Heat conseguían alargar la serie y convertirla en una piscina de barro. 

 

Hay un nuevo sheriff en la ciudad

 

También había motivos para confiar. Los Heat habían eliminado a los dos máximos favoritos, no solo de su Conferencia sino de toda la liga; la sensación de que el seed 8 no era real y que en realidad su  plantilla era, como mínimo top 4; y la confianza en un líder brutal como Jimmy Butler. En Denver, tener a uno de los mejores jugadores de la Liga; la solvencia durante la temporada regular y las eliminatorias; la mucha menor carga de minutos de sus estrellas y la temporada de Jamal Murray, que descargaba a Jokic de responsabilidad en ataque. ç

Dos estados de ánimo eufóricos, pero solo uno saldría triunfante y sería Denver, 4-1 y para casa con el trabajo hecho en unas series más sencillas de lo que todos esperábamos. 

Me alegro por Denver, un equipo con el que simpatizo desde los tiempos de Dan Issel y David Thompson, justo cuando desembarcaron en la NBA procedentes de la alegre ABA. Luego vinieron los dulces años ochenta con el elegante Alex English y Fat Lever y las chaquetas de cuadros de Doug Moe como bandera de un baloncesto alegre en el que la premisa era anotar un punto más que el rival. Recuerdos de Mutombo en el suelo abrazando el balón después de eliminar a Seattle en uno de esos milagros del octavo clasificado. Y luego, las elecciones acertadas en el draft, sobre todo Jokic en el puesto 41 y Michael Porter Jr. en el 15 cuando había dudas de que pudiera volver a jugar. Dos apuestas arriesgadas que salieron bien. 

Denver se convierte en uno de los equipos que han sido alguna vez campeones de la NBA y lo han hecho en sus primeras Finales, siguiendo la estela de los San Antonio Spurs en unas Finales que tienen muchos paralelismos entre las dos: ambos equipos venían de la ABA, para los dos eran las primeras finales de Líga y se enfrentaban al octavo clasificado de la Conferencia Este. Hasta el resultado, 4-1, ha sido el mismo. 

 

¡Jugón!
 

Las próximas temporadas dirán si estamos ante una dinastía, entendiendo como tal aquellos equipos capaces de ganar varias veces en un período de cuatro o cinco años. Tengo dudas, porque en la Conferencia Oeste están habiendo movimientos interesantes que veremos cómo dejan el escalafón, pero también porque, sobre el papel, los equipos favoritos del Este tienen armas más que suficientes para ganar las Finales (aunque también habrá que ver cómo encajan los Celtics la baja de Smart y el ingreso de Porzingis, y cómo van a mejorar los Bucks su equipo, que se ha demostrado corto en los últimos dos años). Pero se han convertido en un ejemplo para esas franquicias que buscan construir desde el draft y que huyen del dispendio y de la unión de estrellas que, muchas más veces que las que pensamos, no aseguran el título.

Comienza también el debate de si Jokic es ya el mejor jugador europeo de siempre. Creo que está cerca, pero que todavía no se puede decir eso. Para mí, todavía Dirk Nowitzki está por encima, aunque por muy poquito. Y si ampliamos el marco para incluir baloncesto NBA y baloncesto FIBA, no solo Nowitkzki sino Pau Gasol y Toni Parker le pueden discutir algo. Es muy probable que en dos o tres años me tenga que comer mis palabras, no obstante, porque el tipo me cae bien. Es esa clase de jugador que tiene claro que la vida no gira alrededor del baloncesto y que, pase lo que pase hoy, mañana seguirá saliendo el sol. Un tipo que tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta y lo sabe, pero que no deja que la espiral le atrape. Un tipo con una personalidad diferente y fresca. A lo mejor Doncic tiene algo que aprender aquí.

Me gusta este campeón y le deseo que se mantengan competitivos en el Oeste. No puedo desearles más, porque sueño con que los Celtics cuelguen de una vez la 18ª bandera en el techo del Garden, por lo menos.