13 de marzo de 2017

Dreissig Tausend Punkte

Aqui va una lista de nombres míticos: Kareem Abdul - Jabbar, Karl Malone, Kobe Bryant, Michael Jordan, Wilt Chamberlain. 

¿Qué tienen en común, además de ser altos, negros y jugar al baloncesto? 

Pues que todos ellos han anotado más de 30.000 puntos en la NBA. Se dice pronto. Hay que tirar muchas veces a canasta, y fallar mucho (sobre todo tú, Kobe), para llegar a esa cifra. Se podría además añadir otro nombre mítico, el Dr. J, si sumáramos los puntos anotados en la loca ABA. 



Para ponerlo en perspectiva, un grande como Shaquille O´Neal se quedó corto por más de mil puntos, Moses Malone por más de dos mil, Olajuwon por más de tres mil y Jerry West por casi cinco mil. En medio, mitos del calibre de Dominique Wilkins, Alex English, John Havlicek, Elvin Hayes, Paul Pierce o Kevin Garnett.

A los cinco mitos originales más Erving, se ha unido hace unos días un espigado teutón con un evidente mal gusto por lo capilar en los inicios de su carrera, Dirk Nowitzki, y el azar ha querido que fuera en el pabellón de los Dallas Mavericks, la única franquicia para la que ha jugado durante toda su carrera y con el calor del público que le ha idolatrado durante todo este tiempo.

Elegido por el visionario Don Nelson en el mismo draft que un tal Steve Nash sin siquiera haber jugado un partido en la Bundesliga de Alemania, nadie podría pensar lo lejos que ha llegado. Una vez MVP de la Liga y una vez campeón, el logro de Dirk es el de la constancia. Cerca de los 1.400 partidos jugados y 50.000 minutos, vale que su media no se acerca a la de los mejores (aún así, anotar cerca de 22 PPP a lo largo de casi dos décadas no está al alcance de cualquiera). 



Además de su impresionante trayectoria al otro lado del Atlántico, seguramente Dirk Nowitzki se disputa el trono de jugador FIBA más determinante de los últimos decenios con Pau Gasol y Toni Parker, cargando sobre sus hombros el peso de una mediocre selección alemana que dio un par de disgustos a nuestros chicos de oro (en los cuartos de final del Mundobasket de Indianápolis en 2002 y en las semifinales del Eurobasket de Belgrado en 2005).

Me alegro por él y por este deporte que tanto me gusta. 

¡Robin Hood!

22 de noviembre de 2016

¿Y si Portland no se equivocó?

Hoy estoy transgresor. 

El draft de 1984 se recuerda por ser histórico. Uno de los mejores: Sam Perkins (4), Charles Barkley (5), Alvin Robertson (7), Otis Thorpe (8), Kevin Willis (11), Michael Cage (14), John Stockton (16)...

¿Y más arriba? 

En aquella época la primera elección se jugaba a cara o cruz entre los dos peores equipos, siendo esta la última ocasión en que se haría de esta manera antes de instaurarse la lotería del draft. 

La posibilidad de elegir al mejor universitario del año se la jugaban los Houston Rockets y los Portland Trail Blazers. La suerte estuvo del lado de los tejanos que no dudaron en hacerse con una apuesta segura, el pivot de la universidad de Houston, Akeem Olajuwon (que posteriormente cambiaría oficialmente su nombre por Hakeem). Nacido en Nigeria, llevó tres veces a su universidad a la Final Four de la NCAA, aunque no pudo hacerse con el título. Los Rockets consiguieron su sueño de unirlo a Ralph Sampson (primera elección el año anterior) y formar las Torres Gemelas. Hakeem sería una vez mejor jugador de la NBA y dos veces campeón. 

Durante años, mi jugador favorito. The Dream


Los Blazers se encontraban en una encrucijada, que salvaron decidiendo fichar a Sam Bowie, pivot de 216 cm de la universidad de Kentucky con un historial de lesiones que parecía haber superado al jugar una decente última temporada allá. 

La tercera elección, de los Chicago Bulls, fue.... His Airness, Michael Jordan. 

Mucho se ha dicho y escrito de estas tres primeras elecciones. A grandes rasgos se dice que Portland no debión elegir a Bowie, sino a Jordan. A toro pasado, evidentemente sería de tontos discutir algo así. No hay color entre lo conseguido por uno u otro (seis títulos y otros tantos MVP de Jordan, mejor media anotadora de la historia e icono mundial). Pero.... ¿fue una tontería la elección de Portland?

La alternativa


Seamos sinceros. En aquella época, en la que un tipo de 216 cm de alto era muchas veces la diferencia entre ser un aspirante o un equipo del montón, hubiera sido una locura haber dejado pasar a Bowie. Si añadimos que el año anterior habían elegido a Clyde Drexler (lo más parecido a Jordan por aquel entonces), tenemos una película totalmente distinta a la que luego vimos. Si además repasamos esa primera temporada de Sam Bowie, veremos que consiguió jugar 76 de los 82 partidos de la temporada e hizo partidos más que decentes (tope de 26 puntos, 20 rebotes -dos veces- y 8 tapones, un partido de 20-20 ante los Lakers...)

El tercer hombre, un tal Jordan.


Lamentablemente la cosa no continuó bien y la historia acabó como acabó, pero ha habido muchas elecciones basatante peores (Greg Oden, Andrea Bargnani, Kwame Brown, Pervis Ellison...)

11 de noviembre de 2016

25 años sin Magic

Hace unos días se cumplieron veinticinco años de la rueda de prensa de Magic Johnson en la que anunciaba que era seropositivo. 

Fue un anuncio demoledor. En aquella época, todos los relacionados con el SIDA acababan falleciendo, antes o después, totalmente demacrados y habiendo sufrido por la larga lucha contra la enfermedad. No hay más que recordar los últimos días de Rock Hudson o de Freddie Mercury. 

El AZT era el único fármaco disponible que parecía evitar el avance demoledor de la enfermedad, a costa de castigar el cuerpo como si se tratara de quimioterapia o radioterapia. 

Magic, en su plenitud, con sus inconfundibles rodilleras

En resumen, la noticia fue un golpe total y absoluto. Un antes y un después, porque hasta entonces yo había crecido con la rivalidad por antonomasia de la NBA. Un Lakers-Celtics era mucho más que un partido, y aunque llegué algo tarde para disfrutarlos en su plenitud, las ocasiones en que Ramón Trecet narraba una de estas batallas sobre parqué eran muy especiales. 

El deslumbrante Showtime de los Lakers contra el trabajo sordo de los Celtics. El chico negro de la sonrisa deslumbrante contra el blancucho rubio de mirada torva. Los dos en pos de un mismo objetivo, el reconocimiento como mejor jugador del mundo materializado en un anillo de campeón. 

Mis simpatías siempre estuvieron con el blancucho, pero tengo que reconocer que la sonrisa de aquel base de más de dos metros e imponente corpachón tenía su aquél. Y cuando le veías galopar al contraataque, flanqueado por Worthy o Scott, y pegaba esos latigazos al balón, pases picados y demás, el baloncesto era muy bonito. 

El cambio físico, más que evidente

 Más de dos décadas después, Magic Johnson continúa vivo y su sonrisa intacta. Después de su retirada, un All-Star de ensueño y unos JJOO todavía más alucinantes, intentó volver para toparse de lleno con la intolerancia de otros (Karl Malone, te miro a ti). A pesar de eso volvió, ya en 1996, reconvertido en ala-pivot, con 36 años y muchos kilos de más, promediando estadísticas más que decentes para su edad. 

Aún hoy es un icono del mundo del deporte en particular y de la sociedad en general. Ejemplo vivo de aquellos maravillosos ochenta, pero además comprometido con diversas causas sociales. Para siempre nos quedará su ética de trabajo, su competitividad y su respeto por el rival. Porque en estos días en los que las estrellas NBA son gran parte muestra de soberbia y ego, Magic no tuvo malos gestos para el rival, sino que su mera superioridad era suficiente para hablar sobre la cancha. 

Aquellos tiempos fueron, sin duda, mejores.

La imagen de una época


30 de octubre de 2016

Una vida con la Selección: JJOO Sidney ´00

Hace demasiado tiempo que tengo abandonada esta sección de 24 segundos, así que hoy vamos a ponerle remedio, llegando al último evento baloncestístico internacional del siglo XX: los Juegos Olímpicos celebrados en Sidney (Australia). 

La Selección se había clasificado por la puerta grande, gracias al subcampeonato de Europa obtenido en Francia en 1999, a pesar de haber tenido un pie en casa al final de la primera fase. Así que nuestros doce muchachotes se fueron a la otra esquina del mundo para competir con otras once selecciones. Aunque estaba descartada la medalla, el objetivo era entrar en el cruce de cuartos de final, tratando de evitar además a Estados Unidos, que seguía siendo el coco del baloncesto mundial (aunque cada vez menos). Veremos que conseguimos cumplir una de estas dos premisas.

Las doce selecciones participantes se encuadraron, como es habitual en los Juegos, en dos grupos de seis equipos cada uno. 

El grupo A (China, EEUU, Francia, Lituania, Italia y Nueva Zelanda) no tuvo demasiado color. Los estadounidenses dominaron a plazer (+29,2 puntos de diferencia media), con una paliza de 72-119 a China para abrir boca, otra de 93-61 a la campeona de Europa, Italia, para asustar, y una tercera a los kiwis 56-102. Pero solo consiguieron un +9 con Lituania y un +8 con Francia. 

Los transalpinos hicieron valer su pírrico 50-48 ante Lituania en la primera jornada para ser segundos, dejándose ir en el último partido frente a China y condenando a los bálticos al tercer puesto. El cuarto fue para Francia, que completaba los clasificados de este grupo.

España compitió en el grupo B con Canadá, Rusia, Australia, Angola y Yugoslavia, un grupo muy complicado.

El primer día se venció a los africanos por un cómodo 64-45, aunque se percibió cierta falta de fluidez en el juego. El juego interior de Alfonso Reyes (12+15) y Dueñas (13+7) fue suficiente, con alguna aportación puntual de otros jugadores como el inmaculado 3/3 de Navarro en 8 minutos de juego.

Serían los rusos los que nos despertarían de una bofetada (63-71, con diez abajo al descanso). Solo Herreros superó la decena de puntos (13, pero 33% en el tiro) y Navarro y Raúl López se combinaron para 17 puntos totales. Pero Chikalkin parecía un jugador NBA...

¿Te acuerdas de la defensa de los españoles en Sidney? Parecías bueno y todo.


La Canadá de Steve Nash nos esperaba ahora y no dio opción (77-91, -19 al descanso) en otro partido gris de Herreros (10 puntos). A pesar de los esfuerzos de Rodrigo de la Fuente (13+6+3) y Rogers (15+5 en 30 minutos), España no dio sensación nunca de poder ganar.  

El trámite ante Yugoslavia (derrota por 65-78) hacía que nos lo jugáramos todo ante el anfitrión. Pasó lo que tenía que pasar: confirmando la fragilidad de toda la competición, se desperdició un 40-36 al descanso para caer finalmente 80-91. Herreros sí dió la talla (24) y fue bien acompañado por Rogers, Carlos Jiménez y el boquerón Rodríguez, pero fue demasiado poco para clasificarnos. 

Steve Nash llevó a Canadá al primer puesto del grupo, arrebatándoselo a los plavi en el último partido (¿jugaron realmente par ganar o se dejaron llevar y eligieron rival?). Los otros clasificados fueron Australia y Rusia, también empatados. 

En los cruces saltaron varias sorpresas. Solo EEUU hizo valer su favoritismo ante Rusia (85-70), pero Lituania se vengó de Yugoslavia (76-63, fracaso plavi), Australia venció a la rácana Italia (62-65) y Francia a Canadá (63-68). No obstante, la sorpresa más grande no saltó por un triple fallado de Jasikevicius, pues Lituania tuvo contra las cuerdas a los USA Boys y el tiro para ganar. Seria uno de los pocos que el letal Jasikevicius fallaría durante su brillante carrera. 

En la final, EEUU no daría opción a una voluntariosa Francia (85-75), aunque la final sería recordada sobre todo por el estratoférico mate de Vince Carter sobre Frederic Weiss (2,18). 


Esto es falta en ataque, hombre ya.


En resumen, la competición fue bastante pobre, destancando el fracaso de Yugoslavia, que había formado un equipazo con gente como Stojakovic, Bodiroga, Sasa Obradovic, Rebraca, Rakocevic, Scepanovic, Tomasevic, Danilovic, Tarlac o Drobnjak. El sexto puesto final fue una humillación de la que se resarcieron en años venideros. 

La nueva versión del Dream Team fue aún menos dream e incluso menos team que la precedente. Demasiado gangsta y hiphopera, con estrellas NBA de medio pelo: Carter, Ray Allen, Vin Baker, Mourning, Allan Houston, Payton, Garnett, Abdur-Rahim, Tim Hardaway, Jason Kidd, Steve Smith y Antonio McDyess. Cumplieron el objetivo, pero sin deslumbrar y mostrando una falta de respeto a los rivales rayando en la soberbia. 

La actuación de nuestros chicos fue decepcionante. Noveno puesto final, sin dar nunca la sensación de poder competir con las selecciones punteras. Un continuo quiero y no puedo de un equipo sin líder, dentro y fuera de la cancha. Ni Herreros ni Lolo Sáinz pudieron reconducir una situación que, si bien era difícil, requería esfuerzo para no dilapidar la imagen de equipo mentalmente duro forjada durante los dos años anteriores. El experimento Rogers no salió como se esperaba y la valentía de convocar a López y Navarro tampoco funcionó, diluyéndose los dos a medida que avanzaba el campeonato. 

Unos porcentajes de tiro deplorables y la debilidad en el rebote fueron decisivos para no poder ir más adelante.

Nuestros doce fueron: Angulo, De la Fuente, De Miguel,  Dueñas, Garbajosa, Herreros, Jiménez, López, Navarro, Alfonso Reyes, Nacho Rodríguez y Rogers. Lolo Sainz abandonó el equipo después de este campeonato, dejándolo en manos de Javier Imbroda. 

Y entonces dije ¿Con quién ha empatado ese Gasol? Vamos a llevarnos a Johnny,
que es el futuro de nuestro baloncesto.


No obstante, la oportunidad perdida de Sidney fue la última antes de un ciclo triunfal que todavía hoy está dando los últimos coletazos.

15 de septiembre de 2016

Lluvia de millones

Allen Crabbe (Portland): 18,5 
Tristan Thopnson (Cleveland): 15,3
John Leuer (Detroit): 10,0
Austin Rivers (Clippers): 11,0
Pau Gasol (Spurs): 15,5
Manu Ginobili (Spurs): 14,0
Tim Duncan (Spurs): 5,5
Mike Conley (Memphis): 26,5
Chandler Parsons (Memphis): 22,1
Dirk Nowitki (Mavs): 25,0
Bismack Biyombo (Magic): 17,0
Evan Fournier (Magic): 17,0
Miles Plumlee (Bucks): 12,4
Ian Mahinmi (Wizards): 16,0
Hassan Witheside (Miami): 22,1
Derrick Rose (Knicks): 21,3
Nico Batum (Hornets): 20,9
Dwight Howard (Hawks): 23,5
Dwayne Wade (Bulls): 23,2
Rajon Rondo (Bulls): 14,0
Robin Lopez (Buls): 13,2
Al Horford (Celtics): 26,5
Timofey Mozgov (Lakers): 16,0
Jose Calderón (Lakers): 7,7
Ryan Anderson (Rockets): 18,7
Ricky Rubio (Minessotta): 13,4
Kevin Garnett (Minesotta): 8,0

Una lista interesante, compuesta principalmente por jugadores de medio pelo que ni siquiera han sido All-Stars, y veteranos venidos a menos que ya han visto pasar sus días de gloria. La cifra a la derecha corresponde a su salario de este año, en millones de dólares. 

¿Casi 30 millones y quieres que no me ría?

Llama la atención que Tim Duncan, ya retirado, se embolse este año más de cinco quilos. O que otro que está casi retirado como Garnett, se lleve ocho. O las bromas de Mozgov, Conley, Biyombo o Witheside. Comprensibles desde el punto de vista sentimental los casos de Ginobili o Nowitzki. Para hacérselo mirar en cualquier caso, aunque haya caído una lluvia de millones por los derechos televisivos. Y eso cuando hay otros jugadores mucho más válidos que se llevan una cantidad muchísimo menor que estos individuos...

Así se van los jugadores europeos para allá. No jugarán, pero se lo llevarán tieso.