Pues sí, es lo que toca con lo que está haciendo Sergio Rodríguez en el último año. Justo desde que empezaron los play-offs de la temporada pasada en la ACB, pasando por toda esta temporada y llegando a su momento más alto en el último mes.
Quién te ha visto...
Pocas veces he visto a un jugador dominar el juego como lo está haciendo él, cambiar un partido y dar la sensación de que todo lo que puede hacer todo lo que quiera. Lo vimos en muchos partidos esta temporada, pero me quedo con la semifinal de la Euroliga y con el primer partido de los play-offs frente al Blu:Sens. De traca.
Elegido en el mejor quinteto de la Liga Endesa, debería haber sido elegido el mejor jugador de la liga si no fuera porque Mirotic tiene mucho más hype (como dicen más allá del charco) y fue elegido finalmente por encima de Sergio, a pesar de haber dado destellos de su calidad más que a cuentagotas.
Y lo del Chacho sería más escandaloso si Pablo Laso (elegido merecidamente mejor entrenador de la Liga Endesa) tuviera un poco más de valentía y le hiciera jugar treinta minutos por partido. Porque está visto que Pablo tiene un guión escrito y no sale de él casi nunca: cuartos impares para Llull, cuartos pares para Sergio (+ Llull).
Pero no hay color. Hoy en día, Rodriguez tiene mejor manejo del balón, del tempo, mejor tiro, mejor lectura, mejor... Llull tiene más hype, físico y poco más. Porque si hablamos de cabeza, entonces apaga y vámonos.
Digo que me como mis palabras porque cuando el chico volvió de Portland al Madrid, pensé que nos habían colado un gol y que lo único que iba a ganar el Madrid era un agujero en la cartera. Y así fue durante la estancia de Messina-Molin y casi toda la temporada pasada con Laso.
... y quién te ve
Si yo fuera seleccionador español, tendría claro con qué director de juego me iba a jugar las habichuelas en Eslovenia. Y no iba a ser Calderón (agradeciendo los servicios prestados, sus minutos en cancha deben tender a disminuir) ni Ricky Rubio (al que no veo para jugarte los minutos decisivos de un campeonato en el baloncesto FIBA si no mente sus tiros con regularidad).
El primer cuarto del Real Madrid en la final de la Euroliga fue simplemente impactante, impresionante. Olympiacos, al borde del KO, bastante tenía con soportar el vendaval que se le venía encima. Un arranque espectacular para el partido más esperado.
Y hasta allí llegamos.
El segundo cuarto comenzó de una forma totalmente distinta, con los rojiblancos repartiendo estopa con el beneplácito arbitral y los nuestros mirándose como no entendiendo nada de lo que estaba pasando. El marcador en ese cuarto fue 14-27, pero pudo ser mucho peor.
Fuente: ACB
Los cuatro puntos de ventaja mantenidos no eran suficientes y ya ví que este año no iba a ser... Porque al final del tercer cuarto nos habían empatado el partido (parcial de 20-24) y en el último nos acabaron arrollando (27-39).
Resultado final: 88-100.
Impresionante. Hubiera sido una final esplendorosa, para el recuerdo, si hubiera ganado el Madrid. O si hubieran jugado otros equipos con los que no tuviera ningún lazo afectivo. Pero jugaba el Madrid, una final europea después de 18 años de sequia. Y la final se convirtió en pesadilla.
Fuente: ACB
¿Por qué?
Varios factores. El primero, la FE competitiva de los griegos y del tremendo Spanoulis (vaya triple que se cascó a 9-10 metros, cuadrado y sin perder la estética del tirador). El segundo, que los nuestros se perdieron en protestas arbitrales en lugar de subir el tono defensivo como hicieron ellos. Estaba visto cuál era el listón arbitral, así que había que adaptarse a morir... y no nos adaptamos.
En directo parecía una escabechina, pero según fueron pasando los días y vi algunos videos y opiniones en internet me di cuenta que lo que hicieron fue mucho más que repartir leña a diestro y siniestro. Fue una defensa de libro... A pesar de lo cual metimos 88 puntos en el partido. Lo que pasa es que nos metieron 100 y, quieras que no, no son números para una final continental.
Fuente: ACB
Decepciones: Mirotic, que no dio la talla como casi siempre y parece un poco bluff (Ibaka tiene pan comido ir al Europeo); Llull, mala defensa, peor dirección y pésima selección, como casi siempr en finales apretados; Carroll, desconocido; Rudy, poses y poco más, funciona mejor con el viento a favor, bastante peor cuando toca remar; Suárez, que lleva mucho tiempo perdido y no sé si es recuperable.
Reafirmaciones: el chacho Rodriguez, que está espectacular y merece la titularidad de la Selección, por mucho Calderón o Ricky; Felipón, a lo suyo, cumplidor; Slaughter, una fiera defensiva que espero se mantenga en el equipo; Tomic... vale, este no es del Madrid, pero ¡qué gran error haberlo perdido!
Poco más que añadir: Laso es un buen entrenador, le ha podido la novatez (demasiado rígido en las rotaciones y las soluciones); el Madrid necesita un pivot determinante para dar espacios al tremendo arsenal exterior; con algún retoque (¿recuperar a Dani Díez?), el equipo tiene recorrido para mantenerse en la élite nacional y continental.
Por cierto, Messina, vete para Atlanta y déjanos un poco tranquilos. Estrellaste vilmente el Ferrari que conduces.
En el otro lado del charco, ya tenemos finales de conferencia:
Miami - Indiana (4-2, diría yo)
Spurs - Memphis (4-3, aunque no sé todavía para quién, me inclino un poco más por San Antonio)
Dieciocho años después llega el Madrid a la final de la máxima competición continental, la que otrora dominara junto con clásicos como Varese, Maccabi, Cibona o TSKA.
Dieciocho años desde el último título, más de treinta desde el anterior. Entre medias... el desierto. Una final perdida contra Petrovic en 1985, una final a cuatro en 1996 y otra en 2011. Si no me falla la memoria, ya está.
Demasiado poco para un equipo como el Madrid.
Pero hoy estamos ilusionados con la posibilidad de ganar la Novena. Un equipo apañado, comprometido, bien dirigido (la mayor parte de las veces)... pero no un equipo perfecto.
Enfrente, un equipo que tiene fe a toneladas y no está exento de calidad, con Spanoulis como referente. La mejor defensa de la competición contra el mejor ataque...
Crucemos los dedos.
Los pronósticos del otro día se fueron al garete. Olimpiacos crujió al CSKA, así que pringo ganador y MVP. El Madrid ganó, pero con menor diferencia de la esperada.
Vamos a repasar un poco las cosas que han ido pasando estos días, y las que van a pasar...
Decíamos que los Lakers se clasificaron para los playoffs, pero como era de prever, duró poco la cosa. Bastante menos de lo que yo decía, porque los Spurs los barrieron con un tremendo 4-0.
Otro fallo, pensé que Denver se clasificaría y la cagó contra Golden State. De poco sirve ganar 57 partidos en el año si luego llegan unos mermados Warriors y te meten 4-2. Fracaso.
Acerté plenamente el 4-2 de Oklahoma a Houston. Parecía que iba a haber una barrida, pero la lesión de Westbrook se está notando demasiado. Veremos.
Luego, los Grizzlies hicieron bueno mi pronóstico de 4-2 ante los Clippers. Otro fracaso y la demostración de que Blake Griffin no es una superestrella, ni mucho menos. Malos vientos en Los Ángeles, amigos...
En la costa atlántica, Miami confirmó que los Bucks eran una comparsa (4-0 correctamente pronosticado). Indiana ganó a Atlanta (yo fui tan errado que pensé que jugarían contra Chicago) y los Bulls se deshicieron de Brooklyn en el séptimo. Otro fracaso para los Nets.
Mal que me pese, mis adorados Celtics no pudieron pasar del 4-2 frente a los Knicks. El orgullo hizo mantener las esperanzas, pero la cruda realidad nos alcanzó. Se especula con que hemos visto el último partido de Pierce y de Garnett en Boston. Espero sinceramente que si es así sea porque se retiran y no porque los traspasen. No lo entendería en una franquicia como Boston, que adora a sus ídolos hasta más allá de lo razonable.
El balance no ha sido malo: he clavado tres de ocho, y en otro acerté el ganador.
La siguiente fase la veo como sigue (a día de hoy las cuatro series van igualadas, 1-1; se prevé que va para largo).
San Antonio 4 - Golden State 3
Oklahoma 4 - Memphis 3
Miami 4 - Chicago 2
Indiana 4 - Knicks 3
Al otro lado del charco, este fin de semana se juega la Final a Cuatro de la Euroliga. El Clásico garantiza un representante español en la final. Habrá adrenalina y resultados ajustados.
El Madrid vuelve dos años después con un equipo mucho más hecho y es favorito ante un Barcelona un poco perdido en las últimas semanas, aunque sigue estando Navarro. CSKA es el favorito para todo, pero antes tendrá que ganar a Olimpiacos, que el año pasado ganó contra toda lógica...
Llevamos esperando muchos años...
Pronósticos:
CSKA - Olimpiacos => +8 para los rusos
Real Madrid - FC Barcelona => +12 para los blancos
Proseguimos con esta serie Una vida con la Selección, después de que el Eurobasket ´85 convirtiera en una frustración lo que bien pudiera haber sido una nueva final disputada. La tercera en tres años. Un éxito sin precedentes... Pero no pudo ser.
Al año siguiente, entre el 5 y el 20 de julio de 1986, se celebraría en España el Mundobasket. Como todo lo relacionado por aquel entonces en el baloncesto de nuestro país, el Campeonato sería faraónico: 24 selecciones participantes (el mayor número hasta entonces) y siete sedes.
La competición se dividía en una primera fase, con cuatro grupos de seis selecciones cada uno. En la fase intermedia, las tres primeras de un grupo se unirían con otras tres de otro de los grupos para jugar entre sí, arrastrándose los resultados de la primera fase. Las dos primeras selecciones de estos dos grupos se clasificarían directamente para las semifinales.
¿Complicado? No olvidemos que eran tiempos de los grupos Par e Impar de la ACB, con aquellas interminables temporadas antes de los play-offs...
El grupo D disputó sus partidos en Tenerife. Fue dominado por los plavi,
que con una diferencia media de 30 puntos se deshicieron sucesivamente
de neozelandeses (+37), holandeses (+21), argentinos (+19), canadienses (+3) y malayos (+70). Estos serían los pupas del
grupo, sufriendo sucesivas palizas a añadir a la anterior: Canadá
(-90), Argentina (-20), Holanda (-45) y Nueva Zelanda (-2) pasaron por
encima. La cosa es que cuatro selecciones partían sobre el papel con dos
partidos ganados, y con Yugoslavia y Canadá bastante por encima del
resto, el partido Argentina - Holanda decidió que los sudamericanos se
clasificaran.
Málaga sería la sede del grupo C, con los Estados Unidos, Italia, China, Puerto Rico, Alemania y Costa de Marfil. Las dos primeras plazas fueron para norteamericanos y transalpinos, ambos con solvencia (los USA boys derrotaron a sus rivales por una diferencia media de 19,6 puntos) a pesar del ajustado partido de los primeros contra los puertorriqueños (por aquello de la rivalidad, supongo....). Descartada Costa de Marfil, la tercera plaza vio un triple empate entre chinos, alemanes y boricuas, resuelto a favor de los primeros. Puerto Rico perdió una plaza que parecía suya en un agónico partido contra los alemanes, saldado con derrota (81-80).
El grupo B, con sede en Ferrol, se cruzaría con el grupo de España. Un grupo con un dominador claro, la Unión Soviética (ganando todos los partidos por una diferencia media de +39,2), una comparsa definida en Angola y cuatro equipos igualados (Israel, Cuba, Australia y Uruguay). Los judíos ganaron su plaza en un último partido ganado a Cuba, lo que envió a estos a un triple empate con Australia y Uruguay, que también los clasificó. Curioso que ese resultado clasificaba a los dos equipos, mientras que la victoria de Cuba hubiera clasificado a antillanos y australianos... mmmm
España jugó sus partidos en Zaragoza, por aquel entonces hogar del CAI Zaragoza, uno de los grandes del baloncesto nacional y el mejor pabellón fuera de Madrid o Cataluña. La ilusión estaba por las nubes, pues el jugar en casa presuponía un plus suficiente para que el Equipo Nacional lograra un resultado acorde con su potencial. Era además el último campeonato internacional que Fernando Martín jugaría con la Selección, al incorporarse a Portland tras el verano (de hecho retrasó un año su aventura americana, por la presión popular y, supongo, federativa, para poder jugar el Mundobasket).
El sorteo había sido benigno con nosotros: Brasil, Grecia, Francia, Panamá y Corea del Sur. La clasificación para la siguiente fase estaba garantizada, marcándose en rojo el partido contra Brasil como EL PARTIDO que había que ganar (nadie pensaba que España perdiera con alguno de los otros rivales). Las cosas pronto se demostrarían más difíciles de lo que se pensaba.
Francia puso las cosas difíciles el primer día, antes de claudicar 84-80. El entrenamiento ante Corea (120-73) fue el preludio del agónico partido ante Grecia (87-86) un rival que se había dado tradicionalmente mal a la Selección (y peor que se iba a dar en el futuro). Panamá sirvió como calentamiento antes de EL PARTIDO (125-70).
Por su parte Brasil lo pasó peor: +30 ante la débil Corea; prórroga ante Panamá (+3); derrota sorprendente ante Francia (-8) y victoria solvente ante Grecia (+20).
Llegó entonces EL PARTIDO. Y todo se derrumbó como un castillo de naipes, porque nuestros jugadores no pudieron hacer nada ante los Maury, Marcel, Oscar, Gerson e Israel. Caras desencajadas, gestos histriónicos de Diaz - Miguel y un resultado (72-86) que condenaba a la Selección al FRACASO en su campeonato. Sí, quedaban todavía muchos partidos, pero nadie confiaba... Ni siquera yo, por aquel entonces...
Gerson Victalino, hoy
Oscar, eterno
La cosa quedó así:
En el Grupo F (Oviedo): EEUU, Yugoslavia, Italia, Canadá, Argentina y China.
Para empezar, una sorpresa, porque Argentina derrotó a Estados Unidos (74-70) y poca cosa más hasta el último día. Se enfrentaban Yugoslavia (que había ido derrotando a todo el que se ponía por delante) y los USA Boys. Quien ganara, tendría el premio de evitar a los soviéticos en semifinales. Y Oviedo vio entonces cómo un canijo de apenas 1,60 m de alto anulaba a la estrella plavi, el soberbio (en todos los sentidos) Drazen Petrovic. Yugoslavia se diluyó como un azucarillo y terminó derrotada 60-69.
Bogues, con Dios
España jugaría en Barcelona, en el grupo E. La machada para clasificarse a semifinales consistía en ganar a la Unión Soviética en la segunda jornada, tras aplastar a Israel por 94-65. No pudo ser, a pesar de mantener el marcador ajustado hasta el final (83-88). El último partido ante Cuba no servía para nada y se demostró en el resultado (78-77). Se había consumado el desastre. España quedaba fuera de semifinales en SU campeonato.
Tras vencer a Canadá, que había ido claramente de más a menos en el campeonato, por 100 a 80, se enfrentó a Italia por el 5º puesto final de la clasificación, ganando con gran claridad (87-69) en el que iba a ser el último partido del Lagarto De la Cruz con la elástica nacional.
La primera semifinal no tuvo historia, con los norteamericanos derrotando a los brasileños por 96-80. En cambio, la segunda nos traería algunos de los momentos míticos de este nuestro deporte. A falta de un minuto para acabar, los plavi vencían por 85 a 76 a los soviéticos. Un triple a tabla de Sabonis, seguido por otro de Tikhonenko tras robo de balón, ponía el marcador 85-82 con 41 segundos por jugar. Sucesión de faltas hasta que el pipiolo de Divac, con apenas 17 años, comete dobles (quizá también ayudado por alguna falta...). En el ataque siguiente, triple de Valters para enviar el partido a la prórroga. Con el subidón, los soviéticos ganaron 91-90 y se plantaron en la final. Recuerdo ver este partido en el salón de mi amigo Carlos y disfrutar como un enano, porque por aquel entonces yo odiaba a Petrovic...
La final fue también épica, con un Sabonis en su plenitud física y veintiún años recién cumplidos, pasando por encima de un no menos joven Robinson. Pero finalmente fueron los norteamericanos quienes se impusieron 87-85.
El equipo campeón contaba con viejos conocidos NBA como Muggsy Bogues, Steve Kerr, Kenny Smith, Sean Elliot, Derrick McKey, Ronny Seikaly, Brian Shaw, Armen Gilliam, Charles Smith y El Almirante, David Robinson. Tommy Amaker se retiraría un año después y comenzaría una carrera como entrenador universitario que dura hasta hoy. Un equipo bastante apañado pero que no dio demasiadas muestras de su potencial.
El plantel soviético estaba lleno de clásicos: Valters, Volkov, Tkachenko, Sokk, Belostenny, Kurtinaitis, Homicius, Tarakanov o Tikhonenko. Pero sobre todos reinaría el imperial Sabonis.
Entre los plavi, en plena renovación, veríamos a Alexander Petrovi, Dalipagic, Divac, Vrankovic, Radovanovic, Cutura o Cvjeticanin. Con el gran Drazen y alguno más que se sumaría, pronto dominarían el Mundo.
Entre los nuestros, desangelados, Solozábal, Creus, Costa, Epi, Margall, Villacampa, Arcega, Jiménez, Sibilio, Martín, Romay y De la Cruz.
El quinteto ideal del torneo: Petrovic, Oscar, Robinson, Sabonis y Tikhonenko.
El resultado de nuestra Selección vino a remarcar el declive en resultados y en juego, alejados ya del bienio mágico 1982 - 1984, que fue el techo del Equipo Nacional. Lo peor es que esto no haría sino acentuarse en los años siguientes, hasta tocar fondo. Pero la agonía iba a ser larga.